En el centro de Madrid hay un reducto donde todavía se lee a Baroja y no se ve Sálvame. La Cuesta de Claudio Moyano sobrevive gracias a la insistencia de sus tenderos y a la esperanza de un mundo más leído. Desde 1925, año en el que se estrenó la feria, las treinta casetas que componen la vía luchan por no desaparecer. Algunas están especializadas en libros antiguos, otras en música, otras en poesía y en todas se puede encontrar un sinfín de títulos e historias sin descubrir. Sus dueños reivindican justicia y suplican atención.

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Los libreros que sostienen días tras día estos puestos miran con recelo a París y sus buquinistas. Estos vendedores de historias se comparan con el país vecino y no comprenden las diferencias. No entienden cómo si “allí cierra una librería y el Estado se hace cargo y la reflota, mientras que aquí no tenemos ninguna ayuda, y menos nosotros. Cuando esto está creado por y para los madrileños” afirma para EL ESPAÑOL un tendero.

Entre deudas, sudor, frío y ganas va sobreviviendo una profesión que en la actualidad parece olvidada. Las páginas de los “libros raros”, como los califican sus padres de acogida, guardan además de historias emblemáticas, disputas y manos a manos con el ayuntamiento y gobiernos. Los libreros reivindican año tras años sus derechos y se enfrentan a un alcalde tras otro para conseguir que le reconozcan su espacio y su importancia. “Mientras en Francia los buquinistas son intocables y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad declarados por la UNESCO, nosotros nos tenemos que endeudar para malvivir”. El ayuntamiento hace oídos sordos a sus peticiones cuando “esta feria es algo único. En Europa no existe otro lugar donde le dediquen a los libros una calle entera”.

Al grito de “por favor, ayuntamiento de Madrid, por favor” una de las vendedoras de la feria cuenta los enfrentamientos que han tenido ya con la corporación. Y cómo les han dejado por mentirosos cada vez que se han dirigido a ellos. “No hemos recibido ninguna ayuda de los ayuntamientos que han pasado por Madrid, ni PP, ni PSOE ni ahora Carmena”.

Sin acertar

Carmena ha rodeado la cuesta de bares y un teatro, pero lejos de acertar, ha atraído a la feria a un público “poco consumidor de la lectura y mucho de telebasura” sentencian los profesionales. “Nosotros hemos propuesto que esto se dinamizara un poco, pero ellos han entendido dinamitar Moyano”. Al observar lo que el ayuntamiento ha entendido como una solución a sus problemas, solo piden “que nos dejen como estamos”, pero que no se olviden de ellos y de lo bien que le vendría más publicidad.

Les duele no llegar a ningún entendimiento acerca de los cánones. Las deudas de algunos de ellos llegan desde los 9.000 hasta los 20.000 euros. La feria que en su día sobrevivió a la Guerra Civil y que lejos de echar sus persianas abrieron cada día, está a punto de cerrar. “Nos vamos a hundir y Carmena lo va a permitir” sentencia una de las libreras.

Cuesta de Moyanos M.I

En 2015 se produjo un acercamiento y muchas promesas que no llegaron más que a palabras. Ahora Madrid les prometió mejoras y ayudas ,y a día de hoy todavía no han llegado. Tres años más tarde “el ayuntamiento se lava las manos y niega cualquier acuerdo con nosotros”. Ellos que se dedican a vender las mayores historias de amor jamás contadas y las partituras más tocadas, no tienen “ni un toldo, ni vigilancia, ni seguridad”.

A la deriva

Son conscientes de que la feria que se estrenó en 1925 y tanto defienden no tiene futuro “esto es un barco que se está hundiendo, y las ratas que quedan, que en este caso somos los pobres libreros de Moyano tendremos que salir al final al agua. Porque esto se hunde. Esto se muere”. Tienen la sensación de que el ayuntamiento está esperando a que se jubilen los mayores y que se cansen los pocos jóvenes que quedan. “No nos vamos porque esto es nuestra vida, y antes fue la de nuestros abuelos. Es nuestro modo de vida y alimento”.

La feria de libros de la Cuesta de Moyanos no tiene miedo ni envidia a la de Recoletos. Son conscientes de que la otra feria no dura más de 17 días y sus compradores volverán. “Siempre vuelven”. Pero no entienden el dinero y las ganas que le ponen a lo nuevo cuando su feria fue la madre de la otra. “De Moyanos salen libros y libreros para la de Recoletos. Aquí estamos llueva, truene o haga cuarenta grados, y aquí nadie hace pregones para fomentar la lectura. Tendría que venir a hacerse aquí”. No dudan en defender su “tejao”. Reivindican los derechos que le conceden a la otra feria, “las bolsas nos las tenemos que comprar, en Recoletos se las regalan. A ellos los publicitan en la radio, llevan a personajes relevantes, nosotros vamos a hacer dentro de poco cien años, y no creo que se haga ninguna fiesta ni acto ni nada”.

El ayuntamiento quiere cobrar sus impuestos y punto. No nos valoran. Nos tienen como si fuéramos traperos

Pío Baroja fue uno de los primeros que apostó por esta iniciativa y ahora la están abandonando. El ayuntamiento no escucha sus súplicas ni pretender captar sus peticiones, el hecho de vender únicamente libros de todas las épocas, tamaños y colores, no les parece suficiente. “El ayuntamiento quiere cobrar sus impuestos y punto. Ellos van subastando las casetas que van quedando libres y no entienden de derechos ni tiempo. No nos valoran. Nos tienen como si fuéramos traperos", suplica uno de los libreros afectados.

“Hay compañeros que llevan 30 años pagando el alquiler a las familias de los difuntos dueños y mensualmente sus cánones, y al ayuntamiento les da igual. Ponen a los nuevos y a los de toda la vida al mismo nivel. Se venden al mejor postor”. Prefieren invertir en lo cosmopolita y nuevo, darle más importancia a la novedad que a lo tradicional, “hay lugares más nuevos en Madrid que ya son patrimonio de la humanidad”.

Tesoros

Entre sus piezas se pueden encontrar desde antiguas y auténticas sonatas de Beethoven, La Valquiria de Wagner hasta manuscritos firmados por Lorca y Alberti. “Sin recibir ninguna ayuda” recalcan una y otra vez. Fomentan, protegen y defienden, pero ya no pueden más. “Cada obra o percance lo tenemos que pagar nosotros, y teniendo a Amazon y a internet como competencia, es muy difícil ganar la batalla”.

Los libreros quieren renovarse, contratar grafiteros, conseguir un aire nuevo y continuar sorprendiendo a madrileños despistados y turistas, pero también ruegan algo de ayuda y consideración, además de permisos. Que le den a la literatura la importancia que ellos creen que merece.

Librero de Cuesta Moyanos M.I

Les encantaría parecerse al menos en la sombra a los vendedores del Sena. No envidian a París, pero sí su defensa a la cultura. “Estamos de acuerdo con tener que pagar impuestos al estar aquí, pero que nos quiten los cánones que nos están cobrando, que sea algo simbólico como allí”. Moyano ya no corresponde, y sus trabajadores lo lamentan.

“Los madrileños no son conscientes de lo que supone esta feria y lo importante que es”. Para eso resisten los libreros de Cuesta Moyanos, para recordar lo que supone y la magia de los libros en papel, cerrando los ojos frente a las graves brechas que ha dejado la crisis a su paso. “Pero aquí seguimos y seguiremos luchando y leyendo”.