Cada siglo alberga en su historia el asesinato de una figura política relevante. A principios del siglo XX, el archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo fue asesinado de un disparo. El magnicidio fue el fogonazo que incendió Europa, el clímax en la escalada de tensión que acabaría sumergiendo al mundo entero en la Gran Guerra. 50 años después, John F. Kennedy era asesinado en extrañas circunstancias.

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La muerte que marcó la agenda mediática del siglo XIX fue la de Rodolfo de Habsburgo, archiduque heredero de Austria, Hungría y Bohemia. Nacido el 21 de agosto de 1858, recibió una dura educación militar desde su infancia. El objetivo era convertir a Rodolfo en digno sucesor de su padre, el emperador Francisco José. Sin embargo, desde su juventud florecieron conductas que derivaron en problemas psiquiátricos.

Poco a poco, el hijo Francisco José y la emperatriz Sissi se fue alejando del trono austrohúngaro. A sus episodios depresivos se le añadió el rechazo a las políticas de su padre. El archiduque se inclinó por el liberalismo y el anticlericalismo, que en aquel momento contrastaba con el autoritarismo del emperador.

Rodolfo de Habsburgo.

En 1880, a los 22 años de edad, contrajo matrimonio con la princesa Estefanía de Lieja, hija del rey Leopoldo II de Bélgica. No obstante, la lealtad y la fidelidad tampoco eran el punto a destacar del joven archiduque. La baronesa María Vetsera se convertiría pronto en su musa y amante hasta el punto de pedir al papa que anulara su matrimonio con Estefanía, hecho que su padre le reprochó en todo momento.

La falsa muerte por apoplejía

El heredero del imperio le regaló a la baronesa todo tipo de joyas para demostrar su amor por ella. "Unidos por el amor hasta en la muerte", ordenó grabar en un anillo que le obsequió. 

Como si de una premonición se tratara, los cuerpos de Rodolfo y María fueron encontrados sin vida la madrugada del 30 de enero de 1889. El acontecimiento se conoce con el nombre de crimen de Mayerling, el refugio de caza donde tuvo lugar la tragedia y existen varias teorías en relación con su muerte.

En primera instancia, el emperador tomó la palabra a todos los presentes para que no dijeran nada de lo hallado en el cuarto —encontraron grandes cantidades de coñac y una pistola—. La versión inicial sería que el archiduque había muerto de una apoplejía.

Pero el rumor corrió como la pólvora en Viena y finalmente se confirmó que los amantes, llevados por su romanticismo y la incapacidad de vivir juntos, se quitaron la vida. Rodolfo, poco antes de su muerte, le confesó a su esposa que su hija era lo único que quedaba de él. Por su parte, María Vetsera también se despidió de su familia. "Soy más feliz en la muerte que en la vida", le llegó a decir a su madre.

Pese a que todo indique que se trata de un suicidio, hay otra tendencia histórica que señala que la muerte de Rodolfo pudo haber sido ocasionada por una operación de los servicios secretos austriacos ante el temor que suscitaba la ideología radical y liberal del hijo del emperador Francisco José. El adulterio tampoco había agradado a un emperador que no quería ceder su trono en un cualquiera. Esta hipótesis se basa en el estado de los cuerpos cuando fueron hallados: María Vetsera habría muerto a consecuencia de una paliza y no de un disparo en la cabeza; y Rodolfo presentaba cortes en la cara y en otras partes del cuerpo, unas heridas que no se corresponden con el suicidio.

La misteriosa muerte de Rodolfo de Habsburgo obligó a Francisco José I a buscar un nuevo heredero. La sucesión recayó en Carlos I de Austría-Hungría, quien sería el último de los monarcas de un imperio anacrónico que se extinguió tras la Primera Guerra Mundial.