Leo Messi, manteado por sus compañeros tras alcanzar los cuartos de final del Mundial.

Leo Messi, manteado por sus compañeros tras alcanzar los cuartos de final del Mundial. EFE

Mundial de fútbol 2026

Las proezas de Messi en cada partido de Argentina: el desafío al paso del tiempo en su mejor Mundial con 39 años

El argentino es, momentáneamente, el máximo goleador del torneo con ocho goles. Ante Egipto, sacó las castañas del fuego a la vigente campeona.

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Está disputando su último Mundial y lo está disfrutando como cuando tenía 18 años y jugó sus primeros minutos en una cita mundialista. Las lágrimas que Messi derramó tras la victoria ante Egipto son las de un jugador que sabe que cualquier partido puede ser su último vistiendo la camiseta de Argentina.

Roto de alegría volvió a demostrar que sigue más vigente que nunca. En el Atlanta Stadium selló una noche memorable para la albiceleste. En el minuto 82 estaban eliminados del Mundial y entonces surgió la magia.

Había fallado un penalti en la primera parte, ejecutó una falta que se estrelló en la madera, parecía que no era el día. La supervivencia de Argentina dependía de un hilo... o de Messi más bien.

El argentino se convirtió en el primer jugador capaz de marcar en nueve partidos de manera consecutiva en una Copa del Mundial. 'La Pulga' se convirtió además en el primer jugador que marca en seis partidos seguidos de eliminación.

Con el tanto ante Egipto, Messi suma ocho goles y lidera la tabla de máximos goleadores del torneo, en el mismo campeonato en el que se ha convertido en el máximo artillero de la historia de los Mundiales. A los 39 años, sin descansar un solo minuto ante Cabo Verde y Egipto, sigue siendo el argumento definitivo de su selección.

Se preparó a conciencia en los últimos partidos de la temporada con el Inter Miami y la planificación para llegar en las mejores condiciones al Mundial ha sido un éxito. Su carta de presentación fue el hat-trick ante Argelia, que bien pudo ser un póker de goles si no fuera porque le anularon uno; insatisfecho marcó los dos goles del partido en la victoria ante Austria; otro más ante Jordania, también frente a Cabo Verde y contra Egipto.

Está pulverizando todos los récords, aunque hay uno que tiene entre ceja y ceja. El más importante, porque el que está haciendo el mejor Mundial de los seis en los que ha participado. Curioso que sea con 39 años.

Si Argentina levanta el Mundial el próxima 19 de julio, se convertirá en la primera selección en la historia en ganar cuatro torneos grandes de forma consecutiva. Estos serían la Copa América 2021, el Mundial 2022, la Copa América 2024 y, de lograrlo, el Mundial 2026.

Sería el broche final a la carrera del considerado para muchos el mejor futbolista de la historia. Nunca ha ganado la bota de oro de una Copa del Mundial y esta es su mejor oportunidad. En la carrera está por delante de Mbappé, Kane y Haaland, tres colosos que quieren desbancarle.

No será fácil, ni mucho menos. Sobre todo con la versión que está ofreciendo. Los números son tan rotundos como el impacto que generan sobre el terreno de juego. Ocho goles en lo que va de torneo resumen una actuación sencillamente descomunal.

Sigue siendo diferencial

Tres tantos frente a Argelia marcaron el inicio de una competición en la que Messi dejó claro que seguía siendo el futbolista capaz de decidir cualquier partido por sí solo. Después llegaron dos goles ante Austria, una exhibición de liderazgo frente a Jordania y otro tanto decisivo contra Cabo Verde, antes de cerrar los octavos con un nuevo gol frente a Egipto.

Las verdaderas proezas de Messi están en la forma en que interpreta el juego, en la calma con la que encuentra espacios donde nadie los ve y en esa capacidad casi sobrenatural para acelerar o detener el partido según lo exija el momento.

Cada encuentro ofrece una versión distinta del mismo genio. Ante Argelia fue un goleador implacable. Contra Austria, un director de orquesta capaz de controlar cada ataque argentino.

Messi llora de alegría tras la clasificación ante Egipto.

Messi llora de alegría tras la clasificación ante Egipto. Reuters

Frente a Jordania asumió el papel de líder cuando el equipo más lo necesitaba. Y ante Egipto volvió a demostrar que la presión nunca ha sido un obstáculo para él, sino el escenario ideal para engrandecer su leyenda.

Lo más admirable, sin embargo, no son únicamente los goles. Es la naturalidad con la que desafía el paso del tiempo. A los 39 años mantiene la precisión técnica, la visión privilegiada y una inteligencia táctica que parece aumentar con cada torneo.

Ya no necesita recorrer todos los metros del campo. Le basta una carrera, un desmarque o un toque para desequilibrar cualquier defensa.

Argentina también ha encontrado en él un liderazgo diferente. Más pausado, más sereno, pero igual de influyente. Sus compañeros juegan convencidos de que mientras Messi esté sobre el césped siempre existirá una oportunidad.

Esa confianza colectiva explica buena parte del crecimiento de una selección que vuelve a soñar con levantar la Copa del Mundo.

Quizá este Mundial termine con un nuevo título o quizá no. El fútbol siempre guarda espacio para la incertidumbre. Pero lo único seguro es que el argentino está protagonizando una de las actuaciones individuales más extraordinarias que se recuerdan en una Copa del Mundo.

Sus ocho goles son la evidencia más visible de un fenómeno que trasciende las estadísticas. Porque las auténticas proezas de Messi no se cuentan únicamente en tantos, sino en la capacidad de convertir cada partido de Argentina en un acontecimiento histórico.