Wissa celebra su gol contra Portugal.

Wissa celebra su gol contra Portugal. REUTERS

Mundial de fútbol 2026

De sobrevivir a un ataque con ácido para salvar a su hija a silenciar a Portugal: la heroica historia de Yoane Wissa

El atacante congoleño superó un infierno personal en 2021 que casi le deja ciego y acaba con su carrera.

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El fútbol, en su vertiente más mágica, es un escenario donde las historias de redención alcanzan una magnitud global. Este miércoles, la Selección de la República Democrática del Congo firmó una de las grandes sorpresas en su debut en el Mundial 2026 al empatar 1-1 frente a Portugal.

El gran protagonista de la tarde fue Yoane Wissa, actual delantero del Newcastle, cuyo gol desató la euforia de todo un país. Sin embargo, para el atacante congoleño, enfrentarse a defensas de élite o a la presión de una Copa del Mundo es un juego de niños comparado con el infierno que vivió hace exactamente cinco años.

La gesta deportiva de Wissa sobre el césped mundialista esconde uno de los episodios más oscuros y escalofriantes que haya sufrido un futbolista profesional. Hay que remontarse al 2 de julio de 2021. Por aquel entonces, un joven Wissa despuntaba en las filas del Lorient de la Liga francesa, labrándose un futuro prometedor. Aquella noche, al abrir la puerta de su domicilio, su vida dio un vuelco terrorífico.

Una mujer, identificada posteriormente en los tribunales como Laetitia P., se presentó en su casa con un objetivo macabro: secuestrar a la hija del jugador. En el umbral de la puerta, la agresora no dudó en arrojar un líquido corrosivo directamente al rostro del futbolista.

El ácido quemó su piel y penetró en sus ojos, provocándole un dolor indescriptible. Pese a la agonía y al riesgo inminente de ceguera, el instinto paternal de Wissa prevaleció. Su rápida y desesperada reacción física impidió que la mujer lograra su objetivo y se llevara a la pequeña.

Las consecuencias médicas fueron gravísimas. Wissa tuvo que ser ingresado de urgencia y sometido a complejas intervenciones quirúrgicas. Los especialistas temieron lo peor: la pérdida total de la vista. Su carrera deportiva parecía haber llegado a un final abrupto.

Wissa celebra su gol contra Portugal.

Wissa celebra su gol contra Portugal. REUTERS

Mientras el congoleño luchaba en su habitación del hospital, los detalles del caso horrorizaban a la opinión pública. La atacante, que terminó siendo condenada a 18 años de prisión por intento de asesinato y secuestro, demostró una crueldad sin límites: apenas un día después de agredir a Wissa, intentó prender fuego a la madre de otro niño tras rociarla con un líquido inflamable.

"Afortunadamente no perdió la vista y fue sólo gracias a su reacción que no se llevaron a su hija", relataría tiempo después su abogado durante el juicio, subrayando el infierno psicológico de la familia. "Wissa todavía sufre las secuelas de este intento de secuestro, pero ha hecho todo lo posible para demostrar que está bien. Hoy en día él y su esposa se sienten a salvo del peligro en Inglaterra".

Para dejar atrás el trauma y buscar un refugio seguro, Wissa puso rumbo a la Premier League. Allí, lejos de la pesadilla, el delantero reencontró su mejor versión, esa que lo ha llevado a la élite de este deporte.

El histórico gol anotado ante la Portugal de Cristiano Ronaldo no es solo un tanto que pasará a los archivos de los Mundiales. Es, ante todo, el grito de liberación de un padre que protegió a su familia del horror, un hombre que se negó a perder la luz de sus ojos y que hoy brilla como el gran héroe indiscutible de la República Democrática del Congo.