Los directores de comedia no reciben premios y los medios les hacen menos caso, así que es muy posible que no conozcan el nombre de Joaquín Mazón (Madrid, 1976). Sin embargo, sus películas han convocado a cientos de miles de espectadores.
Triunfó con Cuerpo de élite, con más de un millón de espectadores en 2016, y también ha obtenido cifras millonarias con La Navidad en sus manos (2023), las dos partes de La familia Benetón —la última, estrenada hace unos meses— y El casoplón (2025). Aunque su favorita es el drama sentimental La vida padre (2022).
Rey de la comedia, afronta con El último mono un asunto tan espinoso como la polarización política en tiempos de “creadores de contenido” cada vez más radicales en busca de followers.
A un lado de la trinchera, Alejandro (Juan Dávila), representante de esa “machosfera” de youtubers que mezclan el discurso motivacional con el victimismo. En su mundo, el sistema favorece a las mujeres y los hombres viven martirizados porque tienen que dejar de ser como son, brutos y “machos”, para gustar a unas mujeres que ya no les permiten comportarse como siempre.
Y al otro, Mariela (Susana Abaitua), una feminista aguerrida que dice no tener manía a los hombres porque es “animalista” y que ha convertido al propio Alejandro en el estereotipo de ese “último mono” al que se refiere el título.
Dice Mazón: “La vida no es de un solo color, ni todo es blanco ni todo es negro. Las personas son mucho más complejas, pero las redes sociales han hecho que te metan en un personaje. Alejandro se mete en unos conflictos que no puede sostener, firma cheques que no puede pagar y promete cosas que en la vida… Por ahí no vas a llegar”.
El motor de la película es que Alejandro promete a sus followers que se ligará a Mariela en tres días. Será la prueba definitiva de que sus técnicas de seducción, que vende por lotes, son exitosas.
En este tipo de personajes, célebres por sus salidas de tono y sus no infrecuentes demandas judiciales, Mazón ve, sobre todo, el vil metal: “La gran pregunta es quién gana dinero con todo esto, porque todo ese dinero es beneficio. Se dedican a eso para aprovecharse de la gente que tiene inseguridades y problemas en la vida. Alejandro es tan sencillo como que abusa de los más débiles”.
Y añade: “Es un perdedor que ha encontrado la manera de ganarse la vida. Igual que la gente que le sigue, él también se cree más de lo que es. El lenguaje ha cambiado: se busca el hit, ‘con esto me hago viral’, se engancha y me vale. Creo que en la película es el personaje que más evoluciona”.
Mientras el personaje de Juan Dávila, expolicía en la vida real convertido en exitoso monologuista, descubre que ser un machito es sencillamente una tontería al tiempo que se enamora de Mariela, la película describe otro arco para ella.
Juan Dávila y Susana Abaitua en un fotograma de 'El ultimo mono'
¿Es más difícil reírse de las feministas que de los machistas? Dice Mazón: “No es tanto reírte del feminismo o el machismo, no pueden colocarse en un mismo lugar. La contradicción de Mariela es otra. Ella quizá cree que será más feliz sola, pero en un momento dado también se le abre una grieta ahí y comienza a ser consciente de sus contradicciones. Se le desmonta un poco la vida y eso, al final, es lo más bonito que le puede pasar”.
Añade Mazón: “Me contaba Susana Abaitua que le pasaba en alguna manifestación feminista que de repente veía a un tipo que le gustaba y pensaba: ‘Qué bueno está’, y se sentía un poco culpable. Pero es esa contradicción”.
Como fabricante de taquillazos in pectore del cine español, Mazón asegura que no quiere ser Bergman y que la clave de su éxito es “hacer lo que me gusta como espectador. Me gusta que me cuenten una pequeña historia, tener claro qué historia estoy contando. Y si la cosa tiene ritmo y está bien planteada, te vas a reír porque ya los guiones son divertidos. Aunque luego los del equipo siempre me reprochan que no me río cuando veo el combo. Al final, se trata de hablar de cosas que sean medianamente universales. Puedo llegar a entender a los personajes y eso es importante”.
