Una persona tarda, de media, unos tres minutos en cepillarse los dientes. La mitad de este tiempo, apenas 90 segundos, fue lo que necesitaron para lograr su objetivo los ladrones que la noche del 27 al 28 de julio de este año entraron en la sala de arqueología del Museo Provincial de Albacete. Un poco más, cuatro minutos, fue lo que requirieron los criminales que, justo un mes después, la madrugada del 27 de agosto, asaltaron el museo de Villena (Alicante).
En el primer caso, la recompensa es mantener un hábito básico de higiene. En los otros dos, el botín es mucho mayor: en Albacete se sustrajeron 222 monedas de oro, en el municipio alicantino, 59 objetos de oro, el llamado "tesoro de Villena".
No han sido los únicos crímenes de estas características ocurridos en lo que va de año. La lamentable tendencia comenzó en junio, cuando el Museo Arqueológico de Badajoz perdió el Tesoro de Villanueva (144 monedas de oro de 22 kilates) en un robo que duró siete minutos.
El valor del material robado en sí es incalculable, aunque algunos expertos se animan a estimar unos 20 millones de euros en el caso del Tesoro de Villena. No obstante, las autoridades le auguran un lamentable futuro a estas piezas: con el valor del oro por las nubes, es muy probable que los objetos sean fundidos y vendidos no como piezas arqueológicas irremplazables, sino por onzas o lingotes. Los 9,8 kilos de Villena, por ejemplo, tienen un valor de más de 1 millón de euros en el mercado del oro.
El brevísimo lapso de tiempo que necesitaron los criminales para sustraer un botín de tales dimensiones quita el hipo. De hecho, la aparente solvencia con la que los ladrones superaron todas las medidas de seguridad, con el añadido de la rapidez, ha reavivado el debate sobre la idoneidad de que el patrimonio español se atomice por los museos locales y provinciales de todo el país según el principio de proximidad (de acuerdo al cual la pieza la custodian los municipios más cercanos al yacimiento donde se haya descubierto el material).
"¿No sería mejor que los hallazgos de mayor valor económico se reúnan en Museos Nacionales como el Museo Nacional de Arqueología, donde quede garantizada su seguridad?", se preguntan las voces críticas.
El arqueólogo Francisco García del Junco, autor de Arqueología, tesoros y tumbas (Almuzara, 2018) y el más reciente Los robos de Napoleón en España (La Esfera de los Libros, 2026), es de esta opinión: "Es para echarse las manos a la cabeza que un tesoro de las características del de Villena, de un valor tan alto, haya estado en un museo de un pueblo de 34.000 habitantes sin vigilancia nocturna en lugar de en el Arqueológico Nacional, uno de los museos arqueológicos más prestigiosos del mundo".
"Es para echarse las manos a la cabeza que un tesoro como el de Villena estuviera en un museo de un pueblo de 34.000 habitantes y no en el Arqueológico Nacional". Francisco García del Junco
Sin embargo, matiza: "No creo que haya que vaciar los museos locales, la mayoría de piezas se pueden quedar ahí sin problemas, pero hay excepciones, como el tesoro de Villena, único en su especie y que por sus características corre un riesgo especial, que deberían tratarse de forma especial".
Para el arqueólogo, profesor en la Universidad de Córdoba, el único motivo para que el patrimonio arqueológico se disperse según el principio de proximidad se debe a "unos políticos en general y un Ministro de Cultura en particular que piensan más en modas y en satisfacer a sus posibles votantes" que en el riesgo que corren "unas piezas que son de un valor incalculable". El patrimonio arqueológico, continúa "es lo de menos para ellos".
Aduce, además, que el Museo Arqueológico Nacional (MAN) reúne unas medidas de seguridad impensables para un museo municipal. "No es simplemente que al romper una vitrina salte una alarma. Es que por las noches hay sensores de movimiento e incluso de temperatura, vigilancia las 24 horas... No es que no se pueda robar, en todos los museos se puede robar, pero es infinitamente más difícil".
Además, añade una desventaja más en la dispersión del patrimonio: "Dificulta exponencialmente el estudio académico. Si un arqueólogo quiere realizar un ensayo sobre la Edad de Bronce, tiene que viajar de municipio en municipio por todo el país".
"Lo que no puede ser es que seamos tan incautos como para ver que claramente algo no está funcionando y seguir con el mismo sistema esperando diferentes resultados. Queda claro que los museos locales no pueden hacerse cargo de tesoros de ese calibre con las garantías que deberían", concluye.
De postura diametralmente opuesta es Fernando Luis Fontes Blanco, director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT). Con una abultada trayectoria en la curaduría y la gestión museística que le ha llevado a dirigir el Museo Santa Cruz de Toledo y sus museos filiales y a estar al frente de los departamentos de documentación y conservación del MAN, sostiene que "los Museos Nacionales son igual de inseguros que los locales": "El Museo del Prado, el Louvre, el Museo Británico... todos han sufrido robos en el pasado".
"Los Museos Nacionales son igual de inseguros que los locales". Fernando Luis Fontes Blanco
"Se está aprovechando esta coyuntura para provocar una tendencia de regreso de las piezas a los Museos Nacionales. Eso no tiene ningún sentido, porque los Museos Nacionales son producto de un contexto histórico determinado que se dio en el pasado. Ahora hay otro muy distinto", defiende. "Lo que hay que hacer es invertir seriamente en la seguridad de los museos locales".
Manuel Pimentel, autor de Arqueomanía. Historias de la arqueología y presentador del programa de La 2 Arqueomanía coincide con lo dicho por el director del MUNCYT: "Las piezas deben estar seguras estén donde estén. No es tan importante el dónde como el cómo. Han robado en el Louvre, que es Nacional, en Badajoz, que es Provincial y en Villena, que es Municipal. Es decir, en los tres niveles".
"Una pieza arqueológica tiene mucho valor económico, sentimental, identitario y cultural", argumenta el que fuera Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales con Aznar, ahora reconvertido en divulgador arqueológico. "Al despojar a la zona de su obra se la saca de contexto. Al lugar le quitas un patrimonio de un valor simbólico muy importante para la población, que además puede reportar beneficio económico en la región gracias al turismo que atraiga".
Tanto para Pimentel como para Fontes la solución más viable para prevenir futuros casos como el de Villena o Badajoz pasa por seguir "la vía del Tesoro del Carambolo", un conjunto de 21 piezas de oro guardadas en una cámara blindada de un banco privado en Sevilla, con réplicas expuestas en el museo arqueológico de la capital andaluza. "Las copias que se hacen hoy en día son perfectas", señala el director del MUNCYT. "Da igual la seguridad que se quiera tener en un museo, los materiales con riesgo de ser fundidos siempre van a estar en peligro. Lo mejor es exponer reproducciones en esos casos", dice Pimentel.
"Al despojar a la zona de su obra se la saca de contexto". Manuel Pimentel
Según Fontes, no hay vitrina ni medida de seguridad que pueda proteger un museo de ladrones con el grado de especialización que han demostrado los responsables de los tres robos de este verano en España. "Son bandas con un nivel de profesionalización muy alto. Probablemente fueran los mismos autores en los tres casos. El Museo Provincial de Albacete tenía un vigilante. ¿Y qué importó? Eran cuatro hombres, probablemente armados. ¿Qué puede hacer un hombre con solo una porra frente a eso? Su única posibilidad era llamar a la policía, y eso es lo que hizo".
"Ante eso, la única salida son las réplicas", explica el director del MUNCYT. "No con todas las piezas. Nadie robaría Las meninas o La dama de Elche porque sería imposible darles salida en el mercado negro. Pero en los objetos hechos con materiales preciosos sí que es imperante un cambio en este sentido".
Sin embargo, García del Junco, para quien no se ha de mezclar los casos excepcionales de robos en Museos Nacionales con los ya recurrentes desvalijamientos de museos locales, descarta la solución propuesta por los otros dos especialistas consultados: "No creo que nadie esté interesado en ver una falsificación. Desde luego, la parte positiva es que estaría totalmente protegido, pero, entonces, ¿para qué tenerlo si nadie excepto algunos privilegiados lo pueden ver?".
