"Esta es la exposición del año". Con esta rotunda afirmación ha comenzado esta mañana Guillermo Solana, director artístico del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la rueda de prensa de presentación de El universo freudiano de Dalí, una de las grandes apuestas de la temporada expositiva madrileña.
La muestra, que abre al público este martes, 20 de octubre, ha despertado una enorme expectación. Centrada en las relaciones entre la obra de Salvador Dalí (Figueres, 1904-1989) y los escritos psicoanalíticos de Sigmund Freud (Viena, 1856- Londres, 1939), propone además una relectura de toda su trayectoria artística.
"A Dalí le hubiera encantado coincidir en el mismo museo con Vermeer, estoy seguro", ha asegurado Solana, en referencia a Mauritshuis ♥ Thyssen-Bornemisza. Obras maestras de La Haya, la otra exposición que acoge actualmente la institución. El famoso lienzo La ciudad de Delft y la pintura de Vermeer ejercieron una notable fascinación sobre el artista catalán.
El germen de esta ambiciosa exposición se encuentra en una muestra de gabinete presentada en 2022 en el Belvedere de Viena. Su comisario, el historiador del arte Jaime Brihuega, recupera y amplía ahora aquella investigación para abordar una relación fundamental en el imaginario daliniano, aunque todavía insuficientemente estudiada desde una perspectiva global.
La exposición reúne cerca de 130 piezas, entre pinturas, dibujos, esculturas y materiales audiovisuales, que permiten adentrarse en el universo de quien Solana considera "el más prodigioso inventor del siglo XX".
Salvador Dalí: 'El hombre invisible', 1929-1932
El comisario ha comenzado su intervención agradeciendo el "importante músculo" del museo y la generosidad de instituciones como The Dalí Museum de San Petersburgo (Florida), la Fundació Gala-Salvador Dalí y el Museo Reina Sofía, que ha prestado una de las piezas fundamentales del recorrido: El hombre invisible (1929-1933).
"Lo primero que van a encontrarse son joyas, obras maestras de todas las partes del mundo. Obras maravillosas que son una ventana que, al abrirse, te absorben por completo", ha señalado.
Organizada en seis capítulos cronológicos, la exposición recorre la biografía de Dalí desde la adolescencia hasta sus últimos años, rastreando los acontecimientos, lecturas y obsesiones que contribuyeron a construir una auténtica iconografía.
El primer capítulo, 'El entorno familiar, Figueres y Cadaqués', se adentra en los conflictos que marcaron su infancia: la figura autoritaria del padre, la muerte de su madre cuando el pintor tenía 16 años, su intensa relación incestuosa con su hermana Anna Maria y la presencia fantasmal de un hermano mayor, fallecido antes de su nacimiento, del que heredó el nombre.
Salvador Dalí: 'Morfología del cráneo de Freud. Ilustración para el libro "The Secret Life of Salvador Dalí", 1939-1941.
Unas circunstancias familiares que alimentaron sus obsesiones con la identidad, la muerte, el deseo y el dolor, y que encontraría en las teorías freudianas un poderoso instrumento de interpretación.
La segunda sección, 1922-1926. 'La Residencia de Estudiantes y el retorno a Cataluña', se centra en sus años de formación en Madrid. Allí, en la Residencia de Estudiantes, Dalí tuvo acceso a La interpretación de los sueños, de Freud, una lectura que transformaría su manera de entender la creación artística.
"Freud es una patente de corso para mostrar su interior. Aquí surgen los vocablos que convierten su obra en un metalenguaje", ha explicado Brihuega.
Durante aquellos años, el joven pintor experimentó con el futurismo, el cubismo y las nuevas figuraciones europeas, mientras estrechaba su relación con Federico García Lorca y Luis Buñuel, dos figuras decisivas en su formación intelectual.
Entrada a la exposición 'El universo freudiano de Dalí'.
A partir de 1926 nace el surrealismo español. No se trata del nacimiento del movimiento, cuyo manifiesto fundacional publicó André Breton en 1924, sino de un momento decisivo en la gestación del lenguaje surrealista en España.
"Aquí empiezan las formas bárbaras, como la del burro podrido. Comienza a desarrollarse una dialéctica entre Eros y Tánatos", ha señalado el comisario.
El tercer capítulo traslada al visitante a París, donde Dalí se incorporó al grupo surrealista a finales de los años veinte. Su llegada supuso una auténtica sacudida para un movimiento que comenzaba a cuestionar los límites de la escritura automática y otras estrategias de exploración del inconsciente.
Frente al automatismo, Dalí proponía una creación minuciosamente elaborada, capaz de representar imágenes irracionales con una precisión casi fotográfica. Su virtuosismo técnico se puso así al servicio de una imaginación perturbadora.
La cuarta sala, '1932-1937. El método paranoico-crítico', reúne una treintena de obras que permiten seguir el desarrollo de su gran aportación teórica al surrealismo: un procedimiento destinado a producir asociaciones delirantes, imágenes dobles y múltiples interpretaciones de una misma realidad.
Dalí consideraba la paranoia un "estado de gracia". Sus pinturas, muchas de pequeño formato, revelan, en palabras de Brihuega, un dominio "fabuloso" de la mímesis y una extraordinaria capacidad para convertir lo imposible en verosímil.
Entre las piezas esenciales destaca El hombre invisible, realizado entre 1929 y 1933, una de sus primeras grandes investigaciones sobre las imágenes dobles. En ella, objetos, cuerpos y fragmentos arquitectónicos se combinan hasta formar una figura humana que solo emerge ante la mirada atenta del espectador.
El recorrido alcanza uno de sus momentos culminantes con el encuentro entre Dalí y Freud, celebrado el 19 de julio de 1938 en Londres, donde el fundador del psicoanálisis se había refugiado tras la anexión nazi de Austria.
Salvador Dalí: 'Los esfuerzos estériles. Cenicitas', 1927-1928.
Dalí llevaba años intentando conocer al médico vienés. Finalmente, el escritor Stefan Zweig organizó la reunión, a la que el pintor acudió acompañado por su amigo y mecenas Edward James.
Para la ocasión llevó La metamorfosis de Narciso (1937), una de las obras fundamentales de su método paranoico-crítico, con la esperanza de impresionar a quien consideraba uno de sus grandes referentes intelectuales.
La reacción de Freud fue compleja. Al día siguiente escribió a Zweig afirmando "Dalí es un ejemplo de fanático español".
La última sección, 'Después de 1940. La persistencia de la sombra de Freud', rastrea la huella del psicoanálisis en la producción posterior de Dalí, desde sus escenografías para espectáculos de ballet en Nueva York hasta las pinturas de su etapa místico-nuclear.
Salvador Dalí: 'Retrato de Gala (El Ángelus de Gala)', 1935.
Entre las piezas más espectaculares destaca el monumental telón realizado para el ballet Tristán loco (1944), de unos 15 metros, instalado en el vestíbulo del museo.
Pero la exposición no se limita a revisar la relación entre el pintor y Freud. Brihuega propone también dos líneas de investigación especialmente sugerentes.
La primera aborda las conexiones entre los dibujos científicos de Santiago Ramón y Cajal y determinadas formas del imaginario surrealista. Las ramificaciones neuronales, las dendritas y los axones encuentran sorprendentes correspondencias visuales en obras de Dalí y otros artistas de su entorno.
La segunda recupera la influencia de Julio Romero de Torres, profesor de la asignatura 'Ropajes' de Dalí en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, cuya pintura ofrece paralelismos iconográficos con algunas composiciones del catalán.
Salvador Dalí: 'Los primeros días de la primavera', 1929.
Manos y dedos retorcidos, cabezas cortadas, cipreses y rostros femeninos en éxtasis son algunos de los motivos que permiten establecer conexiones entre ambos universos pictóricos. "Dos mundos que se cruzan", ha resumido Brihuega.
La exposición, que se prevé que sea una de las más visitadas del museo, con una estimación de 175.000 visitantes va acompañada de una serie de conferencias con Jaime Brihuega, Ian Gibson, Juan José Lahuerta, Alyce Mahón y Elliot King.
