Fue la noche de Rosalía: después de hacerse con su Grammy -y de convertirse, junto a Alejandro Sanz, en embajadora oficial de la música española por el mundo-, se decidió también a deslumbrar con una actuación arrebatadora. Primera escena: un espejo múltiple, luces oscuras. Ella surge entre las sombras con un traje blanco con largos flecos. Palmas. Guitarra. Va a arrancarse por Juro que, su nuevo tema compuesto a medias con Kaidy Kain -y su regreso a un flamenco más limpio, aunque no termina por prescindir del autotune-.

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La canción, como en las coplas clásicas, habla de la mujer que espera a su amado, que anda entre rejas. "Han llevao' a mi niño preso por más de cuatrocientos días / lo tenía abrazao' en la cama cuando llegó la policía / ni un beso pude darle de despedía / y eso me arde", canta, y casi llora, hablándole a su novio imaginario con las uñas larguísimas. "Con una carta le digo: el primer día de permiso / lo vas a pasar conmigo. / Juro que, juro que, juro que el tiempo que tú estés dentro yo te esperaré". En el estribillo comienza a acompañarla un coro y se les va un poco la mano con el autotune, porque la canción estaba resultando desgarradora, sencilla y hermosa sólo con la voz de la artista.

Segunda escena: coreografía impactante a ritmo de palmas. Rosalía suelta el micro, avanza un poco más hacia el público y danza como una chamana embrujando a la audiencia, jugando con las sombras y con las voces flamencas que se escuchan de fondo. Entonces suenan los primeros acordes de Malamente, su primer hit.

Tercera escena: aquí el despliegue es total. Luces rojas e incontables bailarines en ambos escenarios -el principal y el inferior-. "Voy a salir pa' la calle, las manitas, los aros brillando en mi piel, los corales / me proteja y me salve / y me ilumine y me guarde / y por delante: no voy a perder ni un minuto en volver a pensarte". Cerró su show con un grito mítico -"La Rosalía"- mientras los Grammy se derrumbaban a sus pies.