La celebración de Bélgica imitando a Donald Trump
El baile que ridiculiza la injerencia en la FIFA: Bélgica imita el célebre paso de Trump tras eliminar a Estados Unidos
Con Lukaku a la cabeza, el combinado belga remató a la anfitriona con una celebración viral en el gol del definitivo 4-1.
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El baile de Bélgica en el córner de Seattle no nació de la nada: fue la respuesta más gráfica posible a una semana en la que la política se metió hasta el vestuario de un Mundial.
Romelu Lukaku acababa de firmar el 4-1 que mandaba a casa a Estados Unidos en los octavos de final, y en el banderín le esperaban sus compañeros para, todos juntos, imitar el ya célebre paso de Donald Trump al ritmo de 'YMCA'.
El mensaje, en un estadio encendido y ante el anfitrión, era tan simple como contundente: si el poder juega al límite para cambiar las reglas, el fútbol sabe cómo contestar.
Lukaku é sujeito homem pra caralho.
— Ceo Da Acarajé (@AcarajeCeo) July 7, 2026
Fez o Quarto Gol da goleada em cima dos Estados Unidos, na casa dos caras.
E a comemoração foi como?
imitando a dancinha do verme do Trump, que interviu na copa pra favorecer os Estados Unidos.
Foda Kkkkkkkkkkkkkk pic.twitter.com/n6a7r1mBIQ
La chispa que encendió este festejo hay que buscarla varios días antes, en Santa Clara. Allí, Folarin Balogun, máximo goleador estadounidense en el torneo, vio la roja directa por un pisotón al bosnio Tarik Muharemovic en un duelo de dieciseisavos que Estados Unidos ganó sufriendo. La sanción automática de un partido lo dejaba fuera, en principio, del cruce ante Bélgica en Seattle.
Sin embargo, la historia cambió con una decisión disciplinaria tan inesperada como polémica: el Comité de la FIFA dejó la suspensión "en suspenso" durante un año, habilitando al delantero para jugar los octavos.
La Casa Blanca intervino de forma abierta y el propio Donald Trump se apresuró a aplaudir públicamente la decisión que permitía a Balogun estar en el once, una dinámica que diarios como The New York Times y The Washington Post enmarcaron como un nuevo episodio de presión política sobre los organismos deportivos internacionales.
Bélgica, por su parte, reaccionó con un comunicado duro: la federación se declaró "asombrada" por el giro del caso y anunció que estudiaría "todas las opciones posibles" para defender la integridad competitiva del Mundial. El ambiente, desde entonces, dejó de ser el de un simple duelo de octavos entre anfitrión y aspirante europeo.
Con ese telón de fondo, el partido en Seattle se cargó de lecturas cruzadas. Balogun fue titular, pero la noche perteneció a una Bélgica que golpeó con oficio hasta el 4-1 final.
Cuando Lukaku ajustició a Estados Unidos con su derechazo cruzado, el delantero corrió hacia la grada local para hacer un festejo desafiante, manos en las orejas, pidiendo silencio a quienes venían de una semana de euforia política.
La selección de #Belgica se burla de Trump y en su casa. pic.twitter.com/sQEwyKqM3L
— ZuritaCarpio (@ZuritaCarpio) July 7, 2026
El clímax llegó segundos después, cuando el resto del equipo se agrupó a su alrededor y, entre risas y miradas al palco, empezó a replicar el balanceo de brazos y hombros que Trump convirtió en marca de la casa durante sus mítines.
En una era en la que cada gesto dura segundos antes de hacerse viral, el baile belga condensó en una coreografía el resentimiento acumulado por la intromisión del despacho oval en una sanción deportiva.
El fútbol volvió a pronunciarse con un gol y una burla coreografiada en la esquina de un estadio. Para la historia del Mundial de 2026 quedará la imagen de un grupo de jugadores riéndose del baile del presidente más poderoso del planeta, justo después de dejar sin efecto, sobre el césped, la influencia que había ejercido fuera de él.