La revolución del bus eléctrico amenaza con forzar la segunda extinción del tranvía

La revolución del bus eléctrico amenaza con forzar la segunda extinción del tranvía

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La revolución del bus eléctrico amenaza con forzar la segunda extinción del tranvía

La versatilidad del autobús electrificado interurbano se impone a la rigidez de la icónica modalidad de transporte ferroviario.

Si el tranvía fuera un animal, en estos momentos ocuparía gran parte de la atención de la comunidad científica debido a que, este medio de transporte ferroviario, va camino de protagonizar su segunda extinción. Un fenómeno insólito tanto en el mundo animal como en el del transporte que, en este caso, tiene como causante a una nueva raza más preparada para los nuevos tiempos: el autobús eléctrico.

El origen del tranvía data de 1775. Este año el inglés John Outram puso en marcha un modo de transporte tirado por caballos que circulaba sobre raíles. Hubo que esperar casi 60 años para que el tranvía se popularizara por las grandes capitales. En 1832 la versión de John Mason comenzó a circular por las calles de Nueva York. 

En su momento, el tranvía fue un salto tecnológico de los más grandes vividos en la industria del transporte. Su origen está en la necesidad de solucionar dos grandes demandas de la época: aumentar la capacidad de transporte de pasajeros por vehículo y, además, mejorar considerablemente su seguridad.

En aquella época las carreteras poco se parecían a lo que hoy conocemos. Gran parte de los vehículos que circulaban por las calles eran tirados por caballos, el automóvil estaba en una etapa muy incipiente. El mal estado de las calzadas era muy habitual por lo que la posibilidad de mover un vehículo por raíles con prioridad sobre el resto resultó un salto en el transporte urbano de pasajeros sin parangón hasta la época.

Puede considerarse que la edad de oro del tranvía transcurrió entre 1870 y 1970. Durante estos 100 años los coches circulando por raíles ayudaron a vertebrar las ciudades de medio mundo. Además, en urbes como San Francisco, Lisboa o Madrid alcanzó categoría de icono. 

Pero llegaron los años 70 y el tranvía comenzó a desaparecer paulatinamente de las calles. El coche era el nuevo rey de la jungla y no había espacio para los dos. Durante tres décadas el tranvía fue desterrado, sus catenarias eliminadas y las vías por las que circulaban enterradas por el asfalto en el que sólo quedó sitio para los coches.

Lo que parecía que era una historia terminada vivió una nueva primavera con el cambio de milenio. Una nueva generación de tranvías emergió en los nuevos desarrollos urbanos de las ciudades. Los primeros coletazos de la concienciación ecológica en los municipios hicieron que este modo de transporte volviera a encontrar su sitio. Además de la sostenibilidad, la evolución tecnológica que permitía que los vehículos ferroviarios circularan sin catenarias, simplificó su instalación y los hizo más atractivos

Una moda que no llevó al tranvía a los niveles antes conseguidos en el pasado y que, menos de dos décadas después, está dejando paso al nuevo chico de moda: el autobús de línea urbano eléctrico.

Ventajas del autobús eléctrico

La misma defensa por la sostenibilidad que causo la segunda juventud del tranvía está siendo la causa del que parece ser su definitiva extinción. Básicamente, el autobús eléctrico cuenta con todas las ventajas del tranvía y ninguno de sus inconvenientes. La evolución de la electrificación de estos vehículos está permitiendo que la nueva generación de los autobuses cuenten con rendimientos superiores al del tranvía con la misma ausencia de emisiones.

La necesidad de adecuar las infraestructuras al paso de los nuevos autobuses es mínima. Frente a la obra que supone la colocación de raíles y la construcción de las distintas estaciones para los tranvías, los autobuses pueden circular por el mismo espacio que sus hermanos mayores propulsados a gasolina.

La evolución de las baterías permite que los autobuses urbanos puedan circular con total autonomía. La batería se va consumiendo durante los trayectos, pero se recargan en algunas de sus paradas mientras bajan y suben los pasajeros. 

Lo innecesario de realizar obras y lo fácil que resulta adaptar vehículos de motor de combustión con los que ya cuentan los municipios, hace que económicamente el autobús eléctrico no tenga rival. Del mismo modo, la electrificación de este modo de transporte hace que el mantenimiento sea también más fácil y económico que el de los tranvías y el de los autobuses de gasolina. 

Por último, la agilidad que aporta el bus eléctrico en comparación con el tranvía es enorme. Tanto en lo que tiene que ver con averías como en el caso de la versatilidad a la hora de variar frecuencias y capacidades, las posibilidades de los nuevos buses son mucho mayores a las de la opción sobre raíles

Ciudades pioneras

El modelo de autobuses eléctricos con capacidad de carga en línea están comenzando a funcionar en distintas ciudades como Valladolid, Irún, Pamplona, Sevilla, Madrid o Barcelona entre otras.

Pamplona tiene desde hace unos días seis nuevos autobuses Vectia, del grupo CAF. La capital navarra ha instalado unos postes de recarga en las cabeceras de la línea que permiten que los vehículos recuperen energía en las paradas en las que más tiempo están sin circular. Unos modelos cuyas baterías tienen capacidad de durar más de 10 años, sin necesidad de recambios.

En el caso de Valladolid la compañía de servicios de transporte público, Auvasa, cuenta desde el pasado febrero con 11 autobuses eléctricos que prestan servicio por la ciudad. En este caso han elegido también los modelos Vectia. 

Los Vectia de CAF también ruedan por las calles de Irún. La ciudad guipuzcoana se convirtió en la primera del país vasco en contar con una línea 100% eléctrica de estas características. Los cuatro autobuses eléctricos cuentan con autonomía suficiente como para hacer el trayecto de ida y vuelta de la línea que operan sin necesidad de realizar ninguna carga.

Barcelona, por su parte ha optado por cuatro autobuses eléctricos con recarga rápida de Irizar. Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), la empresa responsable del transporte público en la Ciudad Condal, se ha hecho con una flota de autobuses dotados de un sistema de recarga rápida con pantógrafo. Un proceso que en cinco minutos va cargando los vehículos en una serie de paradas. Por la noche, los autobuses eléctricos se recargan completamente dentro de las cocheras.           

Los modelos de Irizar también van a tener presencia en Madrid. La Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT) adjudicó el contrato de suministro de 35 autobuses eléctricos. La llegada de estos vehículos a la flota de EMT se producirá a lo largo del segundo semestre de 2019. En 2020, EMT sumará otros 20 vehículos estándar eléctricos a su flota hasta llegar a la cifra de 93 vehículos eléctricos, los mismos que tiene actualmente Londres.

Del mismo modo, Bombardier y Alstom, compañías ferroviarias con importante presencia en España también cuentan con sus propios modelos. En el caso de la canadiense, su modelo Primove ya ha participado en varias experiencias piloto en España. Alstom por su parte ha presentado ya su prototipo Aptis que,además de todas las novedades de otros modelos cuentan con una singular capacidad de giro en sus ejes. 

La ola de la sostenibilidad municipal va cogiendo dimensiones de Tsunami en España. Un fenómeno tras el cual, los autobuses urbanos parecen destinados a reinar mientras que los tranvías están abocados a ocupar un lugar en los álbumes de fotos. Pese a su resurrección temporal parece que, esta vez sí, ha llegado la hora de que los icónicos tranvías descansen en paz.