¿Qué revela una fotografía sobre una sociedad cuando aquello que parece trivial se convierte en síntoma? Martin Parr (Epsom, 1952 - Bristol, 2025) hizo de lo cotidiano un observatorio privilegiado de su tiempo.
A Matter of Taste, en la galería Marc Bibiloni, recorre cuatro décadas de esta mirada, siguiendo las transformaciones de la sociedad desde el neoliberalismo de la era Thatcher hasta la omnipresencia de la cultura digital contemporánea.
Las célebres obras de New Brighton (1983-1985) y Margate (1986), al comienzo de la exposición, documentan cómo el ocio de la clase trabajadora fue subsumido por el consumo. En las fotografías siguientes, sin un orden cronológico, Parr desplaza su mirada de un contexto específico hacia la documentación de la homogeneización global impulsada por el turismo de masas. Y muy acertado incluir Pyongyang (1997).
Si Benidorm (1997) evidencia la mercantilización del consumo, Pyongyang muestra cómo las lógicas de la visualización y su neutralización política trascienden las fronteras ideológicas. Uno articulado a través del capitalismo; el otro, mediante el espectáculo escenográfico estatal.
Las obras, distribuidas geográficamente entre 1994 y 2018 (desde Kleine Scheidegg hasta Río de Janeiro, pasando por París y Dakar) configuran un atlas global donde la geografía revela patrones sistémicos de consumo capitalista que se repiten en contextos diversos.
Martin Parr: 'New Brighton, England', 1983-85
Esta saturación cromática que define la práctica de Parr funciona precisamente como impugnación del documentalismo clásico: frente a la tradición documental asociada al blanco y negro, Parr reclama el color saturado como lenguaje crítico, apropiándose de la visualidad del consumo para exponerla.
Sin embargo, esta documentación nunca resuelve completamente la tensión ética que atraviesa su obra: existe una ambigüedad deliberada en torno a si sus sujetos son retratados desde una antropología del afecto o desde la burla condescendiente, si la ironía de tradición británica que articula su mirada opera como solidaridad crítica o como distancia clasista. Y Parr mantiene esta tensión sin resolverla.
Martin Parr mantiene la tensión ética que atraviesa su obra: si el sujeto es retratado desde el afecto o desde la burla
La exposición concluye en un segundo espacio dedicado a la moda, donde una fotografía reciente captura una escena de sociabilidad. Una mujer sostiene una copa mientras un sombrero azul oculta su mirada al espectador; ella, sin embargo, puede mirar directamente a quien la fotografía, consciente de su propia exposición y partícipe de la performance que está construyendo ante la cámara.
Es precisamente en estas trivialidades donde se condensa, con particular claridad, la trayectoria de Parr que recorre esta exposición.
Martin Parr: 'London, England', 1997
Si sus primeras series revelaban cómo el capitalismo subordinaba la experiencia a determinados regímenes de consumo y de representación, su obra más reciente muestra hasta qué punto esos regímenes se han vuelto normalizados e incluso celebrados.
Parr resulta imprescindible por su capacidad para detectar, bajo la apariencia banal de la vida cotidiana, los síntomas de toda una sociedad.
