Lucas Pouille se marchó de la pista con cara de funeral. En la primera ronda del torneo de Pekín, su regreso a la competición tras proclamarse campeón del Abierto de los Estados Unidos, Rafael Nadal salvó dos puntos de partido para remontar 4-6, 7-6 y 7-5 al francés, que acarició la ocasión de derrotar al número uno del mundo y sufrió una derrota de las que abren una herida muy profunda. Tras sobrevivir jugando de menos a más, mal en el inicio, mejor después, el español se medirá el próximo jueves a Karen Khachanov (6-4 y 6-2 a Di Wu) por una plaza en los cuartos de final. [Narración y estadísticas]

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“Esto es así”, recordó el campeón de 16 grandes cuando le preguntaron por lo cerca que estuvo su oponente de ganarle. “Me acuerdo del partido que jugamos en el Abierto de los Estados Unidos. Tuve 6-6 en el tie-break del quinto set y fallé una derecha fácil en la red”, prosiguió Nadal, poniendo de ejemplo el encuentro que perdió con el francés hace algo más de un año en los octavos del último grande de la temporada. “Aquella vez la victoria fue para él, hoy ha sido para mí”, siguió. “Era una primera ronda complicada. He salvado un partido muy importante y ahora tengo el día de mañana para entrenarme y estar listo de cara a la segunda ronda”.

Obtuso en el arranque, Nadal estuvo siempre en manos de Pouille. El francés, que rebosa talento a borbotones, aprovechó la inconsistencia del balear para quitarle el control de los intercambios desde la agresividad. Con la iniciativa de su lado, el número 23 lo tuvo muy fácil para acribillar a su oponente con tiros impresionantes que el español no encontró forma de repeler. Pouille creció en confianza a palo limpio, de línea en línea. Ante eso, a Nadal no le quedó otra solución que ponerle garra primero y pelear luego para aumentar su nivel y acercarse al del francés.

El número uno, que perdió una zapatilla tras caerse al suelo buscando invertirse con su golpe de derecha, se plantó en la segunda manga enredado al saque, sin haberse procurado ni una sola oportunidad de break y después de competir sin filo (cuatro ganadores por nueve errores no forzados). Poco a poco, Nadal cambió todas esas estadísticas y consiguió lo que buscaba: que el partido se apretase para zarandear un poco al francés, 

La recuperación del mallorquín, sin embargo, no alteró a Pouille. El francés siguió produciendo un torrente de golpes ofensivos para llegar al desempate del segundo parcial con ventaja. Nadal, dispuesto a morir matando, arrancó mal ese tie-break, se inventó un golpe pasante imposible con 3-5 y salvó dos bolas de partido (con 4-6 y 5-6, estrellando una derecha sencilla contra la red en la última) que se clavaron como estacas en la cabeza de Pouille. Ahí se empezaron a agotar las opciones del francés en el cruce, pese a que lo siguió intentando con acierto en el set decisivo. 

Aunque Nadal nunca acabó de tener el control del encuentro, el impulso moral de salir vivo de una situación límite le dio alas para soltarse. Así y todo, el francés dispuso de una pelota de rotura que le habría dejado dominando la tercera manga (2-3 y 30-40). Se encontró con la red, donde perdió sus opciones más importantes, y se fue distanciando del triunfo, que Nadal celebró con euforia.

El partido, en cualquier caso, no sorprendió al número uno. Estrenarse ante Pouille no es una primera ronda normal y corriente, es un debut lleno de aristas. El mallorquín, que desde el pasado viernes se había preparado bien haciendo entrenos de una calidad elevada, no ganaba a un rival de ranking tan alto desde la final de Roland Garros (Stan Wawrinka). Además de eso, la victoria le dio justo lo que quería: la oportunidad de sobrevivir de cualquier forma a un estreno desagradable para empezar a plantarse cosas importantes en Pekín, el torneo que inaugura su gira asiática y donde podría abrir una distancia casi definitiva con Roger Federer en la lucha que los dos mantienen por terminar el año en la cima de la clasificación.