Mikel Merino celebra su gol contra Portugal.

Mikel Merino celebra su gol contra Portugal. EFE

Mundial de fútbol 2026

Mikel Merino, el ángel de la guarda de la Selección: otro gol histórico que da el 'chupinazo' para España en el Mundial

Al igual que en la Eurocopa frente a Alemania, el navarro volvió a salir al rescate de España justo el día en el que comenzaron las fiestas de San Fermín.

Más información: Merino deshace el atasco ante Portugal en el minuto 90 y mete a España en los cuartos de final del Mundial

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Hay fechas que no son simples números en un calendario; son citas clandestinas que el destino programa para unos pocos elegidos. El 5 de julio de 2024, en el Mercedes-Benz Arena de Stuttgart, Mikel Merino se suspendió en el aire para cazar un centro de Dani Olmo en el minuto 119 y derribar el gigante alemán.

Aquel testarazo agónico no solo metió a España en las semifinales de la Eurocopa, sino que reescribió la mitología del fútbol español.

Pero el destino, caprichoso y poético, guardaba un segundo acto. Tuvo que ser un 6 de julio, cuando el centrocampista navarro decidió congelar el tiempo otra vez.

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Precisamente, el día en que su Pamplona natal se vistió de blanco y rojo, el día en que el cielo de la Plaza Consistorial estalló con el 'chupinazo' que dio inicio a las fiestas de San Fermín.

Merino, un pamplonés que lleva el estruendo de su tierra en el alma, decidió que el cohete más importante de este año no se lanzaría desde un balcón municipal, sino desde el mismísimo césped del Mundial. Un gol que valió el pase a los cuartos de final de la Copa del Mundo.

Cinco minutos para la eternidad

El partido contra Portugal agonizaba en un nudo de nervios y pizarra. El 0-0 pesaba en las piernas como el plomo, y el fantasma de la prórroga ya sobrevolaba el estadio. España dominaba, pero faltaba el colmillo, esa chispa de clarividencia capaz de agrietar una defensa de hormigón armado.

Fue entonces, en el minuto 85, cuando Luis de la Fuente miró al banquillo y buscó los ojos de su soldado de confianza. Merino saltó al campo con la parsimonia de los que saben que su momento está por llegar.

Mikel Merino bate a Diogo Costa.

Mikel Merino bate a Diogo Costa. REUTERS

Solo necesitó cinco minutos para desatar la locura. La jugada nació de la fe. Ferran Torres recibió en tres cuartos de campo, levantó la cabeza y dibujó un pase milimétrico, tenso, de esos que exigen una lectura perfecta del espacio.

Merino leyó la trayectoria antes que nadie. Rompió la línea defensiva portuguesa con una zancada imperial y se plantó mano a mano frente a Diogo Costa. En esos milisegundos donde a la mayoría de los mortales se les nubla la vista, el navarro tiró de frialdad quirúrgica: un remate raso, seco, ajustado al palo corto que dejó al guardameta luso abatido.

Gol. El estallido. España entera saltando por los aires, celebrando su propio e inesperado chupinazo futbolístico.

Una recompensa

Para entender la magnitud del grito de rabia de Merino en la celebración, hay que mirar hacia atrás, hacia los meses oscuros. Detrás de este gol histórico se esconde un año que ha rozado la categoría de pesadilla.

Una temporada implacable, marcada por una grave lesión que lo apartó de los terrenos de juego durante meses, amenazando con desmantelar sus sueños mundialistas.

Mientras sus compañeros competían cada fin de semana, a Merino le tocó habitar el gimnasio, la camilla del fisioterapeuta y el silencio de las recuperaciones solitarias. Hubo días de dudas, de dolores crónicos y del miedo atroz de no volver a ser el mismo.

El fútbol, a veces cruel, olvida rápido. Sin embargo, el centrocampista nunca bajó los brazos. Su fe se mantuvo intacta en la sombra, sabiendo que el túnel, por muy largo que fuera, siempre desemboca en la luz.

En este relato de redención, el papel de Luis de la Fuente roza lo paternal. Cuando el entorno de la Selección dudaba de si un jugador sin ritmo competitivo debía subirse al avión del Mundial, el seleccionador se plantó.

Mikel Merino se abraza con De la Fuente en un partido de España.

Mikel Merino se abraza con De la Fuente en un partido de España. REUTERS

Conoció a Merino en las categorías inferiores, sabe de qué madera está hecho y entendía que un futbolista de su jerarquía emocional no se mide por los minutos acumulados, sino por el peso de su carácter. Y de su oportunismo.

Ahora, el técnico riojano ha recogido los frutos de su lealtad. Merino le ha respondido de la única manera que sabe hacerlo: en el momento de la verdad, asumiendo la responsabilidad y rescatando al equipo de disputar una agónica prórroga.

Un paso más cerca

Con el pitido final, el 1-0 ante Portugal certifica el billete de España para los cuartos de final del Mundial. La Selección sigue adelante, alimentando el sueño de la estrella, guiada por un bloque sólido pero bendecida por el misticismo de sus individualidades.

Mikel Merino volvió a hacerlo. El hombre de los goles imposibles en los días señalados. Las calles de Pamplona correrán llenas de emoción con los encierros, pero hoy, el planeta fútbol se rinde ante el navarro que convirtió un partido de octavos en su particular y glorioso 'chupinazo'.

España sigue adelante. Tres pasos le separan de la gloria. Pero deben ir paso a paso. La siguiente piedra en el camino es Bélgica. La Selección jugará con la vitola de favorito, pero consciente de que deberá dejarse la piel para lograr su objetivo.