Inglaterra - Argentina.

Inglaterra - Argentina. Diseño: Alberto Viña

Mundial de fútbol 2026

España espera a Inglaterra o Argentina: una guerra táctica con 60 años de tensión y la primera vez de Messi de fondo

Del recuerdo de Maradona a la guerra de las Malvinas, el otro finalista del Mundial se decide en un clásico que trasciende al fútbol.

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Inglaterra y Argentina. Dos naciones, varias décadas de heridas abiertas y una semifinal de Mundial que nunca antes se había dado.

El número más revelador de esta noche es un cero. Las cero veces ha jugado Lionel Messi contra Inglaterra en sus 21 años de carrera internacional, más de 200 partidos y seis Mundiales. El hombre que lo ha ganado casi todo guarda para esta noche el último estreno que le quedaba contra una gran selección.

La historia entre Argentina e Inglaterra en los Mundiales es, ante todo, una historia de afrentas.

Empezó en Wembley en 1966, cuando el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al capitán argentino Antonio Rattín en cuartos de final sin que los jugadores supieran exactamente por qué: no existían las tarjetas todavía, y nadie hablaba el idioma del otro.

Rattín se negó a abandonar el campo durante varios minutos, al salir se sentó en la alfombra roja reservada a la reina y retorció el banderín de córner con la bandera británica. El entrenador inglés Alf Ramsey impidió el intercambio de camisetas y dejó una frase que aún resuena en Buenos Aires: se negó a que sus futbolistas permutaran la casaca con "animales".

Inglaterra ganó 1-0 y siguió su camino hacia el título. Aquel partido, además, dejó una consecuencia insospechada: el caos que generó la expulsión de Rattín inspiró la implantación definitiva del sistema de tarjetas amarillas y rojas en el fútbol de élite.

Dieciséis años después, en las mismas islas del Atlántico Sur que ambos países reclamaban como propias, se libró una guerra de 74 días. Murieron centenares de argentinos y británicos, el crucero ARA General Belgrano fue hundido por un submarino nuclear y el conflicto marcó para siempre la memoria colectiva argentina.

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La derrota aceleró el final de la dictadura militar; en el Reino Unido, en cambio, reforzó el liderazgo de Margaret Thatcher. Las Malvinas siguieron siendo británicas. El dolor siguió siendo argentino.

Cuatro años después, otro escenario y el mismo rival. El 22 de junio de 1986, en un Estadio Azteca repleto, Argentina e Inglaterra se cruzaron en cuartos de final. Aquel día Diego Armando Maradona convirtió el fútbol en un acto de catarsis nacional.

Primero, con la mano izquierda, anotó el gol que la historia bautizó como la Mano de Dios, un gesto clandestino que el árbitro tunecino Ali Bennaceur no vio. Minutos después, recorrió más de medio campo, dejó atrás a medio equipo inglés y firmó el que la FIFA llamó Gol del Siglo.

Ganó Argentina 2-1 y, para muchos argentinos, fue algo más que una clasificación. Maradona lo contaría así años después: fue como ganarle a un país, no solo a un equipo de fútbol. En Inglaterra, desde entonces, el recuerdo mezcla fascinación y resentimiento: el genio y la trampa en la misma jugada.

El 'gol del siglo' de Maradona a Inglaterra en 1986.

El 'gol del siglo' de Maradona a Inglaterra en 1986. Fuente: Opta

La saga no terminó ahí. En 1998, en Saint-Étienne, Argentina e Inglaterra volvieron a encontrarse en octavos. Otro partido eléctrico, otra polémica, otra prórroga, otra tanda de penaltis. David Beckham fue expulsado por una patada a Diego Simeone, Owen dejó un gol inolvidable en una carrera desbocada y Argentina avanzó desde los once metros.

En 2002, en Sapporo, Beckham se tomó su revancha transformando el penalti del 1-0 que dejó a la generación de Batistuta y Verón eliminada en la fase de grupos. Cada capítulo añadía un estrato más a una rivalidad que siempre tuvo la política en la sombra y el Mundial como escenario.

La primera vez de Messi

Hasta hoy, todos esos episodios tenían un protagonista ausente: Messi. Desde su debut con la selección mayor en 2005, Argentina e Inglaterra apenas se cruzaron una vez, en un amistoso en Ginebra, y aquel día él estaba sancionado por la roja que vio en su primer partido con la albiceleste.

No hubo Wembley. No hubo amistosos en Londres. No hubo cruces mundialistas. Cuando el sorteo de esta Copa del Mundo adelantó que el camino de Inglaterra y Argentina podían tocarse, muchos se agarraron a ese detalle: el mejor jugador de la historia nunca se había medido a los Tres Leones.

"Es un partido especial porque es la primera vez. Jugué contra casi todos, pero nunca contra Inglaterra. Y es especial porque son un gran equipo, una potencia", reconoció Messi en la previa.

Leo Messi celebra su gol ante Egipto en el partido de octavos en el Mundial.

Leo Messi celebra su gol ante Egipto en el partido de octavos en el Mundial. Reuters

A sus 39 años, llega a Atlanta liderando de nuevo la tabla de goleadores del torneo y ampliando un registro que ya es de otra era: ningún futbolista ha marcado tantos goles en Mundiales como él. El contexto, esta vez, le acompaña.

Porque la Argentina que aterriza en Atlanta ya no es solo la del talento desbocado. El equipo de Lionel Scaloni se ha convertido en una máquina extraordinariamente eficiente.

Domina la estadística de pases totales del campeonato, se mueve en porcentajes de precisión por encima del 90% y ha firmado una media goleadora al nivel de las mejores selecciones del torneo.

Sobre el papel, parte de un 4-3-3, pero en realidad actúa como un organismo líquido: con balón, un lateral se cierra para formar línea de tres, el mediocentro se incrusta a veces entre centrales y la estructura se convierte en un 3-2-5 que permite a Messi, De Paul y Mac Allister recibir por dentro entre líneas.

Sin balón, el equipo repliega en 4-4-2, con Messi y el nueve tapando la primera salida rival, y en transición es capaz de mutar al 4-1-4-1 de los días de sufrimiento.

Messi es el eje y el señuelo. Ya no vive pegado a la frontal; retrocede unos metros para aparecer como un director de juego adelantado, recibiendo en la zona de nadie, donde ni los centrales se sienten cómodos saliendo ni los mediocentros pueden saltar sin dejar un agujero detrás.

A su espalda, Leandro Paredes organiza la primera circulación; por delante, la acumulación de interiores -De Paul, Enzo Fernández, Mac Allister- genera superioridades constantes.

Argentina es el equipo que más pases completa en campo contrario y uno de los que más remates produce desde dentro del área. El precio es un peaje físico alto: llega a la semifinal con el desgaste de dos prórrogas en sus últimos partidos de eliminación directa.

La Inglaterra de Kane y Bellingham

Enfrente, Inglaterra se presenta con un perfil muy distinto pero igual de reconocible. Thomas Tuchel ha armado un equipo pragmático, construido alrededor de un 4-2-3-1 que se expande cerca del área contraria.

Los laterales -especialmente por izquierda- se lanzan arriba para fijar ancho, los extremos atacan el espacio y la doble figura de Bellingham y Kane funciona como un eje gravitacional que arrastra marcas y abre pasillos.

Si Argentina domina la posesión elaborada, Inglaterra se agarra a la verticalidad y a la pizarra: ningún semifinalista ha marcado más goles a balón parado, y buena parte de su amenaza nace en córners y faltas laterales bien trabajados.

Los goles de Bellingham en el Mundial.

Los goles de Bellingham en el Mundial. Fuente: Opta

Harry Kane, máximo goleador histórico de Inglaterra en Mundiales, se ha reconvertido en algo más que un nueve de área. Baja, recibe, descarga y habilita la llegada de Bellingham, que en este torneo ha demostrado por qué se le considera uno de los jugadores más influyentes de su generación.

El centrocampista del Real Madrid suma ya varios goles decisivos, muchos de ellos abriendo el marcador o volteando partidos, y su capacidad para aparecer desde segunda línea es el gran quebradero de cabeza de cualquier pivote rival.

Declan Rice, a su lado, ejerce de escoba y de lanzador largo, capaz de girar el juego en un solo pase o de cerrar el círculo alrededor del talento argentino.

La clave del plan inglés está precisamente ahí: en cómo contener a Messi sin desproteger la frontal. Tuchel ha insistido en la ayuda constante del lateral izquierdo sobre la diagonal interior del argentino y en la importancia de que Rice no se deje fijar demasiado atrás.

Bellingham celebra con Kane el gol marcado ante México.

Bellingham celebra con Kane el gol marcado ante México. Reuters

Inglaterra pretende montar una jaula flexible, no un marcaje al hombre. El riesgo es evidente: si Messi encuentra el tiempo suficiente para girar y conectar con las diagonales de Julián Álvarez o Lautaro Martínez, el bloque puede romperse en dos.

El beneficio, también: cada pérdida argentina en esa zona habilita contragolpes lanzados por Bellingham, Saka y Foden atacando a centrales obligados a correr hacia su propia portería.

En el otro lado del tablero, Scaloni sabe que el punto débil inglés está en los espacios que deja su estructura agresiva cuando pierde la pelota.

La presión tras pérdida de Argentina -una de las más intensas del torneo- será vital para evitar que Inglaterra pueda correr, y la gestión de esfuerzos de un equipo cargado de minutos también será un factor táctico.

Alineaciones probables Inglaterra - Argentina.

Alineaciones probables Inglaterra - Argentina. EE

La semifinal, en ese sentido, se presenta casi como una batalla de tiempos: quién impone su ritmo, quién controla las zonas de segunda jugada y quién se muestra más clínico en las dos áreas.

Todo esto, que bastaría para dibujar uno de los duelos más atractivos del Mundial, sucede sobre un telón de fondo que va mucho más allá. Para el hincha argentino, Inglaterra sigue siendo sinónimo de una herida abierta en el mapa y de una serie de partidos que se cuentan como episodios de una saga.

Para el aficionado inglés, Argentina es el recuerdo de Maradona, de expulsiones discutidas, de penaltis crueles, de noches en las que el fútbol fue escenario de algo que no se puede explicar solo con pizarras.

En Atlanta, sin embargo, no hay soldados ni banderas de guerra. Hay futbolistas que crecieron escuchando aquellas historias, pero que pertenecen a otra generación. Y hay un jugador, Messi, que se enfrenta a la última casilla que le faltaba por tachar en su carrera de selección: Inglaterra en un Mundial.

Si Argentina gana, la narrativa se sumará al mito: el heredero de Maradona completando la venganza simbólica en el mismo escenario donde se deciden las Copas.

Si gana Inglaterra, la historia se reescribirá desde otro ángulo: un equipo que rompe su techo de cristal mundialista eliminando al campeón reinante y al mejor futbolista de todos los tiempos.