Mikel Merino

Mikel Merino Reuters

Mundial de fútbol 2026

Mikel Merino, 30 años: "Mi madre no quería balones en casa hasta que yo lo decidiera; no por ser hijo de un futbolista"

Mikel Merino volvió a aparecer cuando España más lo necesitaba, reflejo de una historia de familia y valores muy arraigados.

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Mikel Merino volvió a aparecer cuando más lo necesitaba España. El centrocampista marcó el gol de la victoria ante Bélgica en los cuartos de final del Mundial y selló el pase de la selección a las segundas semifinales de su historia.

El tanto confirmó, una vez más, la capacidad del navarro para decidir partidos importantes, aunque detrás de su carrera hay una historia marcada por una educación en la que nunca se dio por hecho que seguiría los pasos de su padre, el exfutbolista Miguel Merino.

"Si algo tenía claro mi madre es que no quería balones de fútbol por casa hasta que yo no lo decidiera, que no fuera porque mi padre era futbolista y yo tenía la presión de serlo", explicó en una entrevista concedida a La Vanguardia.

Esa forma de entender su infancia ha ido acompañada de una educación en la que la familia siempre ocupó el primer lugar.

Cuando apenas tenía 19 años y comenzaba a hacerse un nombre en el primer equipo de Osasuna, Merino concedió una entrevista a Noticias de Navarra en la que dejó clara esa importancia. "Mi familia es lo más importante", afirmó.

Sobre sus padres, el internacional español añadió: "Me han inculcado unos valores y se lo debo todo". Incluso bromeó sobre la convivencia con sus hermanos: "Es más el mediano el que manda".

Aquella conversación llegó en un momento en el que empezaba a convivir con la popularidad. "Me encuentro cómodo con la responsabilidad de que la gente me conozca", aseguró, al tiempo que reconoció que "no ha supuesto un cambio muy drástico".

Consciente de que muchos jóvenes podían fijarse en él, también reflexionó sobre la responsabilidad de convertirse en un referente. "Me sienta bien saber que soy un ejemplo para los niños", afirmó.

No obstante, admitió que esa condición también implicaba una mayor responsabilidad: "Siempre tienes que hacer lo correcto y no puedes sacar ese lado de locura".

Merino también habló entonces de la dificultad para compaginar los estudios con el fútbol profesional.

"Tuve que elegir y me dediqué al fútbol, pero no dejé los estudios", recordó sobre una etapa en la que terminó Bachillerato, superó la Selectividad y posteriormente cursó un grado de técnico deportivo.

"No sabes lo que puede pasar", dijo al explicar por qué nunca quiso cerrar la puerta a seguir formándose.

Esa misma filosofía marcó también su forma de entender el fútbol, donde los sacrificios eran parte del camino. "A veces ves a tus amigos disfrutando mientras tú estás entrenando", reconoció.

Fuera de los terrenos de juego, confesó que "lo que más me gusta es estar con mi familia y mis amigos" y admitió que, de no haber triunfado en el fútbol, "me hubiese gustado probar suerte" en el baloncesto.

"Es una manera de evadirme", señaló sobre los partidos que jugaba en la canasta que tenía en casa.

Además, rechazó la idea de que los futbolistas vivan ajenos a los problemas cotidianos. "Es lógico que piensen que no tenemos problemas", admitió, antes de recordar que "tenemos preocupaciones como cualquiera".

Una década después, el héroe del triunfo ante Portugal y Bélgica sigue transmitiendo la misma naturalidad que cuando empezaba su carrera.