El presidente del BCE, Mario Draghi

El presidente del BCE, Mario Draghi

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La traca final de Draghi: el BCE baja los tipos y reactiva las compras de deuda pública

En su penúltima reunión antes de dejar el cargo, el banquero italiano pone en marcha otra ronda de estímulos monetarios para combatir el frenazo en la eurozona.

Bruselas

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Mario Draghi (Roma, 72 años), el hombre al que se le atribuye la salvación del euro en 2012 con sus palabras mágicas - "Haremos lo que sea necesario. Y créame, será suficiente"- ha querido despedirse del cargo con una traca final. En su penúltima reunión antes de dejar paso a Christine Lagarde el 1 de noviembre, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) ha logrado aprobar este jueves otra ronda de estímulos monetarios cuyo objetivo es combatir el frenazo económico en la eurozona, que roza ya la recesión en países como Alemania

El arsenal desplegado por el banquero italiano incluye: una bajada de los tipos de interés (la facilidad de depósito, que se aplica a la liquidez que la banca aparca en el BCE, cae del -0,4% al -0,5%); la reactivación del programa de deuda pública que concluyó el pasado diciembre (20.000 millones al mes a partir de noviembre y sin fecha final); y medidas para compensar el impacto de los tipos negativos en la banca.

Además, el BCE vuelve a aplazar el horizonte de una subida del precio del dinero: no habrá incrementos hasta que la inflación se acerque al objetivo del 2%. Hasta ahora, la fecha prevista para empezar a aumentar los tipos era la segunda mitad de 2020.

"Las decisiones de hoy se han tomado en respuesta al continuado déficit de inflación respecto a nuestro objetivo. De hecho, la información que nos ha llegado desde la última reunión del Consejo de Gobierno indica una debilidad más prolongada en la economía de la eurozona, la persistencia de importantes riesgos a la baja y débiles presiones inflacionistas", ha dicho Draghi en rueda de prensa. "La probabilidad de una recesión es pequeña pero ha aumentado", sostiene.

De hecho, el BCE ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento e inflación debido a la incertidumbre provocada por la guerra comercial entre EEUU y China, las tensiones geopolíticas y la vulnerabilidad de los mercados emergentes. La eurozona apenas se expandirá un 1,1% este año, un 1,2% en 2020 y un 1,4% en 2021; mientras que la inflación será del 1,2% este año, el 1% en 2020 y el 1,5% en 2021, muy lejos de la meta del 2%.

La oposición de los halcones

Para disparar esta salva final de dinero barato, Draghi ha tenido que pasar por encima de la resistencia de los halcones monetarios, los banqueros centrales más duros. Sobre todo del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, pero también sus homólogos de Holanda, Austria o Estonia. Todos ellos sostienen que la situación en la eurozona no es tan desesperada y que algunas de las medidas (en particular la compra de deuda) son cada vez más ineficaces y tienen crecientes efectos secundarios indeseados.

Pese a estas dudas, el banquero italiano ha logrado imponer su punto de vista gracias al apoyo, entre otros, del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. Draghi ha explicado que hubo un "amplio acuerdo" en el Consejo de Gobierno sobre el recorte de tipos y "más diversidad de puntos de vista" en el caso de la compra de deuda. Pero al final "no fue necesario votar porque había una mayoría significativa", ha señalado.

La primera medida en el paquete de estímulos es un recorte en el tipo de la facilidad de depósito del -0,4% al -0,5%. Esta es la tasa que se aplica a los bancos por depositar su exceso de liquidez en Fráncfort. El hecho de que sea negativa significa que las entidades no sólo no reciben ninguna remuneración sino que tienen que pagar por sus depósitos. El objetivo de esta nueva rebaja, la primera desde 2016, es animar a las entidades a prestar más dinero en condiciones más ventajosas a consumidores y empresas y evitar así la penalización.

No obstante, por primera vez el BCE admite que los tipos negativos están teniendo un impacto perjudicial en la banca, ya que socavan su rentabilidad. Por eso, el Consejo de Gobierno ha aprobado un sistema de tramos según el cual una parte de los depósitos de los bancos quedan exentos de los tipos negativos

"Los tipos negativos han sido una experiencia muy positiva a la hora de estimular el crecimiento y la inflación. Pero está claro que tienen efectos secundarios negativos. No es que queramos proteger los beneficios de los bancos, pero sí la transmisión adecuada del canal del crédito. Es es la filosofía detrás de las medidas mitigadoras que hemos discutido y aprobado hoy", explica Draghi.

El tipo de interés principal seguirá en su nivel mínimo del 0%, mientras la facilidad marginal de crédito, que determina el coste de la liquidez a un día, se mantiene en el 0,25%.

Además, Draghi ha conseguido reactivar el programa de compra de deuda pública, mediante el cual el BCE adquirió 2,6 billones de euros entre 2015 y diciembre del año pasado. El objetivo de esta medida es reducir los costes de financiación para los Estados miembros y por ello beneficia especialmente a los países más endeudados, como España.

Las adquisiciones serán de 20.000 millones al mes por tiempo indefinido. "El Consejo de Gobierno espera que continúen durante todo el tiempo que sea necesario para reforzar el impacto acomodativo de su política de tipos y que terminen poco antes de que empiecen las subidas de tipos", dice el comunicado de Fráncfort.

Finalmente, el BCE mejora todavía más las condiciones de la nueva ronda de préstamos baratos y de larga duración (TLTROs, en la jerga de Fráncfort) para la banca que se pondrán en marcha a partir de este septiembre. Otra medida cuyo objetivo es impulsar el crédito barato en la eurozona.

Alemania debe gastar más para combatir la crisis

No obstante, el banquero italiano ha dejado claro que el BCE no puede hacerlo todo y ha pedido a los Gobiernos de la eurozona que actúen para combatir la ralentización económica. En particular, aquellos que tienen margen presupuestario como Alemania y  Holanda. "A la vista del debilitamiento de las perspectivas económicas y la continua preeminencia de los riesgos a la baja, los Gobiernos con espacio fiscal deben actuar de forma eficaz y en plazo", ha afirmado.

En cambio, los Estados miembros más endeudados -como España, Italia o Francia- no tienen margen para estímulos fiscales. "En los países donde la deuda pública es alta, los Gobiernos deben proseguir con políticas fiscales prudentes que creen las condiciones para que los estabilizadores automáticos operen libremente. Todos los países deben reforzar sus esfuerzos para lograr una composición de las finanzas públicas más propicia al crecimiento", sostiene Draghi.

Al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no le ha gustado esta nueva ronda de estímulos de Draghi porque cree que su objetivo es debilitar al euro frente al dólar para impulsar las exportaciones comunitarias. "El BCE, actuando rápidamente, recorta los tipos 10 puntos básicos. Están intentando, y lográndolo, depreciar el euro frente a un dólar muy fuerte, dañando las exportaciones de EEUU. Y mientras tanto la Reserva Federal se queda sentada. A ellos les pagan por tomar prestado dinero mientras que nosotros estamos pagando intereses", se ha quejado en Twitter.

Draghi ha contestado a Trump de inmediato: el objetivo de sus medidas no es en ningún caso manipular el tipo de cambio del euro.

¿Será suficiente este paquete de estímulos para evitar una recesión en la eurozona? ¿Tiene todavía eficacia la política monetaria o son mayores las contraindicaciones? ¿Le queda todavía munición a Lagarde si la situación empeora? Todas estas incógnitas son las que se encontrará la ex directora gerente del FMI cuando sustituya a Draghi el próximo 1 de noviembre.