A Jordi Bilbeny, fundador del Institut Nova Història, la Universidad de Barcelona no le permitió culminar su tesis doctoral sobre las raíces catalanas de Cristóbal Colón por emplear argumentos y datos claramente falsificados. Aquella maniobra, registrada a finales del siglo pasado, le impidió seguir con su carrera de investigador dentro del ámbito académico. Pero él no claudicaría: en 2008, junto con un grupo de aficionados a la historia de Cataluña y de Valencia, creó una fundación cultural —regada ahora con dinero público por la Generalitat y TV3— en la que dar rienda suelta a sus fantasiosas formulaciones y manipulaciones sobre el descubridor de América y otros personajes históricos.

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Según relata en doctor en Historia Vicent Baydal en un reciente libro que ha coordinado, Pseudohistòria contra Catalunya (Eumo Editorial), la premisa básica de Bilbeny y compañía "es que 'la censura histórica es un hecho incuestionable' y que Castilla, por razones de Estado, ha construido una colosal 'reescritura de la Historia', de alcance mundial, en la que 'se lo ha quedado todo: las gestas medievales, los conquistadores intrépidos, los revolucionarios comuneros, los buenos evangelizadores, los artistas, los místicos, los iluminados, los herejes, los inquisidores, la realeza y sus delegados plenipotenciales... Todo es Castilla'".

Por eso se armó el Institut Nova Hisòria (INH), para contrarrestrar la versión castellana de la historia de Cataluña, de España y también del mundo, los relatos que han consolidado los más prestigiosos historiadores con una cantidad avasalladora de datos y pruebas durante siglos. Es decir, para inventarse un pasado totalmente virge, de fantasía, de risa, de broma. Aquí sus teorías más locas:

Cristóbal Colón

Es la estrella del Institut Nova Hisòria, la figura que más han explotado. Según Bilbeny, la auténtica persona  que se esconde detrás del almirante Colón es Joan Colom i Bertran, caballero de una destacada familia patricia de Barcelona del siglo XV que participó en la guerra civil catalana (1462-1472) en las filas de los rebeldes contra el rey Juan II de Aragón. La teoría no es de cosecha propia —la abanderaron otros autores catalanes durante el siglo XX— pero él la lleva a un extremo absurdo, a concluir que el alter ego del misterioso navegante genovés estuvo muerto y vivo durante quince años. A la vez.

Hay al menos tres documentos que informan sobre el fallecimiento de Joan Colom antes del descubrimiento de América (1492), pero los postulados bilbenyanos —también asegura que Erasmo de Róterdam era hijo de Colón— los pervierten a su antojo. En el capítulo de Pseudohistòria contra Catalunya dedicado a este personaje, los expertos definen esto como "una aportación sorprendente y de reminiscencias bíblicas" y "un método, el de improvisar y reformar rocambolescamente la biografía colombina a medida que los otros van a postrando nueva documentación, mucho más cómoda y rápida que la maduración intelectual de un investigador".

Miguel de Cervantes

El autor más universal de las letras españolas no podía faltar en esta lista absurda: Miguel de Cervantes, en realidad, sería Joan Miquel Servent, un valenciano de Jijona. En un artículo publicado en la web del INH, Bilbeny elaboró una tabla con supuestos paralelismos en las vidas de ambos personajes. Uno de los puntos más fácilmente desmontables, como señalan los investigadores rigurosos en Pseudohistòria contra Catalunya, es el tercero, donde se dice que Cervantes "se autonombra 'el cisne del Turia'" como prueba de su valencianidad. 

El problema viene a la hora de esconder la fuente de la cita: el célebre escritor castellano sí dedicó uno de sus sonetos a "el cisne del Turia", pero no se estaba refiriendo a sí mismo, sino a un aragonés de Teruel, de nombre Juan Yagüe de Salas (1561-1621), autor de una obra poética impresa en Valencia a principios del siglo XVII.

Y no solo eso: el atrevimiento escala hasta el punto de asegurar que El Quijote, la obra más importante de toda la literatura española, fue escrita originalmente en catalán —¡El Quixot!— y que el que que ha llegado hasta la actualidad no es más que una traducción ordenada por la censura española. Bilbeny, de hecho, elaboró una lista de 554 palabras, de "catalanadas", con las que pretendía evidenciar esa traducción del catalán al español. En el citado libro se ofrece una extensa relación de términos y expresiones que derriban los postulados filológicos de la Nova Història.

Shakespeare

La estela de Miquel Servent —o Sirvent, como escriben en otras ocasiones— no se esfuma al dejar a Cervantes a un lado. La excepcionalidad de este hombre, según las hipótesis del fantasioso nacionalismo, sería tal que también estaría detrás de la obra de William Shakespeare. ¡Qué infinito talento, oiga! El máximo defensor de esta inverosímil doble identidad es Miquel Izquierdo i Peràn, con un libro publicado al respecto.

Solo hace falta leer el resumen de la novela —no puede considerarse un ensayo— para comprobar la cuádruple pirueta mortal de investigación: por culpa del "delirio insquisitorial real y eclesiástico" en la Península, Sirvent es forzado a escribir con seudónimo y traducir su obra en catalán al castellano. Con la llegada de los Austrias, "se marcha a Inglaterra, donde continuará trabajando en la creación literaria bajo el nombre de William Shakespeare y en inglés". Y claro, tragedias como Macbeth o Hamlet las habría articulado con unos "códigos de cifrado" que sabiamente han averiguado en el preciso y minucioso laboratorio del INH...

"Lo que hacen los miembros del Institut Nova Història es exactamente lo contrario [al rigor científico]: ocultar, obviar y eliminar los datos contrastados que no les interesan, y construir suposiciones confusionistas con cuatro falacias", explica Vicent Baydal. "Una técnica, en definitiva, deshonesta en todos los sentidos y completamente preparada para el engaño".

Leonardo da Vinci

Uno de los documentales por los que la cadena TV3 pagó los derechos de emisión (12.000 euros), Desmontando a Leonardo, ahonda en una reescritura prácticamente total de la biografía del genio del Renacimiento. Bilbeny, quién si no, asegura que Da Vinci pudo ser "un hijo perdido de la casa real catalana" de Nápoles. También fantasea con que las montañas que pintó el artista en su cuadro más famoso, La Gioconda, se corresponden con las montañas de Montserrat y que en su escudo de armas figuran las barras catalanas. Está de sobra demostrado que Leonardo nació en Achiano, Italia, y no en algún rincón perdido del macizo catalán.

El Cid

En diversos simposios organizados por el Institut Nova Història se ha defendido el origen valenciano —y en consecuencia, de los "Países Catalanes"— de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Según uno de los colaboradores de Bilbeny, de nombre Joanjo Albinyana y de oficio pianista, el legendario caballero medieval no sería de Vivar, sino de la localidad valenciana de Biar. Así, dice, aparece en el Cantar de mio Cid original, de 1207: "Biuar". Más allá de que en aquella época la "u" y la "v" presentaban la misma grafía, el pseudohistoriador se olvida que el texto hace continuas referencias a Burgos como tierra natal del Campeador.

Santa Teresa de Jesús

Curiosamente, muy pocos son los personajes históricos femeninos en los que el INH encuentra algún tipo de relación (inventada) con Cataluña. No sucede lo mismo con la mística Santa Teresa de Jesús, cuya verdadera identidad habría sido la de Teresa de Cardona i Enríquez, abadesa de Pedralbes, una aristócrata de la más alta nobleza catalana. Para ello, los pseudohistoriadores se basan fundamentalmente en una leyenda recogida unos 300 años después de la muerte de la monja. Para Bilbeny esto constituye "una evidencia incontestable". Una leyenda.

Pero el recuento de las teorías revisionistas y personajes no concluye ahí. La lista es infinita: según defienden el presidente de la fundación y sus colegas, Marco Polo, el autor de La Celestina, los conquistadores Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Gonzalo Fernández de Oviedo, Diego de Almagro o Bernal Díaz del Castillo, el agustino Bartolomé de las Casas, los poetas y dramaturgos Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca o Lope de Vega, Nicolás Maquivelo, el historiador y humanista romano Lorenzo Valla y los pintores El Bosco y el Greco, todos ellos, también serían catalanes. Una cosecha histórica y cultural increíble, inverosímil, como que la picaresca novela de El Lazarillo de Tormes, cuya autoría se desconoce, se habría redactado originalmente en catalán por un sujeto valenciano llamdo Joan Lluís Vives o Joan Timoneda. Solo les queda apropiarse de Jesucristo.