"Este es mi elixir; existir es sentir, aquí sentir es escribir", rimaba el rapero Ignacio Fornes en su canción Manifiesto. Mejor conocido como Nach, el albaceteño compagina la música con otro tipo de escritura más personal. La poesía. No es su primera publicación. Tras el éxito de Hambriento (Planeta), el rapero vuelve a este género con Silencios vivos (Planeta), donde el amor y la reivindicación que arrastra desde el hip hop están latentes.

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Nada más volver de su gira en Latinoamérica, con jet lag incluido, acude al Teatro del Barrio, donde concede una entrevista a EL ESPAÑOL para conversar sobre lo que él llama RAP: revolución, actitud y poesía.

¿Actualmente te consideras más poeta que rapero?

Yo siempre me he considerado MC. Es como yo crecí, como evolucioné, como aprendí... Es lo que siento que soy. Que escriba libros de poesía es otra vertiente de mi universo pero si me tengo que definir a nivel artístico yo me defino como MC.

¿Es diferente escribir para componer una canción que escribir un poema?

Sí. Es un poco difícil de explicar. Yo siempre digo que cuando escribo rap es como estar en un bar con mis colegas escribiendo mis movidas con música de fondo y con una energía activa más definida. En cambio, cuando escribo poesía es como si me fuera a un baño a dialogar conmigo mismo frente al espejo. Creo que en la poesía hay un tipo de comunicación para conmigo mismo mientras que en el rap el entorno tiene mucho más que ver a la hora de comunicar. Mi relación con la poesía es más personal; no pienso en quién va a leerlo después.

Háblame del poema En construcción.

¡Sí! Me alegra mucho que me preguntes por ese poema en concreto. Estuve grabando un videoclip en un cementerio de Madrid. Y mientras lo preparaba todo me di una vuelta por allí. Vi una foto de un chico (Antonio) que me impactó porque había nacido en 1945 y había muerto en 1963. Pensé, qué putada. O sea, mueres con 18 años y en una época donde España se había estancado de alguna manera. Todo lo que sucedió después, que fue apasionante, se lo perdió por morir antes de tiempo. Por eso le escribí este poema. Vivió una España en blanca y negro. Sería años después cuando se empezaría a colorear el país.

De hecho, en ese mismo poema hablas de temas como la legalización del aborto, acontecimiento que Antonio nunca vio, y que ahora vuelve a retomarse por partidos como Vox. ¿Estamos retrocediendo con este auge de la extrema derecha?

Me da un poco de pena pero al mismo tiempo intento comprender ese sentido humano, que es cíclico y que también tiene que ver con la naturaleza humana. Parece que siempre pasamos por los mismos ciclos. Hay determinados partidos políticos que aprovechan el populismo para crear esas frases hechas o historias muy fáciles de entender que calan en gente que no tiene mucha más capacidad o empatía. La gente que adopta estos mensajes solo ve a un inmigrante, una minoría, y no es capaz de ponerse en su piel. 

Al mismo tiempo, en este ciclo humano, siempre damos un paso para atrás para dar uno mayor hacia adelante. Eso es lo que a mí la historia me deja ver. Siempre avanzamos un poco; luego retrocedemos otra vez; después volvemos a avanzar. Esto pasa con todos los populismos y gobernantes ya se llame Bolsonaro, Trump o la extrema derecha en España. Nos intentan vender que es otra cosa. Conozco a gente joven que me dice que no son extrema derecha pero al final son un partido que no empatiza con las minorías o la gente que está en situaciones más desfavorecidas. Eso es lo que a mí más me duele. Además, luego a nivel social y humano no son capaces de centrarse en el mundo en el que vivimos, un mundo global. No dejan a nadie entrar. Es una pena y a mí, como persona que me considero minoría en muchos aspectos, me duele.

Hablando de pasos hacia adelante, ¿qué opinas de lo que supone ese abrazo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias? En tu canción Esclavos del destino rapeas lo siguiente: Mi gobierno, es otro ejemplo de cinismo / Un partido socialista que no practica el socialismo. ¿Crees que esto puede cambiar?

Espero que si. Hoy los políticos, por cómo está formado el mundo, deben ser más economistas que políticos. Eso es una contradicción porque luego, cuando tienen que tratar temas sociales, no encajan bien el concepto economista y el político. En este caso, a mí me gustaría que ese abrazo supusiera algo bueno para el país. Y prefiero que se abracen a tener el país estancado.

Otro de los temas que se tratan en Silencios vivos es el amor. Estos últimos tiempos el concepto del amor se ha reinterpretado en muchos aspectos. Desde el poliamor a las nuevas aplicaciones como Tinder. ¿Qué opinas de los nuevos formatos en los que se manifiesta el amor?

Creo que este capitalismo que provoca un gran individualismo a la vez nos hace relacionarnos de manera muy superficial. Con las redes sociales todo es un poco Black Mirror. ¿Cuántos me aceptan? ¿Cuántos me quieren? Eso en el fondo no es real. Creo que las relaciones humanas necesitan un contacto mucho más íntimo y táctil. Miramos más al móvil que a la cara. Y creo que todo esto genera mucha soledad. Es más «lo que tengo» que «lo que realmente soy».

Yo conozco a gente que está en una relación por el qué dirán. Me parecen absurdas muchas de las cosas que hacemos. Pero es que seguimos aprendiendo. Esto de las redes es realmente fascinante pero a la vez muy jodido si no sabes gestionarlas. Y la gente joven no tiene por qué saber gestionar esto. A muchos de ellos les genera presión no tener el afecto que tienen otros cuando realmente lo que muestran estos otros es pura fachada.

Además, el ser humano es muy complejo. Hay tantas posibilidades en el mundo. A algunos no les hace feliz tener una novia, casarse y tener hijos. Mientras sean felices, da igual a quién amen; si son dos o tres personas. Somos muy complejos a nivel afectivo y sexual y hay determinadas actitudes que se tienen que normalizar.

Nach. ©Jeosm

El rap, como muchos otros estilos musicales, siempre ha sido muy falocéntrico —hay mucha testosterona—. ¿Por qué crees que es un espacio tan ocupado por hombres? 

Yo creo que cuando aparecieron los primeros raperos eran personas que no tenían nada y buscaban ser alguien. La forma de luchar contra un sistema que los ninguneaba era levantar la cabeza y decir 'ole mi polla'. Eso generó un rap egocéntrico que también se ve en las batallas de gallos. Pero yo veo el hip hop como una forma de superarse. Es como un combate de boxeo con un abrazo final. Ese falocentrismo nos ha hecho echarle un par de huevos para hacer que esta cultura se plante y se reivindique.

Por poner un ejemplo, en Rap contra el racismo participan 15 raperos y no hay ni una sola mujer. Llama la atención.

No lo había pensado... Supongo que no hay ninguna mujer porque Chojin nos contactó a los amigos y no tenía ninguna mujer que conociera y pudiera invitar en ese momento. A lo mejor es mucho más simple de lo que parece.

Podríais juntaros otra vez, ahora que han pasado ocho años.

No estaría mal hacer un Rap contra el racismo diez años después. Luego se lo comento a Chojin, lo digo muy en serio. Sería una buena idea. ¿Hacemos otro tema?