Entre 533 y 534, en apenas siete meses, los ejércitos del Imperio bizantino conquistaron el reino vándalo norteafricano, incluida la mítica plaza de Cartago, además de las islas Baleares, Córcega y Cerdeña. La exitosa campaña estuvo dirigida por el general Belisariomagister militum del Imperio romano de Oriente desde los 25 años y antiguo responsable de la Guardia Imperial de Justiniano. Su meteórica y prometedora carrera acababa de culminarse con un gran triunfo bélico, al que siguió una reorganización provincial y administrativa de los nuevos territorios, junto con la creación de nuevas fortalezas y guarniciones para su protección.

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Sin embargo, la gran amenaza a la que hubo de hacer frente Belisario en ese momento vino del seno de sus propias tropas. Un grupo de oficiales armaron una conspiración con el objetivo de deshacerse de él. Para ello enviaron un mensaje al emperador asegurándole que su general predilecto pensaba rebelarse y autoproclamarse soberano del reino vándalo, hasta entonces liderado por el caudillo Gelimer. Para sortear esta treta, el militar decidió abandonar los asuntos pendientes que restaban en la región y partir rumbo a Constantinopla para entregarle los prisioneros a Justiniano personalmente.

A su llegada a la capital imperial, Belisario fue aclamado por todos los ciudadanos y se le concedió el honor del triunfo por su campaña en África. Traía consigo un excepcional botín que reunía gran parte de los bienes que el rey vándalo Genserico había expoliado de Roma mediado el siglo V. "Belisario había regresado victorioso de una empresa por la que nadie hubiera apostado en un tiempo mínimo, convirtiéndose en la cabeza visible de aquella quimera que durante siglos se había alojado en la mente de los ciudadanos orientales: la restitución del Imperio occidental", detalla Arturo S. Sanz.

Mosaico de Justiniano I. Rávena

El arqueólogo e historiador acaba de publicar una nueva biografía, Belisarius (HRM Ediciones), sobre el general bizantino, el más brillante del Imperio romano oriental durante la llamada Antigüedad Tardía. Un libro que detalla las intrigas y conjuras palaciegas, que ya cautivaron el siglo pasado a Robert Graves como material de una de sus novelas históricas; el destacado papel que jugaron dos mujeres —la emperatriz Teodora y su amiga Antonina, una exprostituta que acabaría contrayendo matrimonio con el militar—; y, sobre todo, las operaciones de guerra.

A lo largo de toda su vida dedicada al servicio de la corona bizantina, Belisario firmó un hito bélico que ninguno de los otros generales imperiales lograron igualar: fue capaz de vencer a sus enemigos en tres continentes distintos: Asia (persas), África (vándalos) y Europa (godos). "Demostró siempre una capacidad para la táctica y estrategia militar al alcance de muy pocos en la época, y sus éxitos contribuyeron a engrandecer no solo al Imperio bizantino, sino a la figura de su principal promotor, Justiniano", explica Arturo S. Sanz.

El magister militum siempre trató de proteger a las poblaciones civiles que sufrían los efectos de la guerra —primero por humanidad, pero también por conocer su valor estratégico para el control del territorio—, castigó las injusticias cometidas por sus propios hombres aunque eso le granjease conflictos con ellos y se ganó el respeto de sus enemigos hasta el punto de que los nobles godos de la Península Itálica quisieron convertirlo en su soberano.

Masacre de civiles

La reconquista de Roma, el 9 de diciembre del año 536, es otro de los hitos de su biografía militar, el momento en que más cerca estuvo de producirse esa soñada reunificación romana. Belisario resistió un largo asedio del gran ejército godo de Vitiges, pero otra vez su situación se torció debido a uno de sus oficiales, que había robado unas dagas de oro y piedras preciosas a un ciudadano llamado Presidio. Belisario, calumniado públicamente por su manera de actuar —le pidió que devolviese las armas—, ordenó arrestar a su hombre, Constantino. Este, envalentonado, pensando que iba a ser ejecutado, trató de asesinar a su comandante. Al final, el magister militum, decidió castigarlo con la muerte. El escándalo terminaría por granjearle la desaprobación de la corte.

Belisario, durante toda su carrera, combatió al lado de sus tropas, como si fuese un infante más, en vez de hacerlo a lomos de un caballo, como había sido tradicional entre los mandos romanos. Esta posición, apunta Arturo S. Sanz, "sin duda le granjeó el aprecio de sus soldados y una mayor cercanía con las unidades de infantería, eligiendo el lugar en el que se colocaría según las necesidades estratégicas y tácticas de cada batalla".

Portada de 'Belisarius'. HRM Ediciones

Eso no significa que Belisario fuese indulgente con sus soldados. En una ocasión, durante la campaña del norte de África, mandó empalar a uno de sus hombres que había aceptado pasarse a las filas enemigas para dar ejemplo y evitar más defecciones. Otro de los episodios más oscuros de su vida se produjo en 532, cuando Justiniano le encomendó dirigir a las tropas imperiales en los célebres disturbios de Nika, en la misma Constantinopla, que se saldaron con la masacre de unos 30.000 civiles.

Belisario fue un pilar fundamental en la obra de gobierno de Justiniano, con una política centrada en la reconquista de Occidente, en la defensa de la ortodoxia, la codificación de la ley romana y el desarrollo de un programa masivo de construcciones que debía convertir a Constantinopla en la nueva Roma. La hoy mezquita de Santa Sofía es un ejemplo de este legado y una de las joyas arquitectónicas de la humanidad. El magister militum murió en marzo de 565, alrededor de los 60 años, solo nueve meses antes que alter ego, el emperador Justiniano, a quien siempre se mostró fiel a pesar de las acusaciones de cobardía y de querer usurpar el trono que vertieron sobre su figura en la última época.

Belisarius se suma a la colección de ensayos históricos que el historiador y arqueólogo Arturo S. Sanz ha publicado de la mano de HRM Ediciones: una biografía de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, una radiografía del mito y la realidad del rey Escorpión y varias obras dedicadas a enfrentamientos bélicos como la primera guerra judeo-romana o el conflicto entre Roma y Grecia a la muerte del legendario caudillo. La Esfera de los Libros, a finales del año pasado, editó otro libro sobre la historia de la Marina romana desde la época republicana hasta los últimos coletazos del Imperio.