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Dos grandes preguntas sobrevuelan Lorca: Las horas perdidas, el documental dirigido por Nahúm Varas Mazagatos que RTVE estrenará próximamente con motivo del 90.º aniversario del asesinato del poeta. ¿Por qué mataron a Federico? Nadie duda de que la influencia de un intelectual tan brillante entre los sectores de izquierda era un obstáculo para quienes, en 1936, pretendían derrocar la II República, aunque también parece evidente que las rencillas familiares fueron un motivo de peso.

El escritor Benjamín Prado, uno de los testimonios recogidos en la película, sintetiza con genuina elocuencia los argumentos de los asesinos para acabar con su vida: "Era todo lo que no eran ellos. Inteligente, culto, sensible...".

La otra pregunta sería: ¿Dónde está Lorca, 90 años después de su muerte? Pero para esa aún no tenemos respuesta.

Lorca: Las horas perdidas, realizada por El Rugido –la productora audiovisual creada en el seno de EL ESPAÑOL–, reconstruye el último mes de vida del poeta, desde que regresa de Madrid, pocos días antes de la sublevación militar, a su querida Granada, la ciudad que lo vio nacer y donde viven sus padres. Pronto descubre que no ha sido una buena idea, pero "sabe que si se va, hubieran ido a por su padre", según asegura Ian Gibson, su principal biógrafo.

Ya se sabe que la guerra civil fue, además de una confrontación de ideas políticas, un ajuste de cuentas entre ciudadanos. Así se explica que Ramón Ruiz Alonso, un camisa vieja enfrentado en el 36 a los falangistas de nuevo cuño, fuera capaz de presentarse en casa de los Rosales, una influyente familia de la ciudad que comulgaba con el yugo y las flechas, donde se escondía el poeta desde hacía seis días.

Lorca había pasado las semanas anteriores en la Huerta de San Vicente junto a sus padres, tratando de abstraerse del ruido sobre las teclas de su piano, pero una visita le hace tomar conciencia del peligro que corre. Y es que los hermanos Roldán y José Benavides (figura que inspira el personaje de Pepe 'El Romano' en La casa de Bernarda Alba), históricos rivales de la familia Lorca, acudieron en busca de los caseros de la finca, pero de paso agreden al poeta con un culatazo de fusil que resultaría premonitorio.

Lorca pide ayuda al poeta Luis Rosales, que lo admiraba con fervor, y su familia acepta refugiarlo en su casa. Pero ese tampoco era un lugar seguro. Tras la detención de Federico por parte de Juan Luis Trescastros, que acompañaba al delator Ruiz Alonso esa tarde e iría después presumiendo por las tabernas de Granada de haberle dado "dos tiros en el culo por maricón", comienzan "las horas perdidas".

Los testimonios y los archivos indican que fue trasladado del Gobierno Civil a la Colonia, un tétrico calabozo improvisado "del que no se salía". El gobernador era entonces José Valdés Guzmán, pero en ese momento no estaba, de modo que la responsabilidad principal habría que atribuírsela a su secretario, Nicolás Velasco Simarro. El guardia civil retirado no había olvidado las injurias del poeta contra la Benemérita en su libro de poemas Romancero Gitano, por lo que habría ordenado su detención.

A ritmo de thriller

Algunos detalles en torno a la muerte de Lorca se conocen también por un informe emitido por el régimen franquista en 1965. En él se registran los presuntos motivos de la captura: por "socialista, masón y homosexual". No pocas voces en este documental aseguran que el poeta jamás militó en ningún partido, aunque su padre era muy amigo de Fernando de los Ríos, ministro de la República, y su cuñado era Manuel Fernández Montesinos, alcalde del PSOE en Granada (fusilado también en los primeros días de la guerra). Su condición de masón era, directamente, una falacia. Jamás perteneció a ninguna logia.

El informe del régimen es uno de los ejes narrativos del documental, que avanza a ritmo de thriller. El otro es la propia voz de Lorca en primera persona, recreada por el actor Ángel Ruiz, que también interpreta al poeta en las escenas dramatizadas que salpican el metraje. Lo acompañamos en su cautiverio junto al profesor republicano Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.

Ángel Ruiz encarna a Federico García Lorca en el documental 'Lorca: las horas perdidas'. RTVE

Sabemos que el teniente Rafael Martínez Fajardo fue el encargado de su traslado a las inmediaciones de Víznar y Alfacar, a las afueras de la ciudad. El capitán José María Nestares vigilaba el barranco de Víznar y la conocida como Escuadra Alfaguara, grupo de militares en el que se encontraba un pariente del poeta, llevó a cabo la ejecución. A propósito, uno de los hallazgos del documental nos aguarda en sus últimos compases, cuando comparece con su testimonio, aunque con el rostro volteado, el nieto de uno de los guardias de asalto que apretó el gatillo.

Su abuelo pudo comprobar que la madrugada del 17 de agosto era noche cerrada. Sin rastro de luna, se mantuvieron encendidas las luces de la camioneta para que los verdugos no erraran sus disparos. Dicen que Lorca, siempre obsesionado con la muerte, de algún modo predijo en sueños su destino. Incluso escribió "No me encontraron", un verso que nos remite al desconocimiento actual de su paradero.

Lorca: las horas perdidas reconstruye con detalle los instantes finales de su vida, pero también es una ofensiva para conservar su legado, en tanto que la muerte está en su obra. Los testimonios de artistas como Joaquín Sabina, Israel Fernández, Paula Ortiz, Elvira Sastre y Víctor Clavijo, además de los ya citados, cohesionan un guion logradamente trenzado –a tenor de la madeja de nombres que intervinieron y la propia complejidad del caso– que no pierde de vista el rigor histórico.

Los testimonios de algunos investigadores son determinantes. Tal es el caso de Miguel Caballero –autor de Las últimas trece horas en la vida de Federico García Lorca (2011), reeditado en estos días por La Esfera de los Libros–, cuya aportación ha sido fundamental en la fase de documentación.

No sabemos dónde está Lorca, es cierto, pero cada vez hay más certezas acerca de su muerte. Una muerte que nos arrebató, tal vez, sus mejores obras, pero que por su propia naturaleza lo convirtió en inmortal. Ciertamente, como escuchamos en la voz de Ángel Ruiz, el autor de Bodas de sangre pudo haberse despedido con esta frase: "Creyeron que me condenaban al silencio, cuando el arma de un poeta es la palabra y esa no muere nunca".