Las hermanas republicanas militantes. Pilar, la protagonista del libro, es la menor.

Las hermanas republicanas militantes. Pilar, la protagonista del libro, es la menor.

Libros Memoria histórica

La Ana Frank de la Guerra Civil era "antifascista" y llamaba a Franco “el imbécil"

Los diarios de Pilar Duaygües, una niña republicana de 14 años, salen a la luz después de 80. La cría cuenta cómo vivió la Guerra Civil: con sus hermanas feministas y milicianas, con su normalización de la violencia, y hasta con su amor hacia un niño fascista.

Pilar Duaygües no murió en la Guerra Civil, pero la atravesó igual en vida y escritura. Tenía 14 años cuando Franco dio el golpe de Estado contra el gobierno de la República y se dedicó a relatar los días con su mirada de cría lucidísima, de niña golpeada por la realidad que asume la violencia como la columna vertebral de su España, de su país a punto de despeñar. Su libreta ha estado oculta más de ochenta años y ahora la recogen la documentalista Tania Balló y el historiador Gonzalo Berger en Querido diario: hoy ha empezado la guerra (Espasa), un testimonio inédito de los años del horror desde el ojo límpido de la menor de las hijas de una familia acomodada -propietaria de una pequeña empresa de harina y pasta en Lleida-, de izquierdas y republicana. Algo más: insistentes en la cultura, con marcada voluntad tanto artística como política.

La publicación de este diario es el resultado de una investigación que llevamos haciendo año y medio en busca de los nombres y apellidos de todas las mujeres que participaron activamente durante la Guerra Civil como combatientes, como milicianas”, cuenta Tania Balló. “En esa búsqueda ejercemos un protocolo en el que rastreamos la documentación que acredita el nombre y el apellido de esa mujer como miliciana: en los Archivos de Salamanca, en el Archivo Nacional de Cataluña, etc.”. A partir de ahí, los dos expertos ahondan en algunos casos concretos y buscan a la familia para que les complete la biografía de la combatiente. Así llegaron a Teresa, la mayor de las cuatro hermanas, que, tras volver del frente balear, trabajó en la organización de la defensa pasiva de la ciudad.

Ni Teresa, ni Mary -periodista en El Diluvio, diario republicano de ámbito local- ni Rosa -enfermera destinada al frente en varios hospitales de sangre- tuvieron hijos -sí estudios superiores, algo poco habitual en la época- pero Pilar, la pequeña, engendró descendencia. Fue con ellos con quien contactaron los autores del libro y, mientras les hablaban sobre su tía, salió en la conversación que ellos guardaban los diarios que su madre había escrito durante la Guerra Civil. 11 cuadernos. “Pilar se definía como ‘antifascista’. Es la pequeña de la casa, no milita en organizaciones políticas, no va a la guerra ni escribe en prensa como sus hermanas, pero sí tiene conciencia política y tiene claros valores éticos según su ideario”, explica Gonzalo Berger. Es la Ana Frank de la Guerra Civil, la niña Pilar.

Carnet de Pilar.

Carnet de Pilar.

Ella crece en la ciudad de Barcelona, que se sitúa en contra de Franco, así que el dictador implica justamente todo aquello contra lo que se combate”. Se refiere a él como “idiota” o “imbécil” en sus escritos, como quien habla con inocencia y desdén de un mal muy cercano. “Después ella entra en el Instituto Obrero y entra en contacto con otros jóvenes que sí militan en organizaciones de apoyo a la lucha antifascista”.

El saludo fascista hasta en el cine

La propia Pilar lo contaba en sus textos: “Me da rabia ir al cine porque obligan a saludar con el brazo tendido, o sea, el saludo fascista. En la pantalla aparece el rostro del idiota de Franco mientras tocan el himno de ellos y todo el mundo ha de ponerse en pie y saludar. Si no se hace, los soldados que vigilan pegan a aquellos que no obedecen. A veces suele salir peor la coartada porque se los llevan presos, así es que es una cosa asquerosa por(…) A mí, el primer día, me cogió una pasión de reír al ver a tantas personas con el brazo horizontal, que parecía que mirasen si llovía”.

Me fijo en el rostro de la gente y en algunos se conoce que son rojos por el aspecto descontentadillo que ofrecen”. En el 37 se enamoró de Raúl Blein, un chaval que conoció en la Academia a la que iba a estudiar. El resto de niñas también estaban fascinadas por él y su adoración no fue correspondida. “Quiero dejar esa idea y esa esperanza que siempre he llevado, que es «¡Puede ser que algún día me llegue a querer Raúl!», pero no, es dificilísimo, ahora me he dado cuenta de la verdad. Por lo tanto, he de estudiar, leer sea lo que sea, pero pensar en él, no, no y no, no, no, no, no”, escribe. Aunque, durante la Guerra, Pilar descubrió que Raúl se había unido a los fascistas, no dejó de quererle.

Amor de niños en tiempos de guerra

Dice Balló que lo que le sorprende de la niña Pilar “es esa capacidad de contar algo naif, ¡ese naif de adolescente maravilloso que todos echamos de menos!, como ‘le amaré toda la vida’, y luego añadir ‘...si la guerra me lo permite’”: “Crees estar leyendo el testimonio de alguien que no se entera de nada y de repente cae el peso de la realidad como una losa. Ella vive así: se pelea con una amiga del colegio, como una niña normal, y de repente caen las bombas por la noche”. Sonríe la documentalista y dice que “en ese momento aún se amaba por encima de las ideologías”. Y puntualiza: “Seguramente sus hermanas no hubiesen podido hacerlo, pero Pilar ama con la verdad típica de esos años. Raúl se convierte en un sueño que no sabes cómo se alimenta, incluso cuando él está en otro instituto ya y parece que se ha comprometido con otra chica”.

El historiador Berger cree que “ella acaba normalizando la violencia”: “Las muertes no, las muertes le afectan mucho, incluso las que no son tan cercanas. Pero los bombardeos, el hambre, la guerra en sí… los introduce en su normalidad. Pilar decide renunciar a que la guerra domine su vida. Es la única manera de no dejar atrás sus deseos y expectativas”. La niña se queda aterrada cuando se entera de que “quieren mandar a los catalanes a Castilla y a aquellos aquí, para evitar que se hable esta lengua. Lo mismo harán con los navarros, valencianos, etc., y yo creo que no lo conseguirán porque después de que persisten estos idiomas de regiones libres tantos años, ahora, porque sea un capricho de Franco, el imbécil, y de todos sus contemporáneos, no se han de salir con la suya”. Ella era catalanoparlante, pero toda su educación gramatical había sido en castellano.

Verano de 1932.

Verano de 1932.

Los autores del libro prefieren no ahondar en el poso del fascismo que pervive en la sociedad española de 2017. “España tiene un problema con su memoria histórica que es más que sabido. Esa falta de resolución, de cicatrización, conlleva que haya conflictos ideológicos encima de la mesa”, explica Balló. La documentalista apuesta no sólo por “naturalizar”, sino también por “condenar” y hacer “pedagogía social”. Hay herencias, claro. Los dos las perciben. “En las memorias orales dicen que la posguerra llegó a ser más dura que la propia guerra, y que la violencia estaba tan interiorizada que se convirtió en miedo y se aposentó. En un Estado democrático no se permite la violencia”.

El fascismo sociológico, hoy

¿Las imágenes del 1-O en Cataluña les supieron a instantáneas fascistas? “No queremos hacer paralelismos, porque los paralelismos no pueden dejar de ser contextualizados dentro de una posición ideológica, y no queremos entrar en esa dialéctica ahora que justamente vivimos en una guerra de relatos”. Pero una dictadura de 40 años no se sacude así como así. Lo vemos todos cuando grupos de jóvenes se saben entera la letra de Cara al sol y la cantan en Cibeles en estos días convulsos de conflicto catalán. “Se hizo un uso del lenguaje como arma de propaganda. Recuerdo un periódico de los cuarenta, que decía ‘no llevar sombrero es cosa de rojos, ponte el sombrero’, explica ella.

Pilar.

Pilar.

Berger dice que pervive “el fascismo sociológico”: “Está en los pueblos, en las ciudades, entre los vecinos. Han pasado cosas mucho más pequeñas que las condenas a prisión y los fusilamientos. Muchos fueron obligados a bautizarse otra vez, a casarse por la Iglesia, otros fueron desterrados, otros tuvieron que encomendarse al auxilio social… se les privó de cartas de racionamiento, de movilidad -la movilidad estuvo muy reducida los 10 primeros años-… el terror se inocula y por eso existe una tendencia a no ser identificado como el objeto de la represión, es un sistema defensivo de supervivencia”.

¿Qué fue del resto de la vida de Pilar? “Acabó casándose, estudió Magisterio pero no lo ejerció nunca, tuvo hijos y se quedó al cuidado de ellos y de su casa”, relata Balló. “Es la representación de lo que el franquismo inculcó, de lo que acabaron siendo la mayoría de mujeres de ese generación, no porque lo eligieran, sino por la situación impuesta. La mujer fue una de las primeras grandes víctimas del franquismo. Toda esa generación que había conseguido altos niveles de igualdad y libertad… cayó”.