Najwa Nimri es una mujer temible: una suerte de fuerza de la naturaleza, un felino inexplicable moviéndose por la gran ciudad. Hay algo enigmático en ella, algo poderoso e inspirador, algo violento y complejo y poético y desafiante, aunque la artista se esfuerza constantemente en recordar que es de lo más normal. Da igual: no nos lo creemos. Ella puede ser quien quiera, un ser humano en constante transición desde aquellos lejanos Abre los ojos o Los amantes del círculo polar hasta sus éxitos recientes en Vis a vis o La Casa de Papel. Siempre consigue imprimir en todo lo que hace -en todos sus personajes, en todas sus canciones- un aura de personalidad arrolladora, millones de matices flotantes que desbancan lo esperado. 

Es de esos pocos -de esas pocas- que no necesitan proponerse transgredir para hacerlo. Su rebelión la despliega sólo existiendo. Ahora presenta Viene de largo, un disco perverso e interpelante -incapaz de dejar de ser sexy- donde juega entre el rap y la música urbana sin venderse a ningún postor. Un disco que vuelve a hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: lo que ella quiere. 

¿Quién es Najwa Nimri?

No lo he pensado. No tengo ni idea. Me quedo sin palabras, fíjate tú cómo me defino. Difícil de definir de puro normal. Luego la gente más normal es la más extraña, la gente que parece que no tiene rarezas… yo a priori no parezco muy tal pero en el fondo soy bastante normal.

¿Cómo es un día normal en tu vida?

Pues mi hijo viene del colegio, se le olvidan las llaves, hay que sacar al perro… este es el Matrix que me encuentro, como el de todo el mundo todos los días. Con la variable de que en general los últimos seis años todos los días voy al set a pegar palizas desde las seis de la mañana, a que me las peguen, a dar tiros… o me he ido de viaje y por lo general tengo unos rodajes un poquito ajetreados. Vivo como en una película de ciencia ficción casi la mitad del día. Entre armas. Situaciones un poco extremas. Y en casa una vida muy normal.

Vaya con ese contraste.

Es bastante heavy si no lo compartimentas bien. Yo luego tengo cosas que me atan a tierra, afortunadamente, si no no sé, creo que te loqueas muchísimo. Yo bajo enseguida, de golpe.

¿Qué has sacrificado tú para llegar hasta aquí?

Lo mío no ha sido una carrera muy pensada. No he invertido mi tiempo en llegar a algún lado. Tengo la ambición peor dirigida del planeta. Ahora tengo, gracias a dios, una disquera y un buen mánager. Si los hubiera tenido desde el principio, la trayectoria habría sido muy diferente. No he sacrificado nada. Mi día a día siempre ha sido vivir creando, champán parriba’, champán pabajo’. Tengo ambición, pero no la tengo dirigida. Si hubiera sabido antes todo lo que sé, sí que habría gestionado mejor el dinero. Eso sí.

¿Para qué sirve el dinero?

Para comprar todo lo que te gusta.

¿Qué te gusta a ti?

Mogollón de cosas. Comer, viajar, las casas, la decoración. Me gustan las alfombras, los sofás, las teles, las cosas de última generación. Todo lo que compra el dinero me gusta. Es una p… pena. Pero no es que sea adictivo para todos nosotros. A mi hermano, por ejemplo, no le gusta el dinero. No le importa. Y tengo amigas que ganan bastante y no les importa. Amigas actrices. No se les ocurre comprar algo que han mirado. No se lo van a gastar en un sofá mejor… les da igual.

¿Eres caprichosilla?

No, es que me gustan los objetos, lo disfruto muchísimo. Es como algo de tocar y de ver, lo disfruto sola en casa. Me gustan mucho los perfumes. Me gustan los cosméticos. ¡Todo lo que compra el dinero…! No habla bien de mí, pero es una realidad. Me gusta lo que compra el dinero, y luego me gusta que compre el tiempo. Si tienes suficiente dinero, te coges el billete ahora y no miras. Te ahorra muchísimo tiempo tener dinero.

¿Cuánto tienes tú de bruja? ¿Por qué resultas una mujer temible? Escuchando la canción de Ouija lo pensaba. Hay una fuerza ahí como oscura.

Está creada adrede. Pero en el fondo eso viene de la claridad, supongo. Luego, gracias a ser una persona que me muevo en un terreno bastante normal, puedo manejar este tipo de farsa. No deja de ser una farsa. Yo ni voy con navajas, ni mato a nadie… soy absolutamente poco peligrosa. Soy pacífica. Pero sí puedo interpretar la ira. Lo de la personalidad temible que dices es un buen escudo. Consigues que la gente se te acerque menos. Claro. Depende de lo que te guste: no a todo el mundo le gusta que le rodeen todo el rato. Es atractivo y es un buen disfraz. Siempre causa como inquietud. Es la ecuación perfecta.

¿Crees en dios?

Creo. La palabra del verbo “crear” es la misma que la del verbo “creer”. Yo creo.

Habrá algo que te dé miedo.

Sí. Mientras no tenga miedo a llorar, como digo en un tema, todo bien.

Decías en una entrevista que te gusta echarle pulso al poder. ¿Quién es el poder y cómo se le combate?

En cada situación es alguien. El que te establece dónde están los límites. Yo tengo un defecto de fábrica que es cuando alguien me dice “hasta aquí”, quiero saltarlo. Me pasa de forma automática.

Es rebeldía.

Sin causa. Terrible.

Y te habrá pasado de decir “joder, ya me podría haber yo ahorrado…”.

Sí. Hace rato que mi coach de interpretación me dice “elige tus batallas”  y cuando entendí esa frase me ahorré muchos problemas. Elegir las batallas está bien. No te tienes que meter a defenderte de todas las peleas, algunas las tienes que dejar pasar.

En Viene de largo dices “yo quemé la bandera”. Te quería preguntar qué bandera quemarías tú.

Yo quemaría todas. Todas.

¿Por qué?

Porque no sé qué representan. Los límites. De nuevo. Los odio. 

Najwa Nimri. Virgili Jubero.

¿Qué has aprendido de los hombres que no supieses con dieciocho años?

Que son mis mejores amigos.

¿Y del amor?

Que es un trabajo. Todo no son fuegos artificiales. Hay que currárselo. Eso no lo sabía y ahora lo sé (ríe). Si te apetece o no, ves si te compensa y eliges la batalla. Hasta el amor es trabajo. Hasta morirse cuesta trabajo. Nada es for free.

¿Te has enamorado alguna vez como Ana y Otto, de Los amantes del círculo polar?

Es que yo creo que sólo te puedes enamorar así. Cuando te enamoras es así… como… abstracto y sin explicación. Todo da la vuelta, ¿no? Pero bueno, ya no es así. El amor romántico ha pasado de moda y se ha convertido en amor carnal. Todo es más anatómico hoy en día. Hemos cambiado de paradigma.

¿Y qué hay de lo que has aprendido del sexo?

Pues que hay temporada alta y temporada baja. Y que la gente que puede controlarlo y prescindir de él en temporadas, trabaja más.

O sea, que nos hace más fuertes saber prescindir del sexo.

Sí. Es una tensión que liberas. Es mucha energía la que pierdes. Es como la mitad de una muerte, todo se te va ahí. La energía sexual es una energía que se puede canalizar en otras cosas. Si todo el día estás vibrando ahí abajo… estás sólo vibrando ahí abajo. Hay varios niveles de vibra. Puedes estar aquí (se señala el coxis), o aquí (el pecho), o aquí (la cabeza). Yo no puedo estar todo el rato ahí abajo. No me apetece. “Culo, culo, culo, más culo…”. Bueno, ¿hasta cuándo? Me agota. Me aburre. No sólo el sexo, me agota la sexualización de todo. El sexo cuando se da, bien, en temporada alta, palante’, en temporada baja, aprovechemos que no estás pensando en él.

Barbechito.

Sí. Yo tengo temporada alta y temporada baja, como los animales, y en temporada baja digo “¡bien!”. Ni pienso en él. Hay gente a la que no le sucede, que piensa todo el rato en sexo. La pena es que ahora esté todo sexualizado, y para mí eso no tiene chispa. Yo soy de las que piensa que si todo se rige por tensión sexual… si tiene tanta pegada… y eso es lo que toca… me parece todo bien, pero a mí me aburre.

“No soy de nadie pero a veces se me olvida”, cantas.

Sí. Se me olvida y pienso que quiero pertenecer a algo, pero luego digo “no, no, yo voy por libre”.

¿Relaciones abiertas?

Para nada, no me va (se enciende un cigarro). Uniéndolo con lo que me preguntabas antes, todo lo que me complica demasiado, todo lo que es mi día a día organizado que tiene que ver con crear un personaje, hacer un disco, respirar o gestionar los mundos donde me gusta estar, la gente con la que me gusta estar y las cosas que me gusta pensar… el sexo me quita muchísima energía. Cuando tengo ganas, pierdo la mitad de la energía en eso. Si además tienes una relación abierta, yo lo viviría como una odisea. Me parece un lío… qué pereza. Me daba pereza a los 19 y ahora. Paso. Pero muchísimo.

En estos días han condenado a Weinstein y Plácido Domingo ha reconocido sus abusos. ¿Te has encontrado con alguna experiencia similar?

Abusos, ¿en mi trabajo, quieres decir? Millones de veces, pero las sufre todo el mundo. Los niños también. Fíjate que en lo que más pienso siempre es en los niños, en los chicos. Porque los chicos son los que menos lo cuentan. Niños varones. En un niño todavía está “peor” asumir una vejación. Aún es más lamentable. Aunque las mujeres supuestamente han sido más vejadas, los niños tienen menos derecho a mostrarlo todavía. La vejación es vejación, en cualquiera de los casos. Y el poder es poder. Cuando ves relaciones de poder, puede el que puede, y te tienes que dejar.

Hay gente que se ha aprovechado y en algún momento lo ha utilizado y ha entrado en el juego, otra gente que tal… pero tiene que ver con el poder, no tiene que ver con el sexo. Las vejaciones tienen que ver con el poder y no con el sexo. Esos diálogos bien centrados estarían hablando de una cosa mucho más concreta, que es el abuso de poder y se ejerce permanentemente en todo. Las mujeres con poder muchas veces son bastante hijas de puta, también, no sólo los hombres. Si quieres saber cómo es Manolillo, o Manolilla… dale un carguillo.

Hay grandes hijos de puta e hijas de puta de todos los sexos, pero es cierto que ellos abusan más a nivel sexual de sus subordinadas, ¿no? Quizá ese no es un estilo tan femenino del liderazgo.

Ellas no abusan a nivel sexual, claro, pero es que no todo es el sexo. Yo no puedo evitar, cuando hay una vejación o un abuso, pensar en poder, que es en lo que pienso más habitualmente. Los abusos de poder están permanentemente, unos más sexualizados y otros menos. No dejan de ser abusos de poder en diferentes formas.

Tres cosas que le quieras enseñar a tu hijo para defenderse.

No pienso tanto en que se defienda, pero sí hay una máxima que tengo muy presente y es que la gente, por lo general, no quiere estar cerca de gente que se queja demasiado. Él no puede esperar que la gente le sonría o le den lo bueno si lo que da es careto. Si lo que pretendes es que tu alrededor te sonría, tienes que dar lo mismo. Es una cosa que me pone de mal humor: cuando la gente demanda algo que no da. “Tal me ha hecho esto…”. Bueno, ¿y tú? ¿Qué haces? ¿Estar así todo el día? Recibes en base a lo que das. Qué asco, el mal humor.

La madre Teresa de Calcuta decía que el peor defecto es el mal humor. Y yo estoy totalmente de acuerdo. No te estoy hablando de estar encabronado con la vida porque te ha tocado una mala jugada, sino de la gente que tiene todo más o menos completo para estar bien, y sin embargo siempre es pinchando la pompa, siempre es tirando abajo… al final eso, en los demás, repercute de manera heavy. Siempre hay alguien que fastidia la partida. A mí me toca, además, interpretar a muchos personajes así, y es jodido. Es jodido estar jodiendo la partida.

En una de tus canciones hablas de la estupidez y de los “encefalogramas planos”. ¿Qué relación tienes tú con la estupidez ajena?

Con la ajena y con la mía. Ahí me meto con enemigos imaginarios, empiezo con cosas concretas que empiezan siendo un delirio. Esa canción iba a ser más dura. Iba a ser: “Viva el encefalograma plano… espero que esta vez no me revientes el ano”.

¡Vamos!

“Era una cuestión de hormonas, sigo en mis trece dando vueltas a lo mismo”…

Era jugón.

Sí, pero no soy reguetonera.

Y no te apetece.

No. Mi mandanga es otra. A dar la lana baja. Como desde la grada.

Y repartiendo. Pero supongo que te habrán tirado la caña desde la música más latina.

Sí, pero la gente que me conocía de antes entiende mi camino. He hecho un montón de líricas y he estado con gente de hip hop que me han dado el feedback de toda la vida… he estado con varios productores hasta acabar con el mío de ahora, que me ha ayudado a centrar el tiro sin ser ajena a la sonoridad de ahora, que la he aprovechado y he metido mis líricas a mi manera, pero utilizando la manera coloquial de hablar. Todo lo que me sonaba a un canon de ahora lo he ido desterrando para quedarme en un terreno entremedias. El encefalograma plano es alguien muerto viendo la televisión.

Las pantallas.

Ahí está, sí. En el estar “mec”. Estamos a por uvas.

¿Domesticados?

Yo creo que los de mi generación un poco menos. Esta generación la teníamos mucho en Vis a vis porque casi todas eran millenials y nos reíamos mucho. Hay como una ilusión tolai en el millenial… (risas). Fue con Ana Castillo esto, lo de la “ilusión tolai”, le decía de broma. Ella es una crack. Está todo bien. Pero para hacer la coña cuando me miran en plan “¿y tú de qué generación eres?”, yo digo: “¿Y tú, tolai?” (ríe). Luego el “relax adulto” es lo peor que te puede pasar, eh. Adultos fumando.

¿A quién harías tú ministro o ministra de Cultura?

A la directora de La Casa Encendida, Lucía Casani, amiga mía. Es pausada, tiene tempo. Viene educada de familia de… es creyente. Cree que la imaginación provoca el acontecimiento realmente. Tiene un concepto elevado del arte. Me ha enseñado muchas cosas que tienen que ver con mentes creativas. Con alguien que ame. Con un creyente. Alguien en la cultura tiene que ser un creyente, no puede ser un político, no. Tiene que ser un creyente.