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La artista alemana Katharina Grosse (Friburgo de Brisgovia, 1961) estaba buscando un árbol caído cuando estalló la tormenta. El temporal tumbó muchos. Entre ellos, cinco le cayeron a Pep Pinya, mítico galerista en Mallorca. Uno de los pinos de Pinya tenía amplias raíces: “arrels” en catalán. Arrels, precisamente, es el título de la exposición que Grosse terminaría desarrollando con este ejemplar, de la mano de Es Baluard y con su director, David Barro, como comisario del proyecto.

Katharina Grosse. Arrels

La Llotja / Es Baluard. Palma de Mallorca. Comisario: David Barro. Hasta el 31 de enero

Dispuesto en el espectacular espacio de la Lonja de Palma de Mallorca, el árbol, en escorzo, da la bienvenida al lugar: según el comisario, es como si una de las columnas, que son como palmeras, se hubiera derrumbado desvelando su naturaleza vegetal.

Tras el tronco hay una serie de montículos hechos de toneladas de tierra. Todo ello aparece transformado por la pintura: una maraña de tonalidades brillantes y antimiméticas recubre la tierra, el árbol y el suelo que pisamos, protegido previamente por una superficie plástica que sirve de lienzo.

Ante la especificidad del espacio, el montaje de la pieza fue particularmente delicado, protegiendo paredes y columnas con plásticos, y metiendo con sumo cuidado el árbol por el vano de una de las cristaleras. Gracias a estas medidas, se logró que no dejaran huellas en la arquitectura los pigmentos empleados por Katharina Grosse y sus ayudantes, quienes seguían un meticuloso proceso, anticipado en dibujos y maquetas.

Si bien Katharina Grosse es conocida por las grandes pinturas instalativas que realiza con spray, estas son generalmente de naturaleza abstracta. En ese sentido, Arrels es un trabajo peculiar, puesto que la presencia del tronco y la tierra cataliza la creación de un paisaje, entre desértico y lunar.

Una maraña de tonalidades brillantes y antimiméticas recubre la tierra, el árbol y el suelo que pisamos, que sirve de lienzo

La sequedad y el árbol caído, tras un verano marcado por los incendios, evocan involuntariamente la sensación de ruina climática y plantean una reflexión en torno a los territorios que genera la crisis ambiental.

Por otro lado, la introducción de un árbol real podría interpretarse incluso en relación con el land art de los años sesenta y setenta que, bajo la denominación de earth works (trabajos de tierra), amparaba la inclusión de elementos naturales en el contexto de la galería.

Katharina Grosse en la exposición de La Llontja. Bruno Daureo

David Barro habla de “pintura expandida”. Esta denominación remite a un momento, entre las décadas de 1960 y 1970, en que se difuminaron las fronteras entre pintura y escultura, entre contexto y objeto artístico. Fue la era de la performance, el happening y las instalaciones.

Katharina Grosse, que nació en los sesenta, se formó cuando ya estaba integrada la herencia de todo aquello, y su trabajo incorpora las consecuencias de la progresiva ampliación de las prácticas artísticas.

Estos debates pueden sonar especializados, pero Arrels se expone en un escenario inusualmente concurrido: la Lonja construida entre 1426 y 1452, que antaño funcionó como sede del Colegio de Mercaderes y del gobierno insular. Este bellísimo edificio es hoy una de las grandes atracciones de la muy turística ciudad de Palma, lo que concita un público muy heterogéneo y generalmente alejado del mundo del arte contemporáneo.

El trabajo de Katharina Grosse, de este modo, dialoga con un lugar que supone un reto: exponerse ante la mirada de miles de personas que han ido a ver un elemento patrimonial del siglo XV y que, sorpresivamente, se encuentran con una obra de arte actual. Parece que el contraste ha sido de su agrado, y el hecho de que algunos roben piedrecitas de colores puede incluso interpretarse como un deseo de llevarse un recuerdo de la experiencia.

Detalle de la instalación de Katharina Grosse en La Llontja. Bruno Daureo

Para el comisario, esta obra será considerada por la historiografía como uno de sus trabajos importantes, debido a su diálogo con un edificio histórico, algo que apenas ha abordado en su trayectoria creativa.

La propuesta de Arrels plantea un complejo juego de equilibrios: entre paisaje y abstracción y entre pintura e instalación. Entre el discurso del arte contemporáneo y la recepción de un público de masas, dentro de un contexto turistificado. Entre la gestión del patrimonio y la programación del arte actual. Esta situación liminal tiene una expresión también organizativa, a través de la coproducción de la muestra por parte del gobierno balear, a quien pertenece la Lonja.

Tuvimos la oportunidad, después de que se cerrara la sala, de ver la obra desde arriba. Los montículos de tierra parecían aplanarse, y se cerraban los contornos del dibujo configurado por las líneas de color. Desde la perspectiva de lo alto, la pintura expandida parecía más un cuadro. Siempre la cuestión está en el punto de vista.