Ceuta, ciudad de luz, siempre estuvo ahí, desde el principio de los tiempos, en la mitología eterna del Mare Nostrum. Ceuta recibe su nombre de los romanos: Septem, el número 7, dígito sagrado de la Kabala. Ceuta es 7, Sebten en árabe, y recibe su nombre de los Siete Hermanos, las siete colinas que rodean y conforman la ciudad de luz. En la mitología griega.

Ceuta, ciudad de luz, puede ser en la mitología homérica (otra vez aquí, en Ceuta, la "cuestión homérica") el lugar de Ogigia de la diosa Calipso, donde se refugió el héroe griego Odiseo durante siete años (otro 7 cabalístico aquí) tras su triunfo en la guerra de Troya y su deriva por el Mare Nostrum à la búsqueda del camino de regreso a Itaca.

Calipso le ofreció a Odiseo la eternidad a cambio de que se quedara con ella en Ogigia para siempre y no regresara a su tierra. Diversos estudiosos sostienen que, en efecto, sucumbió a la tentación de la eternidad, se quedó con Calipso y no regresó nunca a Ítaca, sino que navegó atravesando el mar más allá del "non plus ultra" (Gibraltar), donde estaban las columnas de Hércules, subió hacia el norte, costeando la costa de lo que hoy es Portugal, y fundó Lisboa (Ulisboa) en la desembocadura del Río Tajo. Esa es la mitología, esa es la leyenda.

Más allá de la mitología y la leyenda, Ceuta se convirtió en un puerto comercial de primer orden al norte del África occidental, donde confluyeron gentes y pueblos de culturas, religiones y sectas durante siglos, en medio de combates mientras el tiempo iba integrándola en la verdadera geografía del mundo.

Hubo batalla, guerras, asaltos, naufragios. Hubo de todo en Ceuta y todo, lo bueno y lo malo, ayudó a un entendimiento entre sus habitantes y visitantes, a un intercambio de idiosincrasias y a una convivencia casi siempre ejemplar, aunque cambiara una y otra vez de dueño y administrador. Convivencia: esa es la primera luz de Ceuta, la primera condición necesaria que inauguró un territorio pacífico a la sombra de un mar siempre convulso, al que los dioses griegos y latinos condenaron este trozo del planeta.

Hubo de todo en Ceuta y todo, lo bueno y lo malo, ayudó a un entendimiento entre sus habitantes

En 1821, la luz entra en Ceuta de la mano de la masonería, que se instala en la ciudad y la convierte aún más en una ciudad de paz, luz y, sobre todo, convivencia e integración. Ceuta se llenó de símbolos masónicos en todas las fachadas de sus grandes y pequeños edificios y las logias masónicas prosperaron ahondando la convivencia integradora entre distintos pueblos, desde los cristianos a los musulmanes, desde los indios a los judíos, y a todo aquel que, como Odiseo en su viaje, decidiera quedarse en la ciudad.

En 1936, con la sublevación militar en España contra la II República, políticos españoles de izquierda quisieron y buscaron entregársela a la Italia de Mussolini con tal de que las tropas de Hitler y él mismo no prestaran ayuda a los ejércitos de Franco. La intervención de Gran Bretaña evitó este desaguisado y vetó la operación felona. Y Ceuta se salvó.

En 1936, Franco, muy africano, encargó encarecidamente a Millán-Astray que eliminara cuanto antes y sin dejar rastro todo vestigio de la luz de la masonería en Ceuta, lo que hizo a la perfección el fundador de la Legión. Pero se le escaparon varios vestigios que siguieron respirando la luz de la Ilustración como reliquias de vida y esperanza que todavía pueden encontrarse en algunos edificios ceutíes sin ningún género de dudas.

Hace algo más de un mes, Ceuta, la ciudad de la luz, fue invadida por por una jauría humana de 80.000 personas con el objetivo de arrebatar la luz natural de Ceuta a sus ciudadanos, a los que el episodio execrable y trágico ha cambiado la vida desde entonces. ¿Y qué hace el gobierno español con esta invasión de desesperados, movidos los hilos evidentes por los servicios secretos de Marruecos? Nada.

Y lo poco que hace es asentar en lugares estratégicos y críticos a los inmigrantes invasores, mientras la indignación ciudadana ceutí y española crece y la presión de la olla amenaza con estallar con una fuerza volcánica en cualquier momento.

Ceuta hoy necesita de todos nosotros. Ceuta tiene que recuperar su luz, su normalidad, su seguridad, su convivencia. Y no parece que, al paso de los días, sea ese el camino al que llevan los acontecimientos. ¿Qué hacemos los demás españoles por los ceutíes? Indignarnos, porque la dignidad es lo último que un pueblo debe perder.

La sospecha de entreguismo crece día tras día, mientras Ceuta, España entera y la UE proclaman la gran solución: la inmediata devolución de todos los invasores ilegítimos a Marruecos, el país de donde llegaron en tromba a arrasar Ceuta. Aguanta Ceuta, ciudad de amor, de convivencia, ciudad de luz. Salud, fuerza y unión. Luz, más luz para Ceuta.