El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete

Empresas

El ‘teléfono’ no tiene por qué subir 5 euros: aprende a consumir

Las operadoras suben los precios y las prestaciones, sí, pero los consumidores tienen alternativas de sobra.

Uno de los lugares comunes de los medios durante los últimos días del año fue recordar que los operadores de telecomunicaciones contemplan subidas de precios. Y no es mentira. Los grandes operadores siguen con entusiasmo la ‘doctrina Pallete’, que consiste en subir periódicamente los precios a cambio de mejorar la propuesta de servicios. Y sí, esto puede suponer que los clientes menos precavidos se encuentren con más velocidad o productos de los que quieren o necesitan y pagar más por ellos.

Pero por más que haya cuentas de Twitter que hablen del "teléfono" como si viviésemos en la edad de las matildes, las cosas han cambiado mucho en los últimos veinte años y existen alternativas. No sólo existe competencia entre empresas, sino que los propios operadores tienen distintas ofertas de servicios con diferentes precios.

¿Estabas en el producto top y te han subido 5 euros? Probablemente puedas bajar a un producto inferior, pagar menos y tener incluso más velocidad o gigas en el móvil que antes. Los ejemplos son numerosos.

Imagine el lector que en 2015 contrató la oferta más premium de Vodafone One. Eso implicaba pagar 89 euros, IVA incluido, con fibra de 200 mbps, 4Gb en el móvil y la máxima televisión posible.

Con el configurador que tiene la compañía en la web, puedes configurar, dos años después, una oferta de 300Mbps, 6Gb en el móvil y la máxima televisión posible (HBO incluida) por 89 euros. Si vienes de otra compañía, te dan un descuento del 50% durante un año entero y te regalan la televisión durante 3 meses. O sea, 32,5€/mes durante los primeros tres meses, 56,5€/mes durante los nueve meses siguientes y 89€ a continuación.

¿Otro ejemplo? Utilicemos a Movistar, aunque en este caso nos centraremos en los paquetes básicos. En abril de 2014, Movistar te ofrecía, por 42 euros, una fibra de 10mbps, 100Mb de datos y el paquete básico de TV. Comparémoslo con el producto básico actual de Movistar, Fusión #0, que no está sujeto a la subida de 5€ de la que se ha hablado en los medios: te da 50mbps, una línea con 2Gb de datos y otra con 200Mb y televisión básica con decodificador y vídeo bajo demanda por un total de 45 euros. En menos de tres años, y por sólo tres euros más, se ha multiplicado la velocidad por cinco, y la franquicia de datos del móvil por 20.

Y eso si te interesa la televisión, porque ha llovido mucho en los últimos años en lo que a consumo de contenidos se refiere. Por 36 euros, con Tuenti, el ‘low cost’ de Movistar, tienes 50mbps y una línea de móvil con 1,5Gb. ¿Quieres televisión? Le pones 8 euros más y contratas Netflix o HBO. Le metes 10 euros más para contratar Sky TV y tienes la Liga 1|2|3 y canales de pago.

Escaleras de precios

Si suben los precios y el usuario no quiere las nuevas prestaciones, casi siempre puede volver a pagar menos. Sólo tiene que analizar la escalera de precios disponible en su operador, comparar con las múltiples compañías que ofrecen servicio y elegir la tarifa que más le convenga.

Porque, para colmo, cuando hay subidas unilaterales el consumidor tiene potestad de abandonar su contrato actual o la compañía. Si no sales ganando es por pereza o porque sí quieres las nuevas ventajas que te ofrecen.

No voy a discutir que los operadores intentan llevar siempre el agua a su molino. Es su trabajo. Pero el del consumidor pasa por informarse, por leer la letra pequeña y por no dejarse cegar por ofertas promocionales que duran sólo tres meses o el viejo ‘timo’ de anunciar un precio sin contar la cuota de línea.

Puede que Movistar subiese seis veces los precios en 2017 -en distintas modalidades y productos-, pero a veces al consumidor que en 2010 la compañía que entonces presidía César Alierta te cobraba casi 50 euros por un ADSL ramplón de 10Mbps, a los que tenías que sumar el precio de las llamadas de teléfono (pagadas por minuto, frente a las llamadas ilimitadas de hoy en día), un internet en el móvil balbuceante si tenías los primeros iPhone o una Blackberry, y un Imagenio a pedales.