Varios vehículos de Tesla aparcados en una calle de Oslo

Varios vehículos de Tesla aparcados en una calle de Oslo

Empresas Movilidad urbana

Qué debe hacer Madrid para ser Oslo, la ciudad que da la espalda a los coches

Oslo

Noticias relacionadas

Primera hora de la mañana en un aparcamiento cerca del centro de Oslo. No hay prisas, atascos o dolores de cabeza para encontrar sitio. Basta un vistazo para comprobar que la gran mayoría de los vehículos son eléctricos que se enchufan a los distintos cargadores disponibles en cada plaza. El abundante número de Teslas aquí y en cualquier calle de la capital noruega levanta suspicacias. Parece un anuncio pero es la realidad diaria de un país que ha apostado de verdad por hacer lo más eléctrica posible su movilidad urbana.

El país escandinavo lidera el ránking mundial de coches eléctricos per cápita. Sólo en 2017, el 21% de los vehículos nuevos eran eléctricos y, si sumamos la venta de los modelos híbridos, el porcentaje de coches limpios sube hasta el 52%. Sture Portvik, responsable de e-mobility del Ayuntamiento de Oslo, explica a pie de parking por qué tener uno de estos automóviles es normal y asequible en Noruega.

A saber: aparcar es gratis o muy barato en los aparcamientos disuasorios que permiten después combinar el coche con el transporte público y/o la bici, se puede circular por el carril bus/taxi, las autopistas de peaje son también gratis y sobre todo, la facilidad para ‘evadir’ impuestos si se adquiere un coche eléctrico. Algunas de las exenciones fiscales serán revisadas en 2020 por el Gobierno ante “el éxito” y la cantidad de vehículos de este tipo.

Las contundentes medidas del Gobierno noruego para fomentar la movilidad eléctrica también implican normativas que penalizan a los coches contaminantes para financiar esta fiesta eléctrica. En el horizonte de 2025, el país de los fiordos se plantea directamente prohibir la venta de los coches diésel y gasolina. Una decisión drástica que, sorprendentemente, es fruto de un consenso político y que no ha tenido una oposición social de gran magnitud.

Oslo, que en 2019 será la Capital Verde Europea, es el espejo en el que se mira Madrid. Desde este mes de noviembre, la ciudad dará un pequeño gran paso con la puesta en marcha gradual del programa Madrid Central. Los coches y motos sin etiqueta medioambiental -los de gasolina matriculados antes del año 2000 y los diésel de antes de 2006- no podrán circular por un área de 472 hectáreas del centro.

Aunque hasta febrero del año que viene no empezarán a caer las multas, las reticencias de los ciudadanos madrileños y los enfrentamientos políticos por esta medida han sido mucho más sonadas que en Oslo. “A pesar de todo, Madrid está empezando a hacer las cosas bien, por ejemplo es un buen síntoma el triunfo allí de las plataformas de car sharing”, elogia Sture Portvik.

A pesar de la inminencia de Madrid Central, queda mucho camino para que la capital española dé la espalda a los coches de la misma manera que lo está haciendo Oslo. En 2019 no habrá ni un sólo coche en un área de 1,7 kilómetros cuadrados en el centro. La guerra a la contaminación de los coches alcanza incluso la eliminación de miles de plazas de aparcamiento en la almendra central de la ciudad.

La utopía de una ciudad sin coches

Tras comprobar que el volumen de coches dando vueltas para encontrar sitio para aparcar llegaba hasta el 30% en algunos momentos y que sólo un 12% de los habitantes de este barrio tienen coche, el Ayuntamiento decidió eliminar las plazas para facilitar la circulación y fomentar aún más el uso del transporte público. Una idea sencilla: en vez de prohibir la circulación de coches, eliminar el ‘incentivo’ de ir al centro en un vehículo de cuatro ruedas; es decir, eliminar los aparcamientos. El espacio ganado para transporte público, peatones o carriles bici es ya visible en muchas calles.

El compromiso de Oslo con el respeto al Medio Ambiente no acaba con esta batería de medidas ya en marcha para acariciar la utopía de una ciudad sin coches. Los nuevos barrios y proyectos urbanísticos de esta ciudad en permanente cambio y transformación tienen siempre un lado eco-friendly que parece ir en serio.

Desde hoteles autosuficientes energéticamente que fabrican su propia miel hasta edificios de oficinas inteligentes, como los de la zona conocida como Barcode (código de barras). Este barrio, cercano a la icónica Ópera de Oslo, fue construido sobre una autopista soterrada y por sus avenidas casi no hay coches. Sólo varias líneas de tranvía y autobús, amplios carriles bici y un paseo peatonal plagado de árboles de todas las partes del mundo.

La conciencia verde lo impregna todo en esta ciudad, que también es pionera en la recuperación de fábricas como centros culturales o silos de trigo como viviendas asequibles para estudiantes. “En Noruega no se tira nada, todo se transforma”.