Un día, Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1980) le preguntó a su padre cuánto tiempo había estado con su madre antes de que se separaran. Él le respondió que, entre unas cosas y otras, debieron de ser unos diez años. Meses después, interrogó a su madre sobre el mismo tema y la respuesta fue sorprendente: "Tu padre y yo nunca hemos estado juntos", respondió ella.
“Esto seguramente dice mucho de mi caos, de mi vida y de mi fascinación por el relato”, comenta el director a El Cultural en la sede de su productora Caballo Films, en una céntrica calle de Madrid. "Las mismas historias, vistas desde distintos puntos de vista, pueden ser muy diferentes. Es algo que, desde fuera, puede ser tan divertido como dramático y lo hemos utilizado para Esteban Martínez y Emilia".
Martínez y Emilia, padre e hija, un director de cine prestigioso y polémico y una actriz de carrera estancada, a los que interpretan Javier Bardem y Victoria Luengo, son los protagonistas de El ser querido.
Se trata de la nueva película escrita por el tándem que conforman Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen y que dirige este último. Tras su paso por la sección oficial del Festival de Cannes, la producción llega este miércoles a las salas.
A los personajes les ocurre algo parecido a lo que les pasa a los padres de Sorogoyen: que no se ponen de acuerdo sobre el pasado, sobre los hechos y las responsabilidades que condujeron a una relación rota, marcada por el abandono, con heridas que supuran culpas y rencores.
Sin embargo, cuando Martínez le ofrece a Emilia uno de los papeles principales de su nueva película, Desierto, un drama de época ambientado en el Sahara Occidental de los años 30, y esta lo acepta, se verán obligados a enfrentar sus posturas durante un rodaje que transcurre en Fuerteventura.
“Cada uno tiene su relato, y creo que no hay que intentar imponerlo”, apunta Sorogoyen. “Me puedo remontar a la Guerra Civil, el gran conflicto de nuestra sociedad. No está bien que la izquierda imponga su relato, pero lo que no puede ser es que la derecha no quiera escucharlo y lo anule. Lo importante es que cada uno entienda lo que le pasó al otro”.
“Ese es el objetivo consciente o inconsciente de Emilia en la película”, continúa el director de As bestas (2022), con la que arrasó en los Goya. “Ella quiere que Martínez entienda lo que ha vivido, y sabe que él ha hecho lo que ha hecho, aunque seguramente no quisiera hacerlo, que es algo muy humano. Pero él, en cambio, cree que con regalarle una película las cosas se pueden solucionar. La realidad es que no es tan sencillo”.
Pregunta. Es la primera historia que firman Isabel Peña y usted que no se ambienta en un mundo que les es ajeno, como el de los antidisturbios o el de la corrupción política. ¿Se han sentido más expuestos o vulnerables en la escritura al ambientar El ser querido en el contexto del cine?
Respuesta. En realidad no, porque no estamos hablando de nosotros mismos. No somos hijos abandonados ni hemos tenido padres violentos, y nuestros rodajes tampoco se parecen al de la película. Cuando decimos que es un proyecto más personal, nos referimos a que habla de personas y conflictos cercanos. Por eso me he sentido más confiado. Ahora sí me siento más expuesto porque todo el mundo me pregunta si me parezco a Martínez. Obviamente, no nos parecemos en nada. Yo no me atrevería a mostrar cómo soy realmente.
P. ¿Tampoco está usted en Emilia?
R. No he tenido un padre así, aunque puedo hacerme una idea de lo que significa una situación como esta. Mis padres estaban separados y yo he vivido con mi madre toda la vida, aunque teniendo una relación excelente con mi padre. Pero el otro día mi terapeuta apuntó que yo había experimentado una obvia ausencia de padre, algo que no tenía claro y que debe ser verdad. Pero no me reconozco en Emilia.
Conflictos instantáneos
P. ¿Hasta qué punto es inevitable que la intensidad de un rodaje genere conflictos?
P. En los rodajes hay tanta intensidad que los conflictos pueden ser fuertes y instantáneos. En los míos nunca han pasado grandes cosas y nunca he vivido situaciones violentas o agresivas. Sí me han contado historias de otras producciones, aunque no siempre les doy crédito. Es evidente, en cualquier caso, que ha habido y hay comportamientos abusivos en el mundo del cine. Afortunadamente, los equipos cada vez toleran menos esas conductas y la gente con poder es más responsable. Aunque siempre habrá algún idiota.
P. Como director, usted ocupa la posición de mayor poder dentro de un rodaje. ¿La película le obligó a revisar su propia manera de ejercerlo?
R. No, la verdad es que no. Mi relación con el equipo siempre es muy amistosa y hay un trato bastante horizontal. Cuando tienes poder, debes saber ejercerlo con responsabilidad, pero quienes te lo otorgan también tienen que saber poner límites.
P. Hay una larga tradición de películas sobre rodajes. ¿Repasaron muchas?
R. Vimos La noche americana (1973), del maestro Truffaut, pero más por disfrute que por otra cosa. Vimos también el primer capítulo de Irma Veep (2022), la serie de Olivier Assayas, y nos gustó mucho una escena de una comida en la que se veía al equipo de rodaje como gente absolutamente normal. Nos dimos cuenta de que ese era el tono que buscábamos.
»Cada vez usamos menos referencias, porque corres el riesgo de copiar. De hecho, últimamente me gustan las referencias de cosas que creo que no funcionan. Por ejemplo, vimos una película sobre un rodaje que a nuestros ojos no acababa de cuajar, pero nos sirvió mucho. Lo que no te voy a decir es el título porque es española.
Todas las herramientas
P. ¿El hecho de que la película trate sobre dos puntos de vista sobre una misma historia que no acaban de conciliarse es lo que dio pie a la diversidad de formatos y recursos visuales en el filme?
R. Sí. Desde el momento en que me planteo hacer una película sobre la multitud de relatos y sobre el cine, me doy cuenta de que es el momento de experimentar y de intentar exprimir al máximo todas las herramientas audiovisuales. No hubiera tenido sentido rodarlo todo de una única manera. Luego la pregunta era por qué esta escena está rodada así y la siguiente de otra manera. Me gustó mucho enfrentarme a esas preguntas y llegar a la conclusión de que tenía que ser totalmente multiformato, que entrara de repente el fotoquímico, el digital, el 4:3, el 8 mm, el 16 mm, el 35 mm, las cámaras miniDV… La película viene a decir que todos los relatos son válidos y por eso también lo eran todos los formatos.
Javier Bardem y Victoria Luengo, en 'El ser querido'
P. ¿Durante el rodaje fue confuso que hubiera un equipo de rodaje delante de la cámara y otro detrás?
R. Fue muy confuso, sobre todo al principio. Llegamos a la conclusión de que para cortar teníamos que utilizar dos fórmulas: el equipo de Desierto decía “corten” y nosotros, “corta, corta, corta”, para que los cámaras no se confundieran. Nos inventamos trucos así. De hecho, como guiño, al final de la película suena el “corta, corta, corta” de nuestro ayudante de dirección. Nos hemos divertido mucho con ese juego meta: el montador de Desierto es el de todas mis películas, Alberto del Campo, al igual que el compositor de la banda sonora, Olivier Arson, que es el que manda la nota de voz a Martínez.
»Era también muy importante que el elenco que da vida al equipo de rodaje funcionara, que no pareciera que eran actores. Invertí muchísimo tiempo en el casting. Decidí, además, que cada personaje tomara el nombre del actor y el apellido del técnico de verdad. Por ejemplo, mi director de fotografía es Álex de Pablo y su homóloga de Desierto se llama Pepa de Pablo, a la que interpreta Pepa Gracia. Era mitad diversión y mitad practicidad.
P. ¿Cómo preparó el papel con Javier Bardem?
R. Fue un trabajo muy extenso, con muchas conversaciones. Nos fijamos en la imagen que teníamos de ciertos directores, aunque no queríamos copiar a nadie. En el fondo es un arquetipo que va más allá del cine, una persona hasta cierto punto violenta, exadicta, problemática, que quiere hacer las cosas bien pero no puede, que carga con su culpa.
»No queríamos que fuera un hijo de puta sin más. Esteban Martínez es seductor, carismático, fascinante, un hombre que ha hecho películas que han conmovido al público, que sabe dirigir. Por eso, cuando es borde, antipático o violento, te duele y te desconcierta mucho más. Un tipo que es simplemente un mezquino no me interesa.
P. La película está atravesada por una masculinidad violenta y autodestructiva. ¿Era un tema que querían abordar o apareció durante la escritura?
R. Creo que surgió. Aunque hemos tenido alguna protagonista femenina, Isa y yo hemos tratado mucho las masculinidades en nuestra filmografía. En muchos casos, en nuestras películas, aparecen hombres violentos, pero no es que queramos decir nada, simplemente ha surgido así. Cuando escribimos, los temas nos suelen aparecer a posteriori. De hecho diría que cuando arrancamos El ser querido en 2021 el término masculinidad tóxica no estaba tan de moda.
Nuevos retos
P. Se ha hablado mucho de la escena inicial, dieciocho minutos que surgen de una sola toma de hora y media, rodada con cinco cámaras ocultas y sin equipo visible en el restaurante en el que se encuentran por primera vez Martínez y Emilia, a partir de diez páginas de guion y mucha improvisación. ¿De dónde surge esa pulsión lúdica que le lleva a complicarse la vida y complicársela a los demás?
R. Es algo que me hace sentir vivo. Me gusta ponerme a mí, y después poner a mi equipo y al espectador, frente a nuevos retos. Además, la forma incide en el resultado. Esa escena en concreto es mejor por haberla rodado así, estoy convencido. No digo que no se puedan interpretar los nervios que tienen Martínez y Emilia, pero es más fácil alcanzar cierta verdad de esta manera. De hecho, las mejores frases que conseguimos no estaban en el guion, surgieron espontáneamente.
»El momento en el que ella le dice a él que está muy guapo no estaba en el guion y fue muy guay ver cómo de repente Javier se ponía tímido, porque no se lo esperaba. Eso es oro. Además, creo que si el espectador ve en una película de un director al que admira la misma escena rodada de la misma manera pero cuatro años después, pues ya no le gusta tanto.
Javier Bardem y Marina Fois, en 'El ser querido'
P. ¿Qué ha aprendido de trabajar con una superestrella como Javier Bardem?
R. Pues que no hay que tenerle miedo. Javier es una persona que respeta y le encanta su oficio, que tiene mucha valentía y osadía. Él enseguida aceptó hacer la escena inicial como yo le propuse, pero seguro que lo hizo con miedo, porque es un ser humano. Un actor tiene que tener miedo siempre, los nervios les dan vidilla. Yo me imagino que su trabajo en Estados Unidos debe ser muy diferente, pero no le ha importado salir de su zona de confort.
P. ¿Cómo valora después de unos meses la experiencia en Cannes?
R. Cuando te dicen que no has ganado nada, te da rabia, pero no queda otra que aceptarlo y quitarle hierro. El jurado tiene que elegir siete películas entre 25 que se supone que son muy buenas. Cannes es peligroso porque mucha gente te dice que vas a ganar. Un premio habría ayudado a la película, pero no tiene por qué ser decisivo. Eso sí, el día que nos dijeron que íbamos a la sección oficial fue uno de los más felices de mi vida.
P. En Cannes hubo casi un duro enfrentamiento en el ámbito de la crítica española por cómo fueron recibidas nuestras películas: para algunos, demasiado bien y para otros, demasiado mal. ¿Qué le parece?
R. No tengo una gran opinión. Son los tiempos de polarización. Yo intento moverme más en una escala de grises. Sí que veo que se utiliza el término 'obra maestra' con mucha facilidad. Y después ves la película y no te cuadra. Luego te dicen: “es que apoyamos al cine español”. Ya, pero igual se nos está yendo un poco la olla. Y luego veo también críticas sangrantes, que son las menos, pero que no entiendes tampoco la necesidad de expresarse de esa manera.
P. ¿En qué momento se encuentra como director?
R. En un muy buen momento. Me siento un privilegiado y un afortunado porque puedo intentar sacar adelante proyectos que me interesan y hay posibilidades de que puedan salir adelante. Quiero seguir probando, hacer cosas nuevas, explorar. Sobre todo, huyo de repetirme. De hecho, tampoco me interesa hacer películas cada vez más grandes. Ahora me encantaría hacer una pequeña.
