Nueva York (enviado especial)

La decisión se toma con el título de Toronto bajo el brazo. Por primera vez desde que es alguien en el circuito (2004), Rafael Nadal renuncia a jugar el Masters 1000 de Cincinnati tras ganar en Canadá y se enfrenta a una situación casi desconocida en su carrera: asaltar el Abierto de los Estados Unidos (el español defiende el título de campeón desde el próximo 27 de agosto) con una preparación rupturista. Por eso, el tenista duda, está inquieto, y se plantea una pregunta totalmente lógica. ¿Está tomando el camino adecuado para llegar bien preparado al último Grand Slam de la temporada? 

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“Le ha venido bien parar después de ganar en Toronto”, explica a este periódico Francis Roig, uno de los entrenadores del mallorquín. “Todo el equipo estuvo de acuerdo y consideramos que era bueno no jugar, pero él nunca tiene claro dejar un torneo”, prosiguió el técnico catalán. “Costó convencerle porque él siempre quiere jugar. Al final, es un Masters 1000 y renunciar es complicado, pero está convencido de que le ha ido bien, que ha hecho buen trabajo y que le ha servido para afrontar lo que tiene por delante”.

Durante cinco días, de martes a sábado de la semana pasada, Nadal se refugia en Bahamas con tres personas de su equipo (Rafael Maymò, Tomeu Salvà y Roig) para cumplir dos objetivos: por un lado, descansar y darle aire a su cuerpo; por el otro, ganar movilidad y resistencia. Esquivando la altísima humedad de Albany con entrenamientos programados a conciencia (madrugando y por la tarde), el español trabaja dos horas en la pista y una en el gimnasio. Son sesiones que van de la mano persiguiendo lo mismo: que Nadal sea más rápido y consiga elevar su capacidad de aguante. Es decir, entrenamientos pensados para tapar los dos grandes agujeros negros con los que el balear conquista Toronto de forma sorprendente, muy lejos de su mejor versión.

“Los que estamos a su lado sabemos las necesidades que tiene”, apunta Roig. “Necesitaba mejorar los desplazamientos porque venía muy justo, con pocos días de entrenamiento. Incluso hubo momentos en los que peligró su presencia en Canadá”, añade el técnico. “Hemos podido trabajar muy bien durante cinco días, tanto físicamente como en pista. Ahora, tiene margen por delante en Nueva York para terminar de afinarse. El objetivo es que sienta que tiene el control del juego cuando arranque el torneo, algo que le faltó en Toronto, pero sin duda es uno de los grandes favoritos para volver a levantar el título”

A las 11 de la mañana del martes, en su segundo día de entrenos en el Abierto de los Estados Unidos, Nadal llega a la pista Arthur Ashe tras pelotear durante una hora con Stan Wawrinka en la Grandstand. A lo largo de otros 60 minutos, el campeón de 17 grandes juega un partido con el suizo que se suspende en plena remontada (4-6 y 5-0) porque se acaba el tiempo. Por la tarde, el mallorquín regresa a ese estadio acompañado de Carlos Moyà y Roig, sus dos entrenadores, y consume otra hora realizando ejercicios de habilidad y puntería que ponen a prueba todos sus golpes principales (saque, derecha y revés) en una sesión más suave que la anterior.

Al acabar, el balear se sienta en el banquillo y se relaja durante casi 10 minutos haciendo bromas con los suyos. Sabe que tiene cosas que arreglar para defender su corona de campeón, pero al menos ya no le falta el aire.