¿Qué libro está leyendo?
En el taller: Filosofía y consuelo de la música, de Ramón Andrés. Al lado de la cama: La memoria vegetal, de Umberto Eco, y Borges esencial, que voy leyendo poco a poco.
¿Cuál es el libro que más le ha ‘autoayudado’?
Me resulta difícil elegir un solo libro. Recuerdo que me impresionaron mucho El hombre que se enamoró de la Luna, de Tom Spanbauer, y Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; leí ambos muy joven.
De no haber sido artista, ¿qué hubiera querido ser?
Puestos a pedir, me hubiera gustado estar constantemente viajando: ser un nómada, un flâneur.
Inaugura la temporada en la Nave 0 de Matadero Madrid con Bailad, bailad, malditos, una pista de baile apuntalada. ¿Nos sostiene o está a punto de derrumbarse?
Ambas, porque ambas son compatibles. Me gusta la idea de transformar la nave en una suerte de discoteca subterránea bajo una estructura cuyo derrumbe no vemos, pero presentimos. Da lo mismo si se sostiene o está a punto de derrumbarse: la sensación es apocalíptica.
Esta es su primera individual en una institución pública de Madrid. ¿Marca un momento clave en su carrera?
No pienso en mi trayectoria como una carrera. Los dos últimos años han sido especialmente duros, pero empiezo a salir del desierto. Nunca he sentido el mundo tan extraño como ahora.
¿Cómo ha sido trabajar en una cámara frigorífica del matadero que además conserva las huellas de un incendio?
El reto es grande, pero lo he disfrutado mucho. Es el trabajo más experimental que he hecho porque me he permitido mucha libertad . Hemos intentado dar voz a todas las heridas, marcas y manchas de la Nave 0.
Cuéntenos un fracaso fértil que hoy defienda.
He tenido muchos fracasos y supongo que pensar que fueron fértiles es una manera de afrontarlos, aunque sea mentira.
Un acontecimiento histórico que le habría gustado vivir in situ. ¿Por qué?
Ver el Blond Ambition Tour de Madonna en directo cuando tenía 15 años.
Una canción que se ponga en bucle estos días.
Muchas. Una mañana, de José José, es un clásico Aires. Amo el aria Vedrò con mio diletto, cantada por Philippe Jaroussky; casi todo de Björk.
¿Cuál es la serie que ha devorado más rápido?
Te confieso que no he visto muchas series.
¿En qué película se quedaría a vivir y en cuál no aguantaría ni un minuto?
Me hubiera encantado ser un personaje de Las amistades peligrosas, Tron, La dolce vita, Mujeres al borde de un ataque de nervios o alguna de Antonioni o Rohmer. No aguantaría algunas de las películas de mis directores favoritos: Salò, de Pasolini; Cassavetes, Herzog, Buñuel…
¿Ha experimentado alguna vez el síndrome de Stendhal?
Sí, en Roma. También delante de la inmensidad de paisajes de Sudáfrica. Y buceando en el Mar Rojo.
No se muerda la lengua, díganos algo que ya no soporte del mundillo cultural.
La envidia, pero es algo más nacional que cultural. Me sorprende lo poco que mucha gente se alegra de los éxitos de otros.
Una obra sobrevalorada.
Me gusta muchísimo Marcel Duchamp, pero, sinceramente, creo que el urinario está realmente sobrevalorado.
Un placer cultural culpable.
Decir que te gustaba Sade no estaba bien visto, no es música para hombres.
¿Cuál es la última exposición a la que ha ido?
La de Aurèlia Muñoz. Simplemente espectacular.
¿La inteligencia artificial matará la creación artística?
No. Espero que no mate el planeta por su impacto ecológico y que se desarrollen tecnologías que minimicen al máximo ese impacto.
España es un país…
De pandereta.
