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Sin duda, es la exposición del verano. Fresquita y chisporroteante, excelentemente montada, sorprende al no volver a incidir de nuevo sobre lo ya sabido.

Ouka Leele & Co. Mitologías modernas

Alcalá 31. Madrid. Comisario: Julio Pérez Manzanares. Hasta el 18 de octubre

La Movida madrileña se articula aquí alrededor del sol apagado hace cuatro años de Ouka Leele –es decir, Bárbara Allende (1957-2022)–, quien tomó su nombre precisamente de una estrella que imaginó El Hortelano en un dibujo y que, por cierto, está en la exposición bajo el título Europa Requiem (Ouka Leele), de 1977.

Dos años de trabajo le ha llevado a Julio Pérez Manzanares, su comisario, desarrollar esta historia un tanto periférica y lateral, ya que evita los lugares comunes de la Movida para llevarnos, a través de una plaza llena de columnas rosa fucsia empolvado, a sus raíces mitológicas en la ciudad de Madrid.

De hecho, la pieza que vertebra todo es la famosa fotografía de Leele en la Cibeles, Rappelle-toi, Bárbara (1987).

“Entonces preparé todo un trabajo con dibujos, textos… y me fui a ver al alcalde de Madrid, que en ese momento era Barranco. Hice tres manzanas de bronce porque en la historia de Ovidio hay tres manzanas de oro. Le conté la idea y me dijo que le apetecía muchísimo, que incluso podía parar el tráfico, lo que yo quisiera”, cuenta la propia artista en un testimonio recogido en el texto comisarial del catálogo.

Ouka Leele: 'Rapelle-toi, Bárbara', 1987. Ouka Leele, VEGAP, Madrid 2026

Un tomo que también incluye un emocionante texto de su hija, María Rosenfeldt, impreso en papel rosa. La fotografía es un homenaje a Madrid que replantea los vínculos entre gestión política y arte, con la nostalgia de una sinergia que fue y que, por qué no, podría volver a ser.

La entrada a la exposición, además, apetece. Animal Studio (Javi Jiménez Iniesta) ha creado una gran plaza rosa, a medio camino entre La Muralla Roja de Ricardo Bofill y una arquitectura como de un Giorgio de Chirico metafísico y pop.

En sus hornacinas hay, una en cada entrada, cinco televisores de tubo catódico que muestran fragmentos del famoso programa La edad de oro, con entrevistas a los artistas que protagonizan la planta cero.

La arquitectura efímera es estupenda, declinando con maestría las complicaciones de un espacio tan connotado y complejo como es Alcalá 31.

Un poco laberíntico pero ordenado, el recorrido lo decide el espectador, que debe elegir si entrar por la puerta de Ouka Leele –con su nombre brillante en neón blanco–, la de El Hortelano, la de Sigfrido Martín Begué, la de Carlos Blanco o la de Ceesepe.

Antes de cruzar el umbral nos recibe la serie Esfinges (1985) de Miluca Sanz, que nos traslada a una gramática de los ochenta donde la pintura reina.

Nos cuenta Pérez Manzanares que uno de los principales retos del proyecto, motivo por el cual se retrasó su inauguración, fue articular la gran cantidad de préstamos que conforman esta muestra: más de veinte entidades públicas y privadas han cedido obra, entre las que se encuentra El Deseo (la productora de Pedro y Agustín Almodóvar), el Reina Sofía, Artium o el Helga de Alvear.

La fotógrafa pintora o la pintora fotógrafa nos lleva de la mano a la Nueva Figuración Madrileña, que nace a partir de la influencia de Luis Gordillo y de la actividad de Juan Antonio Aguirre y la galería Buades.

Sigfrido Martin Begué: 'Santa Lucía', 1985. Sigfrido Martín Begué, VEGAP, Madrid 2026

Nombres como Carlos Franco –más de la primera generación–, Carlos Alcolea, Guillermo Pérez Villalta, Alfonso Albacete (con un genial Narciso I, un vórtice de pinceladas que gira sobre sí mismo y que observa, de lejos, un pequeño templo griego de 1986), Manolo Quejido, Dis Berlin y Patricia Gadea.

Sorprende no encontrar nada de Alberto García-Alix (a excepción de un retrato de Ceesepe), aunque, como decimos, se esquiva lo obvio.

Lo mitológico se vuelve fundacional en esta Nueva Figuración que lee apasionadamente sus historias apropiándose de su valor simbólico.

Citas, alegorías y reconstrucciones son los caminos que toman para reimaginar lenguajes pictóricos antiguos con el pop, el cómic, el underground barcelonés de El Rrollo con lo castizo; lo sublime con lo cotidiano, el barroco con el trash, el surrealismo con la “historieta sucia” o el Siglo de Oro con la posmodernidad.

En definitiva, la alta y la baja cultura girando enrabiadas en espiral a gran velocidad.

El espectador puede disfrutar de más de cien –estupendas y bien seleccionadas– piezas que releen lo mitológico como un lugar fundacional en la Movida y en la Nueva Figuración Madrileña.

El Hortelano, 'Europa Requiem (Ouka Leele)', 1977. El Hortelano, VEGAP, Madrid 2026

Un anclaje temático que, más allá de una excusa, bucea en los orígenes y en la identidad de nuestra cultura occidental (en concreto la madrileña) como una construcción natural.

Mezcla géneros como la fotografía, la pintura, la publicidad, el diseño o el cuadro mitológico, pero, sobre todo, explora la ingente fuente de creatividad que alimentó la pintura de esta época, hija de una opresora dictadura en la que empapaban sus ansias de libertad.

Una vista del montaje. M. Marco