¿Puede España pensarse colonizadora y colonizada a la vez? ¿Es la descolonización la nueva retórica de moda de los museos? ¿Tiene sentido hablar en estos términos dicotómicos cuando la cultura es, en realidad, un proceso de contaminación y apropiacionismo?
Algunas de estas preguntas se plantean estos tres creadores estratosféricos que aterrizan su platillo volante en La Casa Encendida.
La Chola Poblete (Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1989), pintora, escultora, performer, diva trans e indígena, reconocidísima desde que recibió una mención especial del jurado en la 60.ª Bienal de Venecia.
Qué decir de Niño de Elche (Elche, 1985): amado y odiado, revolucionario del flamenco, cantaor de todos los palos. Y de Pedro G. Romero (Aracena, Huelva, 1964), flamencólogo ilustrado, artista de los resquicios, quizá el mayor conocedor de la historiografía flamenca, de sabiduría enciclopédica.
Juntos presentan continentes como semillas, una exposición que viene del centro de arte e investigación CARA, en Nueva York. Pasamos con los tres un ratito de lujo.
La instalación de la Chola Poblete en Nueva York.
“Manuela [Moscoso, la comisaria] es muy responsable de este guiso. Nosotros ya habíamos expuesto nuestra instalación sonora en Sídney y Manila y a ella se le ocurrió invitar a La Chola, que le dio mucho empaque al proyecto y diseñó una formalización, una especie de cajas para nuestros altavoces. A raíz de trabajar con ella, ya no concebimos esa pieza si no es con otros. Cuando fuimos a México nos buscamos tres ‘cholas’ para colaborar”, dice Pedro G. sobre la semilla del proyecto.
“Creo que Manuela –añade La Chola– lo que vio que compartíamos fue el tema de la colonización a la inversa. Hay algo que nos une que tiene que ver con el gesto inmediato, con algo íntimo que se vuelve colectivo. Mis dibujos se expanden por las paredes y se entrelazan con la obra de los chicos, la exposición es un diálogo fluido entre las piezas”.
“Compartimos el tema de la colonización a la inversa. Nos une lo íntimo que se vuelve colectivo” La Chola Poblete
“Yo –afirma el Niño– soy un artista performativo en su término más amplio”. “Más que en su término más amplio, en su término más concreto”, le interrumpe Pedro G. entre risas. “Me baso en lo que quiero contar; luego llega el modo. Con 20 años ya hacía performance y Pedro G. me acercó a las tensiones de la historia del género, pero no me ha interesado el academicismo del flamenco. Me ha aburrido bastante, de hecho”.
La pieza que presentan Pedro G. y Niño de Elche –una obra sonora– investiga el flamenco en el Pacífico, con toda la controversia que puede generar. Pedro G. nos destripa los entresijos de su creación: “Casi suena a gag, a broma, ya que todas las islas se llaman las Marianas, las Filipinas, nombres de reyes españoles… Lo colonizador y lo colonizado se contaminan continuamente”.
Niño de Elche en un momento de su 'performance' en Nueva York.
Sadopítna, o sea, antípodas, puesto del revés y boca abajo, como así se titula, consiste en unos altavoces que homenajean a Robert Morris, quien hizo una obra sonora y fue a presentarla, con forma de caja, al galerista Leo Castelli: “Lo que hemos hecho es cambiar la tela neutra que puso Morris por mantones de Manila, pero del revés, que, por cierto, ¡llevamos una aventura con los mantones!: se han perdido, se han estropeado, ha pasado de todo”.
“Nuestro punto de partida no fue Robert Morris –añade el Niño–, sino hacer un flamenco del revés, un flamenco de las antípodas. ¿Cómo podíamos hacerlo de un modo instalativo?”.
Una vista de la exposición.
El mantón de Manila es uno de los símbolos de los que se han apropiado, también, ambos artistas: producidos en China, transportados por los galeones filipinos que conectaban Asia, América y Europa, se convirtieron en esencia del folclore español. Es aquí cuando abrimos el melón de la posibilidad (o no) de descolonizar nuestros museos.
“Hace poco estábamos en un bar hablando de esto y los de al lado preguntaron: ‘¿Pero colonia o perfume?, ¿de qué estáis hablando?’”, cuenta Pedro G. con la gracia que le caracteriza.
“No me ha interesado el academicismo del flamenco. Me ha aburrido bastante, de hecho”. Niño de Elche
“Lo que nos interesa de este tema es cómo el flamenco es, a la vez, un arte producto de la colonización”, continúa explicando. Se nos olvida que, en 1492, cuando llegó Colón a América, Granada acababa de dejar de ser reino nazarí. Andalucía o Canarias ya estaban siendo colonizadas en los mismos términos que el continente americano.
Ahí aparece un tráfico de músicas relacionadas con la esclavitud, en una situación de neocolonialismo para España. Y el flamenco nace de los gitanos, en el siglo XIX, cuando Andalucía pierde los puertos y el tráfico con América y España mira al norte, vienen las empresas alemanas y francesas que se quedan con todos los vinos y nos recolonizan.
“Los gitanos asumen unas músicas tomadas del trabajo esclavo y ellos, desde una posición subalterna, las transforman. Ese doble papel de colonizador y colonizado hay que entenderlo por cómo opera el flamenco, de ahí su complejidad. Es absurdo que los británicos piensen que no han sido colonizados, que solo ha sucedido con los pueblos de color, pero los de Gales han sido tan colonizados como los del golfo de Guinea. Esa violencia estructural ha existido y a nosotros nos interesa mucho. En el Pacífico eso se puede ver de un modo delirante”.
“¿Ser capaz de descolonizar el Museo de América? ¿Cómo hacemos eso cuando el origen de los museos es precisamente ese, la colonización y expolio napoleónico?”, se cuestiona Pedro G.
“El mundo del flamenco es más rancio incluso que el del arte. No somos unos niñatos que queremos provocar” Pedro G. Romero
Sorprende la reflexión de La Chola que, lejos de defender la descolonización museológica, habla desde lo personal: “A mí me viene a la cabeza el tema de trabajar en el margen o sentirse marginada. Se me ha preguntado mucho si, por el hecho de ser una persona racializada en un cuerpo travesti, me daban un cupo de visibilidad o si realmente tenía talento. Quiero habitar un espacio en las instituciones donde poder ser disruptiva y poder hacer lo que se me cante. Mi cuerpo travesti sudaca en una institución como LCE se entrelaza con la idea de los gitanos y sus cuerpos al margen. Yo digo que, cuando quieren ver una víctima, soy una diva”.
La Chola no realiza una obra que pida permiso. Hay algo punk en su hacer, rebelde en ese gesto inmediato, en ese grafiti rápido de calle que deviene político. La artista apunta cómo el sistema marginal, incluso el LGTBQ+ replica, paradójicamente, lo binario.
Lo disidente es un leitmotiv para los tres. Una condición que les permite trabajar con libertad y en la que se sienten cómodos, teniendo en cuenta que tanto el flamenco como el tango argentino o incluso el toreo surgen del margen y acaban institucionalizándose. Lo que importa es esa complejidad, cómo los gitanos, a los que hemos querido siempre expulsar, son los creadores de algo que forma parte esencial de nuestra identidad.
“El núcleo del trabajo duro que hemos hecho Paco [nombre de pila del Niño de Elche] y yo es investigar, por ejemplo, cómo en Filipinas la música popular es el pandango (nuestro fandango) o cómo la cachucha española sobrevive allí. Son nueve casos reales a partir de los cuales construimos un paisaje sonoro de las músicas que íbamos encontrando”, apunta Pedro G.
En la complejidad se encuentran los pulsos y tensiones que construyen los procesos. “La propia sustancia te va dando el lío”, sentencia el onubense. Y añade:“El mundo del flamenco es más rancio incluso que el del arte. Nosotros lo llevamos a una cierta madurez; no somos unos niñatos que queremos provocar. ‘La verdad produce escándalo’, como dijo Cristo”.
El Niño apunta su disfrute en torno a la especulación “sobre cómo podía sonar ese protoflamenco de las antípodas. Ese pensamiento te desplaza de lo estándar”, afirma. “Yo soy un músico del experimento, más que experimental. No trabajo con los estándares. Hay mucho prejuicio; en realidad, todo mi trabajo tiene que ver con lo textual”.
Para terminar les preguntamos por sus futuros proyectos, que son muchos. Podemos ver actualmente las pinturas más abstractas de La Chola en la galería Travesía 4, un trabajo que intenta reposar su implicación biográfica y abandonar la performance por un tiempo; el Niño está a punto de sacar un libro, además de un nuevo disco con Refree, un proyecto sobre san Juan de la Cruz y otro con Paul B. Preciado.
Pedro G. prepara el último capítulo de Flamenco García Lorca en cinco museos de Granada y estrena en San Sebastián la película Jaleos dirigida por Isaki Lacuesta, en la que ha participado como guionista. Tres artistas, tres cuerpos extraños en la maquinaria de lo establecido y una misma voluntad de cuestionar lo dado. Porque quizá de eso vaya todo este viaje a las antípodas: de descubrir que, cuando se da la vuelta al mapa, los márgenes también ocupan el centro.
