El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, posan para una selfie durante el sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, posan para una selfie durante el sorteo de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Reuters

Mundial de fútbol 2026

El último choque de Trump con Sánchez y su relación con Infantino amenazan con que la final del Mundial 2030 sea en Casablanca y no en Madrid

La RFEF teme que la tensión política entre Washington y Madrid sea el factor decisivo que arrebate la final al Santiago Bernabéu.

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Los ataques de Donald Trump a Pedro Sánchez en la cumbre de la OTAN, celebrada en Ankara este miércoles, han trascendido los límites de la diplomacia atlántica para proyectar su sombra sobre el fútbol mundial.

La Federación Española teme, con creciente fundamento, que la tensión política entre Washington y Madrid sea el factor decisivo que arrebate al Santiago Bernabéu la final del Mundial 2030 en favor del Gran Estadio Hassan II de Casablanca.

La decisión oficial de FIFA se espera que se anuncie entre noviembre y diciembre de este año.

Trump protagonizó en Turquía uno de sus ataques más virulentos contra España.

Ante las cámaras, junto al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ordenó literalmente a sus secretarios de Tesoro y Estado cortar todo comercio con el país y calificó a España de "causa perdida" y "aliado terrible" por su negativa a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB y por no haber permitido el uso de las bases de Rota y Morón en la ofensiva contra Irán.

"No quiero hacer nada con España. Que se corte el comercio, incluyendo las visitas. Ni siquiera les habléis", llegó a decir.

Sin embargo, ya en el vuelo de regreso a Washington a bordo del Air Force One, el presidente ejecutó uno de sus característicos bandazos y reconoció que España "se había redimido por completo" al acceder a "múltiples pagos solicitados" por la OTAN.

"Tuve mis reservas, y aún las tengo", matizó, sin precisar los términos exactos del acuerdo. En pocas horas, el mismo hombre que había decretado el aislamiento de España se jactaba de que su presión sobre Sánchez había surtido efecto.

El episodio es el último capítulo de una confrontación que lleva meses envenenando la relación bilateral.

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una conferencia de prensa el día de la cumbre de líderes de la OTAN en Ankara, Turquía, el 8 de julio de 2026.

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una conferencia de prensa el día de la cumbre de líderes de la OTAN en Ankara, Turquía, el 8 de julio de 2026. Reuters.

Desde el inicio de la guerra contra Irán el pasado 28 de febrero, Washington ha reprochado a Madrid haberse negado a facilitar el uso de sus bases para operaciones militares, algo que el gobierno de Sánchez ha mantenido como línea roja.

En La Haya, hace apenas un año, Trump ya había amenazado con hacer a España "pagar el doble" en el plano comercial. En Ankara, la retórica se convirtió en órdenes directas.

La Moncloa ha respondido siempre con la misma ecuanimidad oficial, insistiendo en que la relación bilateral es "muy positiva" y que España ya ha alcanzado el 2% del PIB en defensa, situándose como séptimo contribuyente de la Alianza.

Infantino, la figura clave

Pero lo que empezó como un conflicto estrictamente político tiene ahora una derivada deportiva de primera magnitud. Y el nexo entre ambas esferas tiene nombre propio: Gianni Infantino.

La relación entre el presidente de la FIFA y Donald Trump es una de las alianzas más simbióticas e influyentes del deporte mundial.

Infantino ha cultivado su acceso directo a la Casa Blanca como principal activo político desde que Trump le acercó a la mesa del príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, de cuya confluencia surgieron el nuevo Mundial de Clubes y la concesión del Mundial 2034 a Arabia Saudí.

El Mundial 2026, que se disputa actualmente en Estados Unidos, México y Canadá, ha sido el escenario más reciente de esa complicidad.

Hace apenas días, Trump llamó por teléfono a Infantino para pedirle que revisara la expulsión del máximo goleador estadounidense, Folarin Balogun, quien había recibido tarjeta roja directa ante Bosnia y Herzegovina.

La FIFA, invocando el artículo 27 de su Código Disciplinario, levantó la sanción en tiempo récord, permitiendo que Balogun jugara los octavos de final contra Bélgica. Era la primera vez desde 1962 que el organismo dejaba sin efecto una suspensión por tarjeta roja en plena Copa del Mundo.

La UEFA, indignada, exigió explicaciones y calificó la decisión de "incomprensible, injustificable y sin precedentes". Trump agradeció públicamente el gesto en Truth Social.

El precedente quedó establecido: una llamada del presidente de Estados Unidos puede modificar el resultado de una decisión arbitral durante un Mundial.

Si Trump puede influir en quién juega un partido, la pregunta que circula ahora en los despachos de la Federación Española es inevitable: ¿puede también influir en dónde se juega la final del siguiente Mundial?

El trabajo marroquí en la sombra

Marruecos lleva años trabajando esa respuesta. El rey Mohamed VI encargó a Fouzi Lekjaa, presidente de la Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) y ministro delegado de Presupuestos del Gobierno, que liderara una operación de cabildeo sin límite de presupuesto para asegurarse la final de 2030.

Lekjaa -miembro del Consejo de la FIFA y vicepresidente de mayor rango de la CAF- lleva semanas moviéndose entre las sedes del Mundial en México y Estados Unidos, reuniéndose con los 37 miembros del Consejo de la FIFA presentes en el torneo y difundiendo un argumento de peso.

Según él, la final en el Gran Estadio Hassan II, con capacidad para 115.000 espectadores, generaría más de 150 millones de euros adicionales para la FIFA respecto a su celebración en el Bernabéu o el Camp Nou.

Los cerca de 27.000 asientos de más que ofrece el estadio marroquí frente al madrileño, con entradas de la final cotizándose en torno a los 5.000 dólares, convierten el argumento económico en abrumador para muchos delegados internacionales.

Un render del estadio Hassan II de Casablanca.

Un render del estadio Hassan II de Casablanca. FRMF

La relación de Lekjaa con Infantino es pública y estrecha. Ambos han coincidido en los partidos de Marruecos en este Mundial, y el propio Infantino firmó en diciembre de 2024 el acuerdo para instalar la oficina de FIFA África en Rabat, capital que además acogerá el Congreso de la FIFA de 2027 donde el suizo busca su reelección.

La Federación Española da ya prácticamente por perdido el apoyo de Infantino -cuyo voto tiene carácter de calidad- en la votación que decidirá la sede.

Trump y Marruecos

El otro vector de la operación marroquí corre por el carril diplomático, y pasa por Washington. El embajador marroquí en Estados Unidos, Youssef Amrani, mantiene una relación fluida y privilegiada con la Administración Trump, asentada sobre décadas de alianza estratégica.

Marruecos fue el primer país del mundo en reconocer la independencia de Estados Unidos, en 1777, y fue también el primer Estado árabe en integrarse en los Acuerdos Abraham que Trump impulsó en su primer mandato, a cambio de que Washington reconociera la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.

En el segundo mandato, la Administración Trump ha reafirmado esa posición. Amrani, además, ha ejercido como embajador en Sudáfrica, México y Colombia, tres países con representación en el Consejo de la FIFA, lo que amplifica su radio de influencia dentro del organismo.

El origen de esta pugna se remonta al propio nacimiento de la candidatura. España y Portugal comenzaron a articular el proyecto del Mundial 2030 en torno a 2018, con la premisa de que la final se disputaría en suelo español, siendo el renovado Santiago Bernabéu la opción natural por su historia -ya albergó la final del Mundial 1982- y el nuevo Camp Nou como alternativa con mayor capacidad.

Tras varios vaivenes que incluyeron la salida temporal de Marruecos del proyecto en medio de tensiones diplomáticas entre Madrid y Rabat, el rey Mohamed VI anunció en marzo de 2023 la incorporación definitiva del país africano a la candidatura tripartita, en un momento de acercamiento entre los dos gobiernos.

Fue el Gobierno de Sánchez quien abrió esa puerta.

Sin embargo, la entrada de Marruecos transformó la lógica interna de la candidatura. Lekjaa exigió desde el primer momento que el Gran Estadio Hassan II -aún en construcción entre Casablanca y Rabat, con una capacidad proyectada de 115.000 espectadores, la mayor del mundo- fuera incluido en el Bid Book como candidato a la fase final.

España cedió ante esa presión para preservar la unidad de la candidatura, y el estadio marroquí quedó incluido en el documento con la misma consideración que el Bernabéu y el Camp Nou.

La FIFA, en su informe de evaluación de noviembre de 2024, otorgó una puntuación idéntica de 4,3 sobre 5 a los tres estadios. Ninguno aventajaba a los otros sobre el papel.

En julio de 2025, una reunión extraordinaria de la FIFA celebrada en Agadir llegó a anunciar extraoficialmente al Bernabéu como sede de la final, en lo que parecía una victoria española.

Pero la partida no estaba cerrada. La diplomacia marroquí nunca aceptó ese resultado como definitivo, y la batería de movimientos desplegada desde entonces ha reactivado todas las alarmas.

El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, y el presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa.

El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, y el presidente de la Federación Marroquí de Fútbol, Fouzi Lekjaa. Europa Press

El presidente de la RFEF, Rafael Louzán, ha insistido públicamente en que "no se entendería que España no fuera la sede de la final del Mundial" y ha recordado que "este Mundial nació en España y Portugal, y Marruecos se unió después".

Louzán también ha señalado que el país aporta el 55% del peso organizativo de la candidatura. Pero al mismo tiempo admite que "la sede final la elegirá la FIFA" y que los movimientos de Lekjaa están sobrepasando en intensidad diplomática a cuanto está desplegando el lado español.

La Federación busca ahora anclar la final a Madrid vinculando la sede del Centro Internacional de Prensa del Mundial a la ciudad anfitriona de la final, una estrategia para hacer inextricable la logística del torneo con el Bernabéu.

Pero el tiempo apremia: la FIFA está previsto que oficialice su decisión entre noviembre y diciembre, y la operación marroquí gana terreno cada semana que pasa.

El último choque de Trump con Sánchez en Ankara no es sólo una tormenta de titulares diplomáticos. Es el último ingrediente de un caldo que lleva años cociéndose y cuyo resultado puede privar a España de la final de un Mundial que ella misma impulsó.