El mundo del arte vuelve a mirarse a sí mismo y sigue descubriendo nuevos tesoros. En los últimos años, con la oleada performativa, un caso interesante lo encontramos en fotógrafos como Shunk y Kender, quienes, en plena desmaterialización del arte, salvaron con sus imágenes las acciones pioneras de Yves Klein o Yayoi Kusama en los años sesenta, homenajeados en el Centro Pompidou parisino.
Ahora en Madrid, podemos disfrutar de una selección de las fotografías de George Lange, retratos e instantáneas que nos muestran la intimidad del proceso creativo de Francesca Woodman (Denver, 1958 - Nueva York, 1981), expuestas por primera vez en el Museo de Arte de Denver bajo el título Portrait of a Reputation. Una exposición que puso en solfa la pátina melancólica sobre la figura mitificada de la artista a raíz de su trágico suicidio.
Pues Lange, aún compañero de estudios de Woodman en la Rhode Island School of Design, ya apuntaba maneras en su estilo del retrato amable con que después consolidaría una exitosa trayectoria, fotografiando de manera informal a varios presidentes de Estados Unidos, artistas y otras celebridades.
La Francesca de Lange es alegre, incluso bromista y está plena de vitalidad.
Se trata, por tanto, en primer lugar, de la historia de una amistad de juventud, aflorada por la nostalgia del retorno del fotógrafo a Boulder, el pueblo en el que ambos crecieron.
George Lange: 'Untitled photograph No. 21', ca. 1975-1978.
Y, después de muchos años, marcado por su final traumático, la apertura de una caja en la que guardaba las fotografías con sus negativos junto a cartas y notas cotidianas de Woodman, a quien Lange y su pareja invitaban a ducharse y comer caliente en su apartamento, ya que el luminoso loft alquilado por ‘Cesca’, como se autodenomina en aquellos avisos, no tenía cocina ni baño, aunque sí era, como comprobamos en estas fotografías, un maravilloso espacio para la experimentación. Y también del testimonio de su profunda admiración.
En oposición a la habilidad de la captación del instante y la perspicacia psicológica de Lange, que retratan una joven decidida y vulnerable, las fotografías realizadas en el estudio de Woodman detallando su proceso creativo explicitan la complejidad del posicionamiento de la artista, casi adolescente.
George Lange: 'Untitled photograph No. 9.' 1975-1978.
Realizadas entre los años 1975 y 1977, los juegos de Francesca con espejos y otros marcos patentizan el planteamiento conceptual, metafotográfico, que dominaba entonces su reflexión.
La imagen en y fuera de encuadres era la encrucijada para las capturas retardadas de Woodman, después del torbellino de elecciones apresuradas: para el maquillaje y los vestidos de encajes calados que transparentaban su desnudez, repitiendo variaciones y corriendo descalza para preparar el obturador.
George Lange: 'Untitled photograph , Nº. 1', 1975-1978
Mucho de este febril proceso autosuficiente tiene que ver con su evocadora poética de lo velado y lo des(re)velado, más allá de su consciente referencia al surrealismo, cuyo credo de la vida como arte fue sustrato del cambio de paradigma desde los años sesenta, y del que Woodman fue su genuino epítome.
