El tatuaje que se convirtió en marca de zapatillas

El tatuaje que se convirtió en marca de zapatillas

Empresas

Morrison: cuando tus colegas se hacen un tatuaje y tú lo conviertes en una marca de zapatillas

  • La competencia a la hora de captar publicidad para vender en Facebook ha disparado los precios para empresas que siguen el modelo Hawkers.
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Pablo Recuenco tiene un grupo de amigos con los que ha compartido recuerdos y aventuras. En un momento dado, decidieron inmortalizar su amistad con un tatuaje. Como sus memorias colectivas estaban asociadas al mar y a la playa, optaron por la icónica imagen de un faro.

En aquel momento, Pablo y otros dos amigos del grupo, Álvaro Rodríguez y Álvaro Patón, estaban buscando una imagen icónica para la marca que intentaban poner en marcha, Morrison. Sólo uno de los tres se atrevió a hacerse el tatuaje, pero los tres coincidieron en que el faro sería su enseña.

“Tengo miedo a las agujas”, reconoce Recuenco a EL ESPAÑOL, mientras busca entre los recuerdos que llevó a crear una marca de zapatillas (acaban de lanzar también camisetas y en septiembre debutan los calcetines) que apuesta por el made in Spain y la venta a través de Internet.

Los fundadores de Morrison.

Los fundadores de Morrison.

Los tres pilares

“Queríamos hacer algo juntos de chavales, pero nunca dábamos con la idea. Hasta que un día decidimos que había tres condiciones en el mercado positivas para nosotros. Por un lado, veíamos una explosión del comercio electrónico, con crecimientos de doble dígito y muy escalable; por otro, la publicidad online ha abierto una ventana a nuevos emprendedores y, además, tenemos una industria de calzado muy potente a escala mundial”, explica Recuenco.

Morrison fue el nombre que se les ocurrió mientras buscaban una marca que sonase igual en varios idiomas. “Dedicamos muchos meses a la identidad corporativa y buscamos algo que sonase igual en castellano e inglés y que no tuviese más de tres sílabas”, explica.

Curiosamente, cuando intentaron registrar Morrison se dieron cuenta de que la marca ya estaba inscrita. Lo intentaron de todas formas, esperando una oposición al registro. “Fueron 60 días que pasamos muy asustados, pensando que perderíamos la marca”, explica el joven dueño. Con la marca en la mano y la imagen del faro, que lo mismo encaja en camisas, polos o cajas de zapatillas, ya tenían buena parte del trabajo hecho.

Morrison Bloody Mary

Morrison Bloody Mary

Empezaron con el crowdfunding de Kickstarter, en el que 330 patrocinadores han contribuido con 22.617 euros, y con distintos modelos de zapatillas que diseñan entre los tres. “Nos ponemos de acuerdo y, como somos muy distintos, al ponernos de acuerdo creamos diseños que pueden gustar a mucha gente. Pensábamos que estábamos dirigidos a un segmento de entre los 16 y los 24 años, pero hemos visto que es más amplio, de 18 a 50. De hecho, nuestro mejor segmento es el que va de 25 a 35 años.

Sin descuentos

Como marca, son alérgicos a los descuentos. Sólo se los hacen a los ya compradores y durante Black Friday y en fin de colección. “Hacemos mucha promoción para los clientes que han apostado por nosotros a precio completo. Me molesta mucho, como usuario, la guerra de descuentos entre marcas. Como los usuarios lo saben, en Black Friday es una locura”.

La compañía espera duplicar facturación en 2018, hasta 800.000 euros, a pesar de que Facebook, el ámbito predilecto para vender de ésta y otras marcas surgidas tras el éxito de Hawkers, es un medio cada vez más caro.

“Estoy totalmente de acuerdo, cada vez es más competitivo. Con Hawkers, cada cosa que hacían al principio se veía más. Nosotros levantamos el crowdfunding invirtiendo 500 euros en redes sociales, hoy no lo habríamos conseguido. Empezamos invirtiendo un 10% en publicidad y ahora es el doble. Por eso hay que aprovechar al máximo cada impacto, y eso se consigue con una marca fuerte y con una apuesta por un diseño diferente”, explica Recuenco.

El joven directivo se felicita por el hecho de que, finalmente, los tres socios dejaron sus trabajos. Recuenco es periodista; Patón, ingeniero y Rodríguez, INEF que trabajaba como comercial. “Hubo un momento en el que salíamos de la oficina y nos íbamos a trabajar a un Vips. Era insostenible, así que terminamos yendo a vivir juntos para aprovechar cada momento”, recuerda Recuenco.

Zapatillas de cerveza

Todo cambió con la acción que hizo con ellos Alhambra, que les encargó una serie especial de 2.500 pares de zapatillas e hizo que dejasen sus trabajos, en octubre de 2017. "Queríamos dedicarnos a lo importante y no sólo a lo urgente. Desde entonces hemos duplicado nuestras ventas y podemos pensar en la estrategia a corto y largo plazo".

¿Se plantean obtener financiación externa? Por ahora han tirado con recursos propios y, aunque se les han acercado inversores, hasta el momento han preferido seguir por su cuenta. “Probablemente será inevitable”, se encoge de hombros Recuenco.