Economía Salario mínimo

El 'dumping' social de los refugiados en Alemania

Los sindicatos alemanes protestan por los planes del Gobierno de dejar sin salario mínimo a los refugiados profesionales.

Berlín

Introducir excepciones en la Ley que instaura el salario mínimo para dejar sin esa remuneración a miles de asilados llegados en el marco de la crisis de los refugiados. Es la idea que baraja el Ejecutivo alemán y que ha quedado impresa en un documento de trabajo al que ha tenido acceso recientemente el diario Süddeutsche Zeitung salido de los ministerios de Hacienda, Educación y Trabajo. Esas dos primeras áreas gubernamentales están en manos de dos cristianodemócratas – el influyente Wolfgang Schäuble y Johana Wanka. La responsable de empleo es la socialdemócrata Andrea Nahles.

El salario mínimo existe en Alemania desde 2015. Fue una de las iniciativas lanzadas por la gran coalición de cristianodemócratas y socialdemócratas que lidera la canciller Angela Merkel. Tras la reevaluación bianual a la que está sometido, el salario mínimo alcanzó los 8,84 euros la hora para este año, aunque el montante puede variar según el sector de actividad. Esos 8,84 euros la hora son 34 céntimos más que los iniciales 8,50 euros por hora con los que comenzó la medida.

La medida todavía no se ha deshecho de la polémica surgida desde su aparición. Responsable de esta situación es en parte la cierta aversión que parecen experimentar destacados líderes empresariales germanos y gurús del liberalismo teutón. Reinhard Göher, por ejemplo, es el presidente de la Asociación Alemana de Patronos (BDA, por sus siglas alemanas), no quiere ver el salario mínimo por encima de los diez euros en un futuro cercano. Los sindicatos germanos, por su parte, seguramente tengan otras aspiraciones. Pero estos días no se ocupan tanto de esos deseos, sino de buscar cómo contrarrestar ideas como la que ahora baraja el Gobierno.

Refugiados, "fuente de trabajo barato"

La idea que valora el Ejecutivo consiste en permitir a los empresarios pagar menos del salario mínimo a aquellos refugiados o inmigrantes que, teniendo una cualificación y experiencia profesional en su país, deben someterse a una convalidación de títulos y competencias en Alemania. Esto puede implicar varios meses de trabajo en prácticas.

Que ese tiempo pueda no remunerarse con el salario mínimo ha hecho saltar las alarmas en los sindicatos. “En este punto es donde está la pelea”, dice a EL ESPAÑOL Maike Redemaker desde la Federación Alemana de Sindicatos (DGB, por sus siglas alemanas). “Los refugiados son una posible nueva fuente de trabajo barato”, añade. Que los miles de personas llegadas a Alemania durante la crisis de los refugiados sean utilizadas para el dumping social – la remuneración a la mano de obra por debajo de lo establecido – inquieta a las organizaciones sindicales. “Esta situación nos preocupa”, reconoce Redemaker.

En el último año y medio, han llegado a Alemania unos cerca de 1,3 millones de personas como demandantes de asilo. No todos terminarán siendo reconocidos como refugiados por las autoridades germanas. Éstas, en algunos puntos del país, como Berlín, han demostrado ser particularmente lentas a la hora de gestionar las demandas de asilo. La resolución de cada caso en la capital puede durar meses.

Pero aún siendo reconocidos como refugiados, no todos están en edad de trabajar, pues entre los llegados en la que es la peor crisis migratoria que ha conocido Europa tras la Segunda Guerra Mundial hay niños, mayores, adultos enfermos y personas que no pueden trabajar porque han de ocuparse de ellos.

En el Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW) estiman en medio millón el número de refugiados con opciones de entrar en el marcado laboral alemán. Éste, actualmente muestra récords de actividad históricos. Según los últimos datos de ocupación, los mejores desde la reunificación alemana, son casi 43,5 millones de personas las que trabajan en Alemania. El paro afecta a 2,56 millones de ciudadanos. Es un 5,8% de la población activa.

Más asistencia que trabajo

Los refugiados, sin embargo, no sacan provecho de esta situación. “En un año el mercado de trabajo puede integrar más o menos al 10% de los refugiados que llegan”, según señala a este periódico Paul Ebsen, responsable de comunicación de la Agencia Federal Para el Empleo (BA, por sus siglas alemanas)”. “En cinco año, se integrará del 50% de los refugiados, el resto llevará un poco más de tiempo debido a diversas razones que tienen que ver con aprendizaje del idioma o el reconocimiento de los títulos y formaciones”, añade.

De resultas, hay más refugiados recibiendo ayudas del Estado que trabajando. Sólo en la comunidad de refugiados procedentes de Siria – la más numerosa – se cuentan hasta 370.000 personas beneficiándose de algún tipo de asistencia social, indican desde la BA. A finales de 2015, este grupo totalizaba 170.000 individuos.

En la BA insisten en la prioridad que hay que dar a las clases de alemán, esenciales para que quienes terminen recibiendo el reconocimiento como refugiados puedan interactuar con los empleados de las oficinas públicas de empleo. “Sólo cuando van al JobCenter [nombre de esas oficinas, ndlr.], podemos aclarar qué competencias tienen”, abunda Ebsen.

50.000 refugiados 

En todo 2016, pasaron a integrar el mercado laboral 50.000 asilados, según los últimos datos de la Agencia Federal Para el Empleo. La comunidad de refugiados trabajando en Alemania totaliza 170.000 personas. En la BA estiman que a mediados de este año el número podría alcanzar ls 240.000 personas, pues próximamente saldrán del sistema de formación hasta 70.000 profesionales que han convalidado a través de formaciones complementarias sus títulos y competencias.

Este grupo es el concernido por la idea de instaurar excepciones en la ley del salario mínimo que están analizando los ministerios de Hacienda, Formación y Trabajo. “La mayoría de los refugiados, cerca del 80% de los refugiados, no tienen este problema, porque no tienen formación”, valora en declaraciones a EL ESPAÑOL Karl Brenke, economista y experto del mercado laboral del DIW.

Según los cálculos de Brenke, sólo un 20% de los demandantes de asilo que finalmente serán reconocidos como refugiados tienen una formación. “No es un problema especialmente grande, porque tal vez haya 100.000 profesionales formados”, afirma Brenke, aludiendo al grupo potencialmente afectado por la medida que estudian Schäuble, Nahles y compañía.

No saben qué es el SMI

En la DGB hacen otra valoración. “Ya es suficientemente malo que haya algunas empresas explotando a los refugiados como mano de obra barata porque todavía no conocen sus derechos”, han manifestado en el sindicato al conocer las “soluciones” que baraja el Gobierno. En este sentido, Redemaker afirma que toda “persona que no sepa alemán y que no conozca sus derechos es una victima potencial del 'dumping' social del que pueden beneficiarse algunas empresas”.

Para Brenke, el experto del DIW, el problema está, justamente, en que “hay refugiados que no saben ni siquiera que existe el salario mínimo”. Además, "se les utiliza para ahorrar, proponiéndoles trabajos a tiempo parcial en los que no se les pagan los seguros sociales”, agrega.

Hiba Albassir, una siria de mediana edad que tiene con su marido una tienda de muebles en el distrito de Zehlendorf, al suroeste de Berlín, se revuelve al escuchar la idea de pagar por debajo del salario mínimo a los refugiados. “Me parece que no está bien, seguramente en ese grupo de profesionales habrá gente con mucha experiencia, y no querer pagar el salario mínimo es sencillamente algo injusto”, dice Albassir a EL ESPAÑOL. “Ningún alemán querría trabajar por debajo del salario mínimo”, concluye.