Así se desmantela una bomba atómica. Para llegar a las semifinales del torneo de Pekín, su vuelta a la competición después de ganar hace unas semanas el Abierto de los Estados Unidos, Rafael Nadal destruyó el poderoso saque de John Isner (6-4 y 7-6) y se citó este sábado con Grigor Dimitrov (7-6, 4-6 y 6-2 a Roberto Bautista) por un puesto en la final. El número uno del mundo, que lleva 10 victorias seguidas, jugó con inteligencia al resto y desarmó el mejor golpe de su contrario (22 aces) incluso cuando el cruce llegó a la zona crítica del tie-break en la segunda manga, que el campeón de 16 grandes coronó en blanco, sin ceder un solo punto. Alucinante. [Narración y estadísticas]

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“Lo hice bien al resto”, celebró el mallorquín tras el encuentro. “Puse muchas veces la pelota dentro cuando tuve la oportunidad de tocarla”, prosiguió. “Ayer también jugué bien. Ganar partidos ayuda a la confianza y a encontrar ritmo. En términos generales, no he cometido muchos errores, o al menos no los recuerdo. Hice las cosas que quería hacer y las hice muy bien”, insistió Nadal, que está a un triunfo de alcanzar los 60 en 2017. “Es una buena victoria para mí contra un rival que llegó a cuartos jugando muy bien”.

“Estamos contentos porque ha sido un partido muy completo”, reconoció después del pase a semifinales Francis Roig, el técnico que acompaña a Nadal en la gira asiática. “Ha pegado muy buenos restos y no ha perdido juegos fáciles, dentro de lo que es Isner. Ha ido cambiando para buscar una posición desde la que generar fuerza tirando largo”, radiografío el entrenador catalán. “Con Dimitrov será difícil, pero Rafa sigue yendo a más”.

De ace en ace, disparando ocho en sus tres primeros turnos de saque del partido, Isner mantuvo lejos a Nadal, pero no le quitó la idea de mezclar sus posiciones al resto, adelantándose unas veces y retrasándose otras según sus sensaciones. Lo que el español consiguió con eso fue obvio: el número 17 del mundo no tuvo una referencia clara de dónde estaba su rival, como si en una partida de dardos la diana va cambiando todo el rato de lugar, y terminó enredándose. En consecuencia, Nadal ganó el 37% de los puntos que disputó sobre el saque de su oponente.

Consiguiendo devolver muchos de los saques de Isner, el español obligó a su contrario a ganarle la mayoría de los puntos con la bola en juego y en movimiento las cosas se pusieron muy feas para el estadounidense. Aunque para la altura que tiene Isner (2,08m) supera el notable en movilidad, Nadal le apretó muchísimo cuando consiguió mantener los intercambios vivos y la confianza que ha ido ganando con el paso de los días le ayudó a redondear (26 ganadores por solo siete errores no forzados) un encuentro fabuloso.

El español, que con el triunfo empezó a abrir brecha con Roger Federer por la pelea que ambos mantienen para terminar en la cima de la clasificación a final de temporada (2050 puntos ahora mismo), jugará este viernes con Dimitrov por una plaza en otra final, que sería la octava del año. A estas alturas de 2017, y visto todo lo que ha logrado este curso, no es ninguna sorpresa.