En la primera temporada de Modern Family había un gag divertidísimo. Cameron y Mitchell dejaban claro que Meryl Streep era la mejor actriz del mundo. Su argumento es que Meryl “podría hacer de Batman y sería la mejor opción posible”. En España nuestra Meryl Streep se llama Carmen Machi. No hay ninguna actriz tan versátil como ella. Es capaz de cambiar de registro en un parpadeo. Una mujer que saltó a la fama por Aida, pero que ha sabido escapar de su sombra.

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Es una de esas actrices a las que se les puede poner el artículo junto a su apellido para referirse a ellas: LA MACHI. La Machi nos deja sin palabras en Juicio a una zorra, nos conmueve en Prostitución, nos hace reír a mandíbula batiente en Ocho apellidos vascos y apuesta por el cine más radical en La mujer sin piano. Es capaz de robar una película en dos escenas con aparente sencillez, pero lo que hace es muy complicado.

Ahora acaba de rodar El nieto, la esperadísima segunda película de Nely Reguera tras la estupenda María y los demás. Un filme que se ha rodado durante seis semanas en el campo de refugiados de Malakasa, en Grecia, y que según la directora “aborda la complejidad implícita en el acto y el deseo de amar y cuidar” a través de la historia de Marisa, que cansa de su vida de jubilada decide viajar a un campo de refugiados griego donde, a su parecer, necesitan a gente exactamente como ella. Al llegar allí, descubre una realidad que no habría podido imaginar y que le lleva a explorar los límites entre el amor y la necesidad de sentirse útil.

Nely Reguera y Carmen Machi en el rodaje de 'El nieto'. BTeam

¿Cómo ha sido el rodaje de la película en Grecia?

Bien. Ha sido muy intenso, porque el personaje está en todos los planos de la película. Es un viaje de esta mujer por dentro y por fuera. Una mujer de más de 60 años que decide que está bastante despistada y que no sabe qué hacer en esa nueva etapa de su vida. Está asustada porque no tiene nietos, sus hijos son ya mayores y no van a tener hijos y elige irse a trabajar de voluntaria a un campo de refugiados para ayudar, sobre todo a los niños. Y allí vive una relación muy especial con un niño.

Comparte protagonismo con un niño, refugiado y sin experiencia, ¿cómo ha sido el trabajo con él?

Tiene ocho años y ha sido el gran hallazgo de esta experiencia, creo que es un superdotado y él ni se lo imagina. Es un niño que no habla, no se comunica. Por supuesto, está la barrera idiomática por medio. Él habla árabe y griego. Y en la película trabajábamos en inglés, aunque rodábamos en castellano. Por otro lado, los sirios, por cultura, no tienen normalmente contacto físico y hay que respetar ese terreno suyo, así que él no es un niño especialmente cariñoso, pero repetía exactamente todo lo que tenía que decir y lo entendía todo. Espero que le vaya muy bien. Dicen eso de que no ruedes con niños ni con animales, y yo en esta película he rodado con niño y con perro.

Se han dado cuenta de que las mujeres maduras tienen un mundo interior rico y muy interesante. Y saben que eso es un chollo porque se pueden contar muchas cosas

La película se ha rodado en el campo de refugiados de Malakasa, ¿cómo ha sido esa experiencia?

Sí, gran parte de la película se ha rodado en un campo de refugiados, el de Malakasa. Esta es una realidad que ya conocemos por la televisión, la prensa, las ONG’s, sabemos la situación en la que viven estas personas y porqué están allí. Lo sabemos y estamos acostumbrado a las imágenes. La película sí da visibilidad a esa situación, pero no está centrada en eso.

¿Le ha afectado conocer esa realidad desde dentro?

No, porque el motor de la película es otro y mi cabeza iba por otro lado. Puedo decir que el campo de Malakasa está rodeado de naturaleza y eso puede engañar y dar la sensación de una vida plácida, pero desde luego no es así. De todos modos la película no pretende ahondar en el drama. La gente aquí es tremendamente hospitalaria.

El rodaje, además, ha coincidido con la crisis en Ceuta…

Me he perdido bastante lo de Ceuta porque he estado dos meses aquí rodando, así que no lo he tenido tan presente mientras trabajaba. Cuando estás metida en el proceso de trabajo tienes otra percepción, así que esta experiencia no me ha cambiado más. Por supuesto, pienso como todo el mundo que sea capaz de sentir empatía con el dolor y el sufrimiento de los demás.

Nely Reguera en el rodaje de la película. Bteam

Es irónico que en un año tan duro como el de la pandemia, ha sido para usted un buen año profesional. ¿Cómo vive una actriz este momento tan raro?

Es verdad. No he dejado de trabajar en toda la pandemia. Y proyectos que empezamos y tuvieron que pararse que se han retomado. Había una película que rodamos en Isla Mauricio se ha retomado. Creo que cogí el covid a la vuelta de Nueva York, en el rodaje de ‘Un efecto óptico’. Para el cine el covid es un coñazo, porque se paran muchos proyectos. Entiéndeme, cuando digo un coñazo, por supuesto me refiero al trabajo, no al horror que es. Sea como sea, hemos conseguido hacer las cosas, así que mi balance como actriz es positivo.

Usted es de esas actrices que tiene papeles protagonistas a partir de una edad, ¿se está rompiendo la tendencia de que hay pocas mujeres maduras con papeles protagonistas?

En realidad, creo que el panorama ha cambiado mucho, ahora en las series hay muchos personajes de abogadas, policías, médicos… de más de cuarenta años. A mí me han llegado los personajes más interesantes a partir de los cuarenta años y me siguen llegando bastantes guiones con personajes increíbles. Con el sistema de puntos del Instituto de la Cinematografía que ahora ayuda a las mujeres, la situación ha cambiado mucho. Además, se han dado cuenta de que las mujeres maduras tienen un mundo interior rico y muy interesante. Y saben que eso es un chollo porque se pueden contar muchas cosas. Me alegro una barbaridad porque abrimos otros mundos y eso es fabuloso.

Termina este rodaje con Nely Reguera y empieza a rodar con otra directora, Carlota Pereda en una ópera prima, Cerdita.

Es verdad. He trabajado con bastantes directoras, mola mucho. Me siento muy feliz si puedo aportar un granito de arena a la igualdad. En realidad, considero que yo tengo mucha suerte, porque hay gente concreta que me llama y a la que admiro mucho. Bueno, claro, yo también escojo lo que hago, porque hay cosas que no me interesan nada.

¿Qué cosas no le interesan?

Hay algunos proyectos que me irritan profundamente, por ejemplo los que banalizan la comedia, porque me irrita mucho el desconocimiento. Aquí la comedia está mal entendida y la verdad es que hacerla es difícil, arriesgado y muy cansado. Pero a veces ves un afán desmedido por parte de los productores y de las plataformas por la comedia, y para ellos cualquier cosa vale. Yo me pongo muy con eso. Hay que ser muy serio haciendo comedia.

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