Ferran Torres, entrenando con la Selección.

Ferran Torres, entrenando con la Selección. Reuters

Mundial de fútbol 2026

Ferran Torres, 26 años: "No jugaba en la calle porque soy un niño del 2000. Ahora todo está más modernizado"

El delantero de la Selección se abrió sobre sus orígenes en una entrevista realizada hace ahora seis años.

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En plena disputa del Mundial con España, Ferran Torres compite con la mochila de una generación que creció entre consolas, Wi-Fi y academias de alto rendimiento, no en plazas polvorientas ni descampados improvisados.

De ahí nace una de sus frases más reveladoras sobre la infancia: "No jugaba en la calle porque soy un niño del 2000", una declaración en una entrevista en Panenka hace seis años que condensa tanto su biografía como el cambio de época que atraviesa el fútbol.

Criado en Foios, un pequeño pueblo de la huerta norte de Valencia, Ferran explica que su escenario de crecimiento no fueron las porterías trazadas con mochilas en el asfalto, sino el patio de su propia casa, con sus perros como primeros defensores y compañeros de juego.

Desde muy pronto, el balón estuvo ligado a una estructura más organizada: empezó en el fútbol sala de su colegio, el EPLA, y casi al mismo tiempo el Valencia lo incorporó a su cantera cuando apenas tenía siete años.

Su relato de aquellos años desmonta la nostalgia clásica del fútbol callejero como única escuela posible.

Ferran reivindica que aprendió mucho más en el futbito del colegio que en una calle que ya "estaba todo más modernizado", mientras cuenta cómo aquellas primeras competiciones entre amigos derivaban en piques por ver quién marcaba más goles o daba más asistencias.

En ese contexto, reconoce que solo quería rematar y que todos sus regalos giraban en torno al fútbol: balones, espinilleras o botas, hasta el punto de ir al colegio con botas de tacos y ponerlas de moda entre compañeros que ni siquiera jugaban.

Ferran Torres, con la Selección.

Ferran Torres, con la Selección. Reuters

Sus recuerdos familiares añaden otra capa a esa infancia entre huerta y vestuarios. Ferran sitúa a su madre como la gran futbolera de casa, a un tío que competía a buen nivel y a un abuelo con campo propio en el que aprendió a trabajar la tierra, entre tomates y alcachofas.

Esa conexión con Foios, con la huerta y con el mar cercano, la define como una especie de contrapeso a la burbuja profesional: cuando vuelve al pueblo, dice, encuentra una válvula de escape con cuatro amigos de toda la vida que siguen llamándole "Ferri" y que son capaces de frenarle cuando olvida que ya es un jugador de Primera.

Hoy, mientras suma minutos y focos en el Mundial con la selección de Luis de la Fuente, aquel niño "del 2000" que apenas jugaba en la calle se presenta como producto de otra manera de entender la formación: más reglada, más tecnológica, pero igualmente atravesada por el barro emocional de la cantera.

Sus palabras en Panenka, pronunciadas cuando aún miraba al futuro con 20 años, resuenan ahora que con 26 asume un rol de peso en una España que le exige goles, madurez y personalidad.

Entre Foios y Estados Unidos, entre la portería del patio y los estadios del Mundial, la frase que abre este texto funciona como puente generacional y como declaración de identidad.