Belén Mateos
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Antes de fotografiar paisajes, cuerpos o calles, Minor White fotografió algas. Había aprendido los rudimentos de la cámara de niño, gracias a su abuelo, un fotógrafo aficionado, y más tarde aprovechó esos conocimientos para preparar transparencias fotomicrográficas durante sus estudios universitarios de botánica.

Y aquí se encuentra una de las claves de su obra: mirar con atención una superficie hasta descubrir que dentro de ella cabe otro mundo.

La exposición que llega a Madrid recorre la trayectoria de White (Minneapolis, 1908-Boston, 1976), una de las figuras más complejas e influyentes de la fotografía estadounidense del siglo XX.

Abierta en Fundación Mapfre hasta el 10 de enero, es la primera retrospectiva dedicada al artista en Europa y coincide con el cincuenta aniversario de su muerte.

White no quiso limitar la fotografía a la reproducción de lo visible. Siguiendo la noción de “equivalencia” de Alfred Stieglitz, la entendió como el correlato visual de una experiencia interior. Su dificultad para reconocer su homosexualidad atravesó un mundo íntimo en tensión.

Minor White: 'Produce Market, San Francisco', 1949. © Trustees of Princeton University / Allen Chen

La naturaleza, el paisaje, el retrato y el desnudo masculino aparecen cargados de resonancias que van más allá de lo representado. Para White, además, una imagen rara vez bastaba.

Desde 1947 trabajó mediante secuencias: fotografías ordenadas para crear asociaciones en una especie de “cine de imágenes fijas”. La muestra adopta ese principio para marcar su recorrido cronológico.

Todo comenzó en Portland. Allí trabajó para el Oregon Art Project documentando edificios históricos destinados a la demolición. Al mismo tiempo hizo fotografías nocturnas y retrató paisajes, granjas y pequeños bodegones.

Parte de ese trabajo llegó en 1942 a su primera individual, en el Portland Art Museum. Ya entonces aparecían su precisión técnica y motivos recurrentes como puertas, ventanas rotas y formas biomórficas.

Minor White: '72 N. Union Street, Rochester, from the Sequence Sound of One Hand', 17 de julio de 1958. © Trustees of Princeton University / Allen Chen

En 1946 se trasladó a San Francisco para enseñar junto a Ansel Adams en la California School of Fine Arts. El contacto con Adams y Edward Weston, los paisajes californianos y la enseñanza consolidaron su lenguaje.

De esos años son Fourth Sequence (1950), centrada en la identidad y la sexualidad, e Intimations of Disaster (1952), fotografías callejeras de una ciudad oscura, vibrante y dramática.

Rochester abrió otra etapa. Allí profundizó en la edición y en las lecturas místicas y de filosofía oriental. Rural Cathedrals (1955) convirtió la arquitectura vernácula en un paisaje simbólico y casi onírico y Sound of One Hand (1960) llevó la imagen hacia formas abstractas. Desde 1965 enseñó en el Massachusetts Institute of Technology.

Publicó su único libro aparecido en vida, Mirrors Messages Manifestations (1969), culminó Slow Dance –su única secuencia en color publicada– y creó Sequence 1968 y Totemic Sequence (1974), una de sus cumbres. Fue profesor, comisario, escritor y uno de los fundadores de Aperture, la revista que dirigió durante más de dos décadas.

Minor White: 'Grand Teton National Park, Wyoming', 1959. © Trustees of Princeton University / Allen Chen

Esta retrospectiva de Fundación Mapfre reúne unas 250 copias de época y una treintena de objetos, entre hojas de contacto, libros y revistas. Algunas secuencias no fueron expuestas durante su vida y la mayoría nunca se habían mostrado completas en Europa.

El conjunto procede principalmente del archivo que White legó al Princeton University Art Museum y propone algo acorde con su mirada: detenerse, relacionar y aprender a mirar, también, hacia dentro.