Dembélé es felicitado por sus compañeros de la selección francesa.

Dembélé es felicitado por sus compañeros de la selección francesa. REUTERS

Mundial de fútbol 2026 NORUEGA 1 - 4 FRANCIA

Dembélé hace olvidar el duelo entre Mbappé y Haaland y mete a Francia como primera con un recital goleador

El Balón de Oro firmó un espectacular 'hat-trick' en apenas media hora que dejó encarrilado el choque en la primera parte.

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Bienvenidos al recital de Ousmane Dembélé. Todavía colea cierta polémica de por qué fue galardonado con el Balón de Oro en su día, pero de vez en cuando 'El mosquito' se encarga de recordárselo a sus detractores. [Así vivimos la victoria de Francia sobre Noruega en el Mundial]

En el día en el que todos los focos alumbraban a Kylian Mbappé y Erling Haaland, en la fiesta se coló Dembélé como protagonista principal. Un alucinante 'hat-trick' en la primera media hora de juego dejó todo visto para sentencia y de paso elevó el nivel de Francia justo antes de los cruces.

Mbappé brilló en su faceta de anotador. Haaland no jugó ni un solo minuto. No interesaba, cualquier esfuerzo que pueda dosificar el alma de los vikingos es bueno, pensó el seleccionador nórdico. De hecho, reservó a su bloque A y dejó paso a un equipo B.

A Francia le bastó con hacer los deberes en la segunda mitad y limitarse a ver cómo pasaban los minutos en la segunda. Tampoco había una necesidad especial de desgastarse más de lo debido antes de que llegue lo mollar.

Los galos están en dieciseisavos de final como primeros y ya esperan a una tercera de grupo. Noruega, que ya tenía el pase garantizado, se enfrentará con Costa de Marfil, ni tan mal para ambos.

Dembélé se pasa el juego

Sorprendió Noruega desde el inicio. No por el planteamiento, sino porque Erling Haaland se quedó en el banquillo. Justo el día que estaba en disputa el primer puesto del grupo, pero parecía ser secundario aquello para los vikingos. Haaland y otros tantos, porque Noruega salió con los suplentes.

Entre esta apuesta curiosa de los noruegos y el arranque de Francia, la ecuación no podía ser otra que la que se iba a desarrollar en los siguientes minutos. Y es que apenas segundos tardó el equipo de Deschamps, ausente por la muerte de su madre, en demostrar sus intenciones.

26 segundos. Ese fue el tiempo que transcurrió desde el pitido inicial hasta que Kylian Mbappé se encontró con el larguero. Gran jugada individual del crack del Real Madrid, derechazo imparable y la madera que se interpuso en su camino.

Selvik se estira para tratar de detener el tiro de Dembélé.

Selvik se estira para tratar de detener el tiro de Dembélé. REUTERS

Pero la noche buscaba otro protagonista. Era el Balón de Oro. A los siete minutos comenzó su recital. Koné robó, Mbappé abrió a la banda derecha y Dembélé hizo el resto. Recortó con la zurda, ajustó el punto de mira al palo largo y la puso allá donde era imposible que llegara Selvik. Marca de la casa, sello propio que se iba a repetir una y otra vez.

Francia era un auténtico ciclón. Completamente desatada, la selección gala quería brindarle a Deschamps el mejor partido. Mbappé se la puso a Olise, pero el del Bayern se encontró con las piernas de Aursnes cuando todo conducía al segundo gol.

Ante el rodillo francés, Noruega quiso sacar la cabeza para coger aire. Mucho mérito, porque Larsen rozó el empate con una preciosa maniobra combinada de control más remate dentro del área. El tiro se fue arriba por poco.

Pero es que nadie podía parar a Francia. En el minuto 20 de nuevo Dembélé dejó su sello. Otra vez Mbappé en el nacimiento de la jugada, otra vez Dembélé habilitándose a la zurda para clavarla en el palo largo.

Parecía que todo iba a ser un paseo militar de los galos, pero entonces Noruega reaccionó al minuto a siguiente. Poco después de sacar de centro los vikingos cargaron por el costado zurdo, Aasgard recibió dentro del área y, con una tranquilidad alucinante, batió a Maignan para reducir diferencias. Estaban vivos los nórdicos, aunque pareciera mentira.

Dembélé acude a la banda para celebrar uno de sus goles.

Dembélé acude a la banda para celebrar uno de sus goles. REUTERS

La primera parte fue un auténtico festín, uno de los mejores partidos de lo que llevamos de Mundial sin lugar a dudas. Y Dembélé quería confirmarlo. Pasada la media hora completó su 'hat-trick'. Esta vez con un disparo desde dentro del área, también al palo largo. ¿Era posible que hubiera marcado tres goles en media hora?

Francia pudo clavar el cuarto y dejar visto para sentencia el choque, pero faltó un poco más de puntería y también de picarse a Koné en una acción más propia de fútbol sala en la que quiso pisar el balón ante el guardameta noruego tras la pared con Mbappé.

Noruega perdona

El segundo acto comenzó con sobresalto para Francia. Nada más comenzar, penalti para los noruegos. Tenían la oportunidad los nórdicos de meterse en el partido, y eso que seguían sin Haaland en el césped, pero tal y como llegó, la mejor oportunidad se fue.

Larsen se encargó de asumir la responsabilidad, de plantarse en los once metros... y de lanzar la pena máxima de manera lamentable. Centrado, flojo y fácil para Maignan, gran parapenaltis.

Los cambios y la charla del descanso revitalizaron a una Noruega que estuvo más presente en campo contrario, que no estuvo tan a merced de las voluntades de Francia. Ostigard rozó el gol con un cabezazo que se marchó cruzado. Lo intentaban los nórdicos.

Con el trabajo hecho pero aún muchos minutos por delante, Dembélé fue sustituido. Para entonces, ya estaba todo el pescado vendido.

Bobb volvió a poner a prueba a Maignan, pero el guardameta demostró estar tremendamente enchufado. Barcola intentó antes del final una internada, pero se quedó sin hueco.

El partido estaba ya muerto y todos estaban felices. Pero en el añadido todavía había una última sorpresa, el cabezazo de Doue para el cuarto. Francia pasa como primera. Noruega como segunda. A dieciseisavos. Que empiece lo de verdad.