The Defeated es la exposición que ocupa, durante el otoño de este año, todo el espacio expositivo de Bonniers Konsthall en Estocolmo. Un otoño en Suecia marcado por unas elecciones, el 13 de septiembre, que ofrecen –a priori– dos posibles escenarios: una coalición de izquierdas con una difícil tendencia hacia el centro, o una coalición de derechas con un partido de ultraderecha asumiendo doce puestos ministeriales.
Algunas semanas antes de las elecciones, Bonniers Konsthall abre esta exposición, que propone realizar una serie de recorridos históricos y, a la vez, subjetivos en torno a las relaciones entre cultura, arte, estética y luchas políticas.
La muestra encuentra en la figura de Peter Weiss un pivote desde el que bascular. A través de sus novelas, su teatro, sus viajes y su vinculación política, Peter Weiss (1916-1982) se convierte, en esta exposición colectiva, en un lugar desde el que mirar tanto la historia como el presente. Sus textos, su vida y materiales de archivo van marcando un recorrido construido más desde la fragilidad que desde el heroísmo.
El trío curatorial detrás de la exposición, compuesto por Kim West (investigador académico), François Piron (comisario) y Joanna Nordin (directora de Bonniers Konsthall), empieza el recorrido con una mirada histórica a la figura de Weiss: sus contactos con la pintura y el collage, pero, sobre todo, sus libros.
Destacan la novela Los derrotados –una aproximación casi onírica después de visitar el horror de un Berlín destrozado durante la guerra–, así como La estética de la resistencia, seguramente su obra magna en tres volúmenes, entre lo que sería una novela y un estudio casi paranoico-surrealista de la historia y la política a partes iguales.
Jean Luc Godard (still)
Peter Weiss y Gunilla Palmstierna-Weiss (su pareja y, como suele ocurrir en estos casos, una figura bastante silenciada históricamente) ofrecen un marco incomparable para definir una exposición en la que la obra de artistas contemporáneos se debate entre la voluntad de comentar la política actual y el deseo de complejizar la relación con la historia y el presente.
El activismo cultural de Weiss durante la guerra de Vietnam y su participación en la solidaridad global, su deseo de observar distintos momentos históricos, desde el panafricanismo hasta aquel entonces nuevo mundo posible con Moscú en el retrovisor, se convierten en esta exposición en situaciones desde las que preguntarse cuál es la posición del arte y la estética y cuál es su función. La creación artística, en el caso de Peter Weiss, es algo así como un activismo complejo, con una función más intelectual que educativa o propagandística.
La exposición sitúa momentos históricos vividos por Weiss en paralelo a la mirada de artistas contemporáneos sobre el horror en Gaza, el actual peso de lo económico frente a lo político y lo olvidadizo de la historia, a través del trabajo de Asier Mendizabal, Harun Farocki, Zbynek Baladrán, Öyvind Fahlström, Christoffer Paues, Jean-Luc Godard y Daniela Ortiz, entre otros.
Seguramente sea el trabajo de Daniela Ortiz el más confrontativo de la exposición, con una obra que muestra el linaje directo y sin pausa entre el fabricante de armas Krupp, su vinculación con el nazismo y su continuidad con Thyssen-Krupp.
Vista de la exposición.
De Baladrán se presentan unas cincuenta pinturas amontonadas y diagramas que el artista utiliza para intentar adivinar cuándo y dónde llegará el siguiente bombardeo en Gaza. Christoffer Paues, con su Six Antifascist Flags, construye una gramática o un sistema de lectura tanto para la exposición como para La estética de la resistencia de Weiss: los colores de la bandera republicana española comparten espacio con una estrella de la bandera de Vietnam.
Resulta extremadamente interesante ver los vínculos entre artistas históricos, como es el caso de Fahlström y Weiss, quienes compartieron tiempo y amistad, pero trabajaron con métodos que, pasado el tiempo, parecen acercarlos en sus diferencias estéticas: si Fahlström construye mapas/pinturas de mundos con una estética cercana al cómic y a una idea política del pop, Weiss desea explicar ese mismo mundo desde un teatro despiezado.
Kateryna Lysovenko: 'Madness of fascism', 2026
La idea de una estética de la confrontación o de un análisis político ha sido tratada recientemente en exposiciones como Global Fascisms en HKW, en Berlín; el grupo de estudio Estéticas de la paz y tácticas de deserción en el Museo Reina Sofía; o en el análisis combinado de las exposiciones Liberation Radio y Harun Farocki en Index Foundation en Estocolmo.
Farocki, también expuesto actualmente en Tabakalera, en San Sebastián, aparece mediante una película en la que Weiss y Farocki hablan sobre el proceso de escritura y la necesidad de saber explicarse a partir de un conocimiento profundo del contexto.
Y aquí hay algo que define el presente y una voluntad desde el arte y algunas de sus instituciones: en todas estas propuestas hay un salto entre tiempos y una mirada sobre la actualidad apoyada en momentos anteriores.
Vietnam nos sirve para hablar de Gaza, el Holocausto para hablar de economía y ética hoy, la estética comunista para observar la implicación del arte con la actualidad y, también, cómo lo propagandístico olvida lo complejo.
