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Es difícil hallar las palabras adecuadas para admirar la impresionante obra pictórica de Francisco de Goya y Lucientes. Más complicado aún es encontrar un lugar digno para aposentar decenas de sus célebres pinturas y grabados. Desde hoy, Zaragoza cuenta con el espacio perfecto para ello, en pleno centro de la ciudad y con vistas a su gran símbolo, el Pilar.

Han transcurrido 18 meses desde que se iniciaron las obras de reforma y ampliación del antiguo Museo Goya-Camón Aznar, que ha dirigido el arquitecto aragonés Sergio Sebastián. Su resultado puede resumirse en tres frases: “Devolver a la ciudad un museo de futuro”, según afirma Amado Franco, presidente de la Fundación Ibercaja. “Un museo capaz de responder a las nuevas formas de mirar a la cultura”, de acuerdo con José Luis Rodrigo, director general de la citada entidad, que este año celebra su 150 aniversario.

Y la tercera y última aseveración, “Goya pertenece a cada uno de nosotros”, corresponde a Luis Fernández-Galiano, arquitecto natural de Calatayud, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (RABASF) y comisario de la exposición Solo Goya. El arte de ver, muestra temporal con la que el renovado museo reabre sus puertas.

Fachada del Museo Goya de Zaragoza Museo Goya

Una exhibición de obras pictóricas cedidas para la ocasión por prestigiosos centros y colecciones de arte como el Museo del Prado, el Thyssen, la Fundación Casa de Alba, la Galería de los Uffizi, la National Gallery o la Hispanic Society de Nueva York, entre muchos otros. Son 41 las obras que se han logrado reunir para esta primera exposición temporal del renovado Museo Goya de la capital maña, que permanecerá abierta al público hasta el próximo 10 de enero.

Estos lienzos se suman a la rica colección permanente con la que ya contaba esta pinacoteca zaragozana, que no solo incluye obras del genio de Fuendetodos, sino también de otros artistas que siguieron sus pasos, como Joaquín Sorolla.

La ampliación del museo le ha dotado de una nueva entrada, frente a la plaza del Pilar, que ya capta la atención con su fachada, inspirada en algunas de las imágenes más emblemáticas de los grabados de Goya. Una vez en el interior del edificio, sus siete plantas -la más alta, una terraza con espléndidas vistas a la cúpula y las torres del Pilar- nos transportan al universo de Goya a través de sus cuadros, pero también con el uso de la tecnología aplicada a su obra.

Así lo demuestra la experiencia inmersiva Goya, el gran observador, una sala en cuyas paredes se proyectan en movimiento varios de sus principales lienzos. Desde La pradera de San Isidro hasta la Lucha a garrotazos, pasando por La familia de Carlos IV, La maja desnuda, La carga de los mamelucos, Los fusilamientos del 3 de mayo o las estremecedoras láminas de Los desastres de la guerra, todos ellos nos atrapan.

El Pilar visto desde el museo Museo Goya

Mención aparte merece el Centro de Estudios Francisco de Goya, una sala y biblioteca con más de 1.400 volúmenes dedicados a la figura de este aragonés universal. Sin olvidar la sala denominada Goya y su tiempo, perteneciente a la colección permanente. En ella lucen retratos de Carlos IV y su esposa, María Luisa de Parma, así como un autorretrato del pintor y otro del célebre naturalista Félix de Azara, además de un boceto de La carga de los mamelucos.

Destaca asimismo la llamada Galería de Arquillos, donde se contemplan obras inspiradas en el artista de Fuendetodos. Es el caso de El sueño de Goya, impresionante óleo sobre seda del artista cubano Roberto Fabelo. Y también los trabajos del aragonés Grupo Pórtico.

El edificio reformado y ampliado por Sergio Sebastián aprovecha parte de un patio renacentista desde el que se accede a estancias como la sala de grabados, donde se exponen varios de los Caprichos, Los desastres de la guerra o los Disparates. Asimismo, algunas copias de Velázquez realizadas por el artista. Según Luis Fernández-Galiano, Goya “decía que tenía de maestros a Velázquez y a la naturaleza”.

La planta baja es el espacio reservado para la aludida exhibición temporal Solo Goya. El arte de ver. Como comisario, Luis Fernández-Galiano subraya el “milagro” de que la reforma del edificio haya estado terminada en 18 meses, así como el haber logrado reunir 41 Goyas cedidos por prestigiosos museos y colecciones privadas españolas y del extranjero.

VIsta del museo Museo Goya

La muestra temporal se divide en dos apartados. El primero, denominado 'Luces y sombras', reúne “lo amable”, así como “el Goya más oscuro”, según el comisario. En esta sección se halla El albañil herido, óleo sobre lienzo perteneciente al Museo del Prado, pero también la Merienda campista, de la National Gallery. Fernández-Galiano subraya que cada una de las entidades que cedieron obras exigían “cláusulas distintas” para su conservación y exposición. En el caso del museo londinense, que este cuadro fuera colgado sobre madera.

El segundo apartado, llamado 'La condición humana', reúne retratos. Como el de la duquesa de Alba, cedido por la fundación de este título nobiliario. O el de la actriz La Tirana, que ha facilitado la RABASF a la que pertenece el comisario. Un cuadro recientemente restaurado y limpiado, trabajos que han permitido devolver la luz a elementos que el paso del tiempo había difuminado, como una fuente tras la protagonista.

Otro de los retratos encuadrados en esta sección es La marquesa de Villafranca pintando a su marido, cedido por el Prado. En palabras de Fernández-Galiano, las obras citadas son “tres muestras manifiestas de la capacidad de Goya de tratar con dignidad y respeto a la mujer”. El académico de la RABASF va más lejos y proclama: “Goya es el gran pintor de la mujer”.

Por supuesto, también se incluyen retratos masculinos, como uno de Carlos IV cedido por el Museo de Bellas Artes de Asturias, o el del inquisidor Juan Antonio Llorente, procedente del Museo de Arte de São Paulo. Sin olvidar que el artista de Fuendetodos no se olvidaba de retratar a las clases humildes. “Fue un retratista de todo el mundo”, capaz de plasmar “los dos extremos de las clases sociales”.