En la primera mañana de octubre, Fuensanta Nieto y Enrique Sobejano (Madrid, 1957) se enteran de que han ganado la ampliación de la ópera de la Bastilla en París. El premio se mezcla sin solución de continuidad con la próxima inauguración del Museo Sorolla, lo que parece decir algo sobre cómo los finales se superponen a los principios, pero también sobre la actitud de sus autores.
Nieto Sobejano es una de las firmas fuertes de la arquitectura nacional, y hasta europea: artífices del museo de Medina Azahara (Premio Aga Khan 2010) o del centro Arvo Pärt en Estonia (2018), abrieron hace ya veinte años oficina en Berlín y en estos momentos se encuentran desarrollando museos en lugares tan distantes como Dallas y Guangzhou.
Que la obra madrileña no quede desplazada por la vorágine requiere de una diplomacia ejemplar.
Pregunta. Ganaron este concurso justo hace 10 años, en septiembre de 2016. ¿Cómo ha sido el proceso?
Respuesta. La ampliación del Museo Sorolla es un proyecto pequeño, de solo 1600 m2, pero aúna cuestiones que lo hacen muy atractivo para nosotros. Hace bastantes años nos preguntaron por nuestros lugares preferidos de Madrid y, entre los que mencionamos, quizá el primero era el jardín del Sorolla.
»A esa querencia personal se sumaba el hecho de que fuese un lugar tan complejo, tanto por intervenir sobre lo preexistente como por un contexto urbano que requería de una solución singular. Si hoy continuamos haciendo concursos, que son el origen del 90 % de nuestro trabajo, es, precisamente, para enfrentarnos de manera continua a esos retos.
»El proyecto estaba casi terminado en 2018, pero el covid lo paró todo. La ampliación se desarrolla a la espalda de la casa-museo de Sorolla, justo detrás del taller y en la planta baja del patio de manzana, donde se suceden una serie de salas de exposición sobre la antigua huella de un garaje.
»El plan general de Madrid es muy estricto en lo referido a edificaciones interiores, lo que entra en contradicción con las alturas y el tamaño que requiere un museo.
»Todo esto llevó a que el edificio tuviese que calibrarse y que su licencia pasase, incluso, por aprobación en Consejo de ministros. Aún falta, de hecho, rehabilitar la casa de Sorolla y los jardines, una parte que nos interesa especialmente.
Enrique Sobejano y Fuensanta Nieto, en su estudio de Madrid.
P. El Sorolla no es solo un museo, sino una casa que se ha convertido en museo. ¿Cómo ha influido ese origen doméstico en este trabajo?
R. Es un caso similar a otras casas-museo que nos interesan, como la de John Soane en Londres. Sorolla compró el solar cuando la calle era el Paseo del Obelisco y tardó un tiempo en realizar el proyecto, que hizo junto a Enrique María Repullés y Vargas. Vivió allí desde 1911, poco más de una década, y fue Clotilde García del Castillo, su viuda, quien impulsó su posterior conversión a casa-museo.
»Por eso el edificio preserva ese valor doméstico, aunque sea una domesticidad llevada a otra escala, por así decirlo. Lo que encontraremos ahora se compone, entonces, de dos partes. Por un lado, la casa, que se ha mantenido como tal, y por otro, la ampliación, detrás del antiguo taller de pintura y que se conecta con ese espacio mediante un hueco en el muro, la única intervención sobre el original.
»Queremos mantener la pátina del tiempo en la casa, de modo que en la restauración toca preguntarse, por ejemplo, si tiene sentido restituir por completo el pavimento de madera, porque entendemos que su erosión, el registro del caminar del público, cuenta una historia. Allí vivió y pintó Sorolla: preservar esa experiencia vital es clave en nuestro proyecto.
»Junto a Covadonga Blasco, hemos comisariado la muestra Tras la casa del artista, un juego de palabras que describe literalmente nuestra intervención. En el cartel, aparece un cuadrito de Sorolla que representa una ventana. La historia es curiosa. La casa vecina era la de María Guerrero y el pintor, amigo suyo, pidió permiso para abrir un hueco enorme a su jardín.
»Con los años, la casa se vendió y hubo que tapiar esa ventana, pero su traza es aún visible en el interior, en una pared al fondo del taller, como retrato de la memoria del lugar.
"El auge económico de Madrid no se refleja en la calidad de lo que se construye"
Buscando la luz
P. En las imágenes que utilizan como referencia conceptual en sus proyectos suelen emplear composiciones abstractas, de Max Bill a Duchamp. Aquí, sin embargo, trabajan con una arquitectura figurativa hecha para un pintor figurativo.
R. Aunque nuestros medios no sean figurativos, el proyecto se concibió como un juego de espejos entre la ampliación y algunos de los espacios preexistentes. Sorolla es el pintor de la luz, por lo que hicimos un esfuerzo por introducir, como en su taller, la luz natural.
»En el acceso desde Zurbano, a través del corredor que conduce a la ampliación –y que hará de entrada principal durante el proceso de restauración– incorporamos la luz difusa de un patio que dialoga con el patio andaluz de la casa original. Y lo que en la casa original es un jardín, aquí es un jardín en cubierta.
»Una vez que se traspasa el umbral de la ampliación, encontramos espacios que evocan la construcción de Sorolla y Repullés sin entrar en conflicto con ella, con materiales y con medios contemporáneos.
Interior de la ampliación del Museo Sorolla, obra de Nieto Sobejano.
P. Esta es su última obra en su ciudad, Madrid, donde trabajan desde hace cuatro décadas. Fueron de los primeros estudios en España que apostaron por construir en el extranjero, al abrir también oficina en Berlín.
R. Llegamos a Alemania hace exactamente 20 años, cuando ganamos el concurso para un museo en el castillo de Moritzburg, justo la región de Sajonia en la que acaba de ganar la AfD. El ministro de Cultura nos sugirió que dejásemos la obra en manos de un estudio alemán, pero nosotros no queríamos ser autores solo del diseño y marcharnos, de modo que llegamos al acuerdo de que podríamos hacernos cargo de todo si abríamos estudio allí.
»Así pudimos construir ese museo y cuidar los detalles de la misma manera que en España. Este grado de implicación se ha vuelto más difícil por lo mucho que se ha burocratizado la construcción en Alemania. La intervención de tantos expertos en todos y cada uno de los aspectos de una obra seguramente haya producido avances técnicos, pero es muy cuestionable que haya dado lugar a mejores edificios.
P. ¿Cómo han visto cruzarse las trayectorias de sus dos ciudades?
R. Las ciudades tienen sus propios ritmos. Aunque en Berlín se haya reactivado el programa de vivienda, ha perdido cierto impulso en los últimos años; solo ahora, que estamos haciendo una sala de conciertos de rock, hemos conseguido hacer algo allí.
»Madrid, en cambio, posee mucha vitalidad para lo bueno y para lo malo, pero quizá el actual auge económico no se está reflejando como debiera en la calidad de lo que se construye. La arquitectura tiene que estar presente y potenciar la ciudad, porque influye de manera decisiva en la calidad de vida.
Fuensanta Nieto, en un momento de la entrevista.
P. La ampliación del Museo Sorolla es un proyecto esencialmente interior que, como tantas veces en su trayectoria, confía en la cubierta como medio expresivo. Kenneth Frampton, su antiguo profesor en Columbia, afirmaba que ese énfasis en la sección subraya la resistencia de lo local frente a una modernidad que propicia la tabula rasa.
R. Es verdad que en proyectos como el del Centro de Creación Contemporánea en Córdoba (2013) la sección genera la imagen urbana del edificio, pero, como señalan, en este caso estamos en un patio de manzana, de modo que esa imagen urbana no existe más que para los pocos vecinos de las casas que vuelcan sobre ese patio. En realidad, ese gesto surge aquí al multiplicar la sección del taller, un lugar tan importante para Sorolla que la casa original, que se construyó en varias fases, solo se dio por acabada con ese espacio de trabajo.
»En nuestro caso, hay otros edificios como el Archivo de las Vanguardias en Dresde (2023) –quizá la obra que más nos gusta de las que hemos construido en Alemania– que representan mejor esa insistencia en la sección.
»Aquí, el riesgo de inundación obligaba a organizar el programa de una manera inusual: el archivo, una pesada masa de hormigón, debía quedar colgado sobre el vacío de la sala de exposiciones, como si el peso de la historia se enfrentase a la ligereza de las vanguardias.
"Lo esencial es construir mucha más vivienda pública: el desequilibrio entre oferta y demanda es evidente"
P. Estos proyectos de Dresde y Madrid se contraponen a otros que están construyendo en Estados Unidos y China, dos superpotencias económicas. ¿Cómo es su experiencia de este mundo a dos velocidades?
R. La manera de abordar el trabajo en China es muy diferente a la europea y la distancia hace que necesitemos el apoyo de un estudio local. Sin embargo, la ampliación para el Museo de Arte de Dallas, que ganamos en 2023, se parece más al modo en que trabajamos aquí.
»Nos gusta abordar obras de escala mediana que impliquen retos diversos, que generen espacio público y nos permitan mantener el control. Pensamos que es algo que podemos trasladar con éxito a Estados Unidos.
»Con todo, en América hay diferencias culturales fascinantes, como que el cliente no es tanto el estado, sino un donante que desea proyectar su fortuna hacia la sociedad y que vive la exposición pública con orgullo personal. Contrasta con Europa, donde los edificios se entienden como un esfuerzo más anónimo, pero también más colectivo.
Enrique Sobejano, en un momento de la entrevista.
Más vivienda pública
P. Como tantos arquitectos de su generación, empezaron haciendo vivienda: construyeron un bloque en la S30 de Sevilla y otro junto a la M30 en Madrid. ¿Consideran necesaria una nueva reflexión sobre este tema?
R. Es cierto que en los años 1990 la vivienda pública era un componente esencial de la vida de un arquitecto; quizá fue un momento en que los que éramos jóvenes podíamos participar de esa necesidad social, que llevaba sin abordarse con intensidad desde las décadas de 1950 y 1960, con ejemplos tan interesantes como los poblados dirigidos. Cuando terminamos las viviendas en Sevilla, en el cambio de siglo, aún existía cierto equilibrio entre pragmatismo y voluntad social.
»En nuestro caso, la vida nos fue llevando por otros derroteros, seguramente por el tipo de concursos que elegimos, más relacionados con situaciones urbanas complejas y con la memoria, como fue el caso del museo de Medina Azahara o ahora el Sorolla.
»Por volver a la pregunta y aun simplificando mucho el problema, creemos que lo esencial es construir mucha más vivienda pública, porque el desequilibrio que existe entre oferta y demanda es evidente.
»No somos economistas ni políticos, no sabríamos determinar los cauces para llevar a cabo esa empresa, pero tiene que ser posible. Y aun así, el problema no se reduce a un número, sino a lograr una mayor proporción de vivienda asequible, pero también a que las casas y los espacios públicos asociados tengan una calidad tangible.
»En ese sentido, en España han surgido iniciativas de interés en Barcelona y Baleares. Una vez más, es necesario que la arquitectura entre en juego.
