Invariablemente, durante el rodaje de cada una de sus películas, hay un momento en el que David Lowery (Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos, 1980) siente que ha fracasado. El director de Ain't Them Bodies Saints (2013), A Ghost Story (2017) The Old Man & the Gun (2018) y El caballero verde (2021) se impone parar porque se siente derrengado, acabado. En ese trance necesita encontrar una forma de alivio. Su último desahogo ha dado como fruto Mother Mary, su artefacto logísticamente más complejo y sofisticado, con una producción a gran escala y legión de artistas en su 'chup chup'.
Su escritura fue la terapia que le devolvió la cordura durante un periodo en el que estaba jugando a dos bandas: mientras preproducía para Disney Peter Pan & Wendy (2023), buscaba localizaciones para El caballero verde (2021).
Fue entonces cuando garabateó la llegada de una exhausta cantante de pop de nombre artístico Mother Mary a las puertas del estudio de la que fuera su diseñadora de vestuario. "Fue una correspondencia directa. Era yo describiendo cómo me sentía en ese preciso instante. Cuando la protagonista le dice a la que fuera su amiga que necesita un vestido, le está pidiendo un salvavidas. Y yo estaba en una etapa de esa producción en la que necesitaba ayuda. Ponerme con este guion me la dio. Fue una forma de desahogarme, de procesar mis sentimientos".
El cineasta quería regresar a la desnudez y a la intimidad de su cortometraje Pioneer (2011). Dura 15 minutos y retrata a un padre contándole un cuento a su hijo en una habitación. En su núcleo, quería que Mother Mary funcionara exactamente de la misma manera, dos personajes entablando una conversación sincera y honesta en un espacio cerrado en el que también se recluiría a la audiencia.
"Pioneer funcionó sin efectos visuales, solo con dos actores, porque lo que comunicaban era algo real y significativo. Así que por muy maximalista que sea Mother Mary, por muy grande o loca que se vuelva, en su corazón trata de un par de personas viviendo una experiencia catártica en un lugar. Si no tuviéramos los medios para rodar los conciertos, los efectos visuales para el fantasma o el vestuario deslumbrante, la película seguiría funcionando", desarrolla su guionista y director.
Un portal del espacio-tiempo
Uno de los hallazgos de Mother Mary, producida por A24, radica en su puesta en escena. El taller de la diseñadora de vestuario, un antiguo granero del siglo XI, se transforma en un portal espaciotemporal que va dando paso a los flashbacks de la trama. Esta solución escénica surgió del azar y el impacto de este amplio espacio histórico.
"Cuanto más tiempo pasábamos en él, más nos dábamos cuenta de que podía transformarse. Podía abarcar muchísimo. Teníamos problemas para encontrar otras localizaciones y, en un momento dado, me giré hacia mi diseñadora de producción y le propuse construir todos los decorados dentro. De repente, eso abrió la forma en que íbamos a contar la historia. Cambió por completo cómo representaríamos estas historias dentro de historias, estas narrativas anidadas. El granero empezó a influir en cómo diseñamos los conciertos. Realmente nos poseyó, era un espacio con espíritu propio que nos guiaba sobre cómo hacer la película", se entusiasma Lowery, cuyo cine ha estado ligado en anteriores proyectos tanto con lo sobrenatural como con el imaginario católico.
En esta ocasión, Lowery repara en la figura de la megaestrella del pop como la reencarnación moderna del mesías. Una percepción personal que ha contrastado en el fervor que aúna a los fans en la escala de un estadio. Al ser preguntado sobre cuándo advirtió que un estadio abarrotado coreando un hit es el equivalente actual de una catedral en pleno oficio, describe las similitudes entre la música facturada por ídolos de masas y la iconografía religiosa.
"Personalmente, cuando he ido a un gran concierto de música pop, he sentido como si estuviera teniendo la experiencia de un creyente. Cuando estoy entre el público, rodeado de todos esos seguidores que sienten exactamente lo mismo que yo, adorando juntos a la misma persona sobre el escenario, ese acto se siente religioso. La reunión en torno a un icono y escucharle cantar resulta transformador, sobrenatural, así que quería que esta película profundizara en ello de una forma muy literal", se justifica.
Taylor Swift en el retrovisor
La referencia inevitable para el personaje que en la ficción encarna Anne Hathaway es el mayor fenómeno del pop global de nuestros días, Taylor Swift. Al realizador le encanta la música de la de Pensilvania. Lamenta no haber podido asistir a ningún concierto de su gira Reputation, pero se resarció con The Eras Tour: "Lo que hace parece casi sobrenatural, la forma en que conecta con tanta gente a semejante dimensión".
Su intención distaba tanto del biopic como de la sátira. En Swift halló un espejo en el que mirarse en este punto de inflexión de su carrera: "Estaba escribiendo, en gran medida, una película sobre mi proceso creativo y, sin embargo, estaba trasladando todo mi proceso a una estrella del pop. Así que tuve que imaginar a una que estuviera en la misma etapa de la vida que yo. Quizás no a nivel profesional, porque nunca tendré la carrera de Taylor Swift ni la de otros cineastas, pero sí pienso en cómo, al llegar a cierto punto de la vida, ves las cosas de forma diferente. Quería que Mother Mary fuera una estrella que estuviera dejando atrás los 30 para entrar en los 40, acercándose a la mediana edad y pensando en cómo ves el mundo diferente al envejecer y cómo te expresas de otra manera; cómo cambian las cosas que te resulta importante expresar".
Anne Hathaway en un momento de 'Mother Mary'.
Para dar cuerpo al repertorio de Mother Mary, Lowery reclutó a Charli XCX, Jack Antonoff y FKA Twigs. Sin embargo, arguye que la pieza angular para garantizar la autenticidad emocional del proyecto no fue ningún músico, sino una actriz, Anne Hathaway: "Necesitábamos su aportación musical no solo porque iba a cantar las canciones, sino porque interpretaba al personaje para el que esos temas debían sentirse personales. Fue un proceso muy largo de trabajo conjunto".
De hecho, figura como coescritora en todas las canciones por su involucración para hacerlas suyas.
La vida de las estrellas del pop ha sido objeto de películas recientes como Vox Lux (Brady Corbet, 2018), La trampa (M. Night Shyamalan, 2024) y Smile 2 (Parker Finn, 2024). De las mencionadas, se queda con la secuela de la película de género: "Si hubiera tenido otro año para pensarlo, tal vez habría rodado directamente una película de terror".
Entre sus referentes, dos inusitadas, "el extraño biopic sobre Céline Dion", Aline (Valérie Lemercier, 2020), y Cásate conmigo (Kat Coiro, 2022), donde Jennifer López da vida a una superestrella latina.
"Me veo cualquier película sobre música pop, me resulta interesante. Esa en concreto es una comedia romántica a la vieja usanza, y junto con Smile 2, demuestra cómo el cine de género ilumina los aspectos del pop", remata.
