Un coche eléctrico recargándose, en una foto de archivo.

Un coche eléctrico recargándose, en una foto de archivo.

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El coche eléctrico, ante su prueba de fuego en verano: ¿vale la pena adquirir uno?

El vehículo eléctrico lleva años siendo protagonista de medidas y ayudas del Gobierno, a nivel local y nacional, y ahora debe responder a esta apuesta.

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El coche eléctrico lleva años siendo protagonista de diversas medidas y ayudas de los gobiernos para favorecer su venta y uso. Estos beneficios se dan tanto a nivel local como a nivel nacional, y consisten en planes, como el Plan MOVES, el MUS II o el RENOVE, y en deducciones fiscales por su compra, entre otros.

Pese a que las instituciones de Gobierno en España han apostado fuerte por esta clase de movilidad sostenible durante los últimos años, no ha sido hasta el 2019 cuando el coche eléctrico ha ganado verdadera notoriedad con el debate sobre Madrid Central y la incertidumbre por los impuestos al diésel.

Las cifras lo demuestran. Según los datos de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), la matriculación de vehículos electrificados creció un 41% entre enero y junio de 2019, rozando las 94.000 unidades, frente a los 66.400 coches del mismo periodo de 2018.

Teniendo en cuenta este contexto de crecimiento para el coche eléctrico, no es atrevido señalar este verano como el momento en el que este tipo de automóviles deben demostrar si las apuestas realizadas desde los gobiernos han sido acertadas o deben ser consideradas como un fiasco.

Opiniones y dudas

El coche eléctrico aún genera ciertas dudas entre sus potenciales consumidores, que consideran que todavía no se dan las condiciones ideales para que todos los conductores cambien su vehículo de combustión por este otro automóvil.

La principal fuente de comentarios sobre el coche eléctrico es en relación a la autonomía de esta clase de vehículos, cuya batería se gasta al recorrer menos kilómetros de los que son capaces de recorrer los automóviles de combustión con un solo tanque.

A estos usuarios les preocupa que moverse con un vehículo impulsado por energía eléctrica sólo resulte práctico en las ciudades, donde los desplazamientos están más limitados en distancia, y que no puedan ser utilizados en viajes de una gran distancia.

También la escasez de infraestructuras de recarga, además de los tiempos necesarios para que la batería se cargue por completo, es uno de los motivos que despiertan quejas e incertidumbres entre los consumidores y potenciales clientes.

Estos periodos varían en función de la rapidez del surtidor de energía, pasando de los quince minutos de media de un surtidor de recarga rápida a las más de cinco horas que pueden ser necesarias en el caso de utilizar un punto de recarga lenta.

En cualquier caso, estos puntos no abundan. En España existen más de 4.500 puntos, pero son escasos para los que señala Deloitte que serían necesarios: si se pretende que circulen cinco millones de coches eléctricos por las carreteras españolas, estos usuarios deben tener a su disposición entre 65.000 y 95.000 puntos de recarga.

En tercer lugar, destaca las dudas de los potenciales usuarios respecto a la auténtica procedencia de la energía que consumen los coches eléctricos. Que es necesario enchufarlos para recargar las baterías lo conocen todos, pero cómo se produce esa energía que las alimenta les despierta incertidumbre.

Algunos dudan de la capacidad de España para producir la energía que sería necesaria para el funcionamiento del elevado número de coches eléctricos marcado como objetivo para 2030. Así, opinan que sería obligatorio recurrir a fuentes contaminantes para abastecer dicha flota, por lo que se perdería esa ventaja medioambiental.

Otros, sin embargo, no creen que haya que esperar al futuro para que se dé esa situación. Son varios los que consideran que la fuente de energía para este tipo de productos, actualmente, es contaminante, como el carbón o el petróleo, y que utilizar un coche eléctrico ahora mismo, por tanto, implica contaminación y grandes emisiones de igual manera.

Las medidas existentes para lograr una exitosa implantación del coche eléctrico en España también es fuente de quejas. Los potenciales usuarios consideran que debe desincentivarse el uso de vehículos de combustión de una forma más efectiva para lograr que la transición a la movilidad eléctrica ocurra finalmente.

Expertos del sector

Precisamente, el aspecto de las medidas y la incentivación es uno de los puntos destacados sobre los que hablaron los expertos del III Foro EL ESPAÑOL: Futuro del Sector Automoción. Señalaron que los consumidores continúan encontrándose barreras a la hora de apostar por una movilidad sostenible.

El panel de profesionales del sector que participó en el evento coincidía también en la idea de que el futuro de la movilidad debe apostar por la neutralidad energética, puesto que existen numerosas fuentes para impulsar los vehículos y cada uno debe optar por aquella que más se adapte a sus necesidades.

Asimismo, los expertos de la industria del motor denunciaron la demonización del diésel, al tratarse de un combustible muy eficiente con la llegada del diésel Euro 6. Esta situación, contraria a la que vive el coche eléctrico, fue tachada incluso de "peligrosa" por los ponentes del evento, con larga trayectoria en el sector. 

Asociaciones de usuarios

Las asociaciones de consumidores y usuarios existen en la práctica totalidad de los  sectores empresariales, y son una buena forma de conocer cómo se está comportando determinado producto de una industria concreta.

Según el Secretario de la Asociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos (AUVE), Héctor Rodríguez, "aquellos que han comenzado a utilizar un coche eléctrico están satisfechos con su elección", tanto que "no se plantean volver al vehículo de combustión".

Sin embargo, no niega los problemas relacionados con la autonomía de este tipo de automóviles, aunque afirma que estos sólo afectan a aquellos que desean realizar largos trayectos en coche. "El 80% de la población hace menos de 100 kilómetros al día, por lo que su actividad les permitiría usar un coche eléctrico sin tener problemas con la autonomía", explica.

Otro de los asuntos que preocupa a los usuarios de coche eléctrico, según explica Rodríguez, es la falta de infraestructuras de recarga rápida, que es "muy pobre", lo que afecta especialmente a los que recurran a su vehículo para desplazamientos de mucha distancia.

En AUVE esperan que la solución a este perjuicio llegue pronto, de cualquiera de las dos vías que atajarían el problema. La primera depende de las compañías energéticas, como Endesa o Iberdrola, que se han comprometido a implantar nuevos puntos de recarga rápida. 

La segunda procede de las estaciones de servicio, y viene de la mano de una nueva ley. Esta obligará a aquellas estaciones de servicio con un gran volumen de negocio es crear este tipo de puntos de recarga en sus instalaciones, aunque dispondrán de un plazo de 21 meses para ello.

Esta ley se aplica directamente a las nuevas estaciones de servicio, al igual que a los edificios de nueva construcción que tengan previsto en su proyecto la inclusión de plazas de garaje.

Camino por recorrer

Conociendo la situación actual del coche eléctrico en España, parece que aún le falta camino por recorrer para su completa implantación. El parque automovilístico aún está compuesto en su mayoría por coches de combustión, por lo que el proceso de descarbonización todavía se prevé largo.

Este hecho está respaldado por los datos de ventas del sector automovilístico. Si bien, como se menciona antes, los vehículos impulsados por energía eléctrica han aumentado de forma destacada sus transacciones, estas sólo suponen el 1,28% del total de las ventas de la industria del motor.

Un dato pequeño de por sí, y que lo es aún más si se compara con otros países de la Unión Europea. Así, en el país vecino de Portugal, el 3,44% de los automóviles que se venden son eléctricos, lo que sigue siendo una cifra minúscula comparada con la de Noruega, donde casi el 50% de los vehículos que se venden son eléctricos.