La Revolución francesa desencadenó el temor entre las élites nobiliarias y monárquicas de toda Europa. Las ideas ilustradas que abanderaban los franceses revolucionarios desde la toma de la Bastilla iluminaba una nueva forma de hacer las cosas; encendía el fuego de un cambio de sistema. Por ello, en España se desentendieron enseguida de cualquier tipo de insurrección. "Aquí no queremos ni tanta luz, ni sus consecuencias", pronunciaba el conde de Floridablanca.

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Sin embargo, ni el cierre de fronteras decretado por Carlos IV ni el silencio que se mantenía sobre cualquier hecho que sucediera en una Francia revolucionaria frenaron la sensación de ilusión de muchos españoles que reclamaban nuevos derechos y libertades. La posición fronteriza en la que se encontraban las provincias vascas facilitaban la penetración de ideas ilustradas. Las familias pudientes enviaban a sus hijos a formarse más allá del Pirineo y así empezó una tradición que aún perdura entre el País Vasco y su vecina Francia.

La editorial Debate ha reeditado Breve historia de Euskadi: de los fueros a nuestros días y en él, los escritores José Luis de la Granja y Santiago de Pablo explican que la cercanía respecto al país galo también ayudó a "la llegada de la propaganda revolucionaria francesa a partir de 1789, especialmente desde que en 1792 los girondinos convirtieron en un objetivo prioritario el proselitismo revolucionario".

Ejecución de Luis XVI (1754-1793) el 21 de enero de 1793. Grabado en color.

Ni el cierre de fronteras, ni los Oficiales de Aduanas y el Tribunal inquisitorial de Logroño fueron efectivos: la propaganda continuaba filtrándose y con métodos muy variopintos. "Estampas en abanicos, folletos cosidos a los forros de los chalecos, fardos de panfletos arrojados al mar para que la marea los arrastrara a la playa", eran tan solo algunas de las ideas para evitar a las autoridades españolas.

La ejecución de Luis XVI

El 21 de enero de 1792 fue una fecha histórica. Luis XVI fue guillotinado a las 10 de la mañana. El Antiguo Régimen había desaparecido en Francia. En España se pusieron manos a la obra y Carlos IV destituyó al conde de Aranda como secretario de Estado en noviembre del mismo año para que este fuera reemplazado por Manuel Godoy, de corte probelicista. 

De esta forma, en marzo de 1793 estalló la Guerra de la Convención y Cataluña y el territorio vasco-navarro fueron los escenarios principales. Relatan de la Granja y de Pablo que el clero norteño hablaba de guerra religiosa contra los franceses, mientras que los invasores animaban a la población a sublevarse contra la opresión de la nobleza y el clero y "a recuperar sus libertades tradicionales".

En total, 32.000 soldados fueron destinados a Cataluña; 5.000 al frente aragonés y 18.000 al territorio vasco-navarro. En el caso de Guipúzcoa, 4.600 milicianos —la mayoría campesinos voluntarios— se sumaron al ejército y penetraron en territorio francés. No obstante, la contraofensiva de los revolucionarios fue contundente, y pronto ocuparían Fuenterrabía tras seis días de bombardeo. La frontera española estaba en peligro.

El problema fue San Sebastián. La ciudad, que se suponía que debía resistir, cayó sin ningún problema en favor de los franceses. A partir de entonces tenían vía libre para avanzar hasta Tolosa. "La consecuencia más importante del conflicto fue el controvertido episodio de la separación de Guipúzcoa en 1794, episodio que en ocasiones ha sido interpretado como una primera manifestación de la voluntad nacional separatista de los vascos", consideran los historiadores.

Guipúzcoa constituiría una república independiente asociada a la República francesa

Sin oponer resistencia, las autoridades provinciales intentaron negociar con los franceses al margen de la Corona. "Fue visto en su momento como una traición, según la acusación que lanzó el propio Godoy", explican. Los protagonistas de este hecho serían el diputado general Echave y el diputado adjunto Barroeta. "Fueron ambos quienes decidieron entablar conversaciones con los representantes de la Convención desde el 4 de agosto y plantear la idea, que luego ratificó la Junta General reunida también en Guetaria el 14 del mismo mes, de que Guipúzcoa constituyera una república independiente, «como lo fue hasta el año 1200», asociada a la República francesa, garantizándose el respeto al culto, los sacerdotes y las iglesias, y al Fuero".

El motivo de este cambio de bando se debía a que la guerra había generado tensiones entre el centralismo de Carlos IV y los territorios vascos. Los representantes de la Convención, en cambio, ironizaron sobre la intención negociadora guipuzcoana y rechazaron la posibilidad de fundar una república separada para que el territorio vasco se anexionara a la república "una e indivisible" de Francia. Los franceses les dieron 24 horas para contestar; si no lo hacían tratarían a Guipúzcoa como "territorio conquistado".

Así sucedió. Los revolucionarios terminaron deteniendo a Echave y Barroeta y las villas guipuzcoanas que todavía permanecían libres optaron por defender la monarquía española. Finalmente, aunque los franceses llegaron a ocupar Bilbao y Vitoria en el verano de 1795, se firmó La Paz de Basilea, donde España reconocía a la República francesa. Barroeta y Echave pudieron proseguir con su carrera política. La traición de Guipúzcoa a la Corona se quedó en una mera anécdota en mitad de una guerra.