A la Gran Vía levantada por obras se le ven las venas. Pitingo aparece entre el caos -y el nublao- tapándose la boca con su foulard de poeta. Hace frío y la garganta es oro. Presenta en el Philiphs su espectáculo Mestizo y Fronterizo, del 24 de mayo al 1 de julio. Mestizo, porque su madre es gitana y su padre payo. Fronterizo, porque nació en Ayamonte, y ahora le agobian los nacionalismos: "De la galaxia", dice, "yo soy de la galaxia". Pero la bandera de España que tampoco falte.

Bromea, cuenta anécdotas, fuma un cigarro y taconea igual que respira. Ya no pone la tele para saber de política, dice, sino para abrazarse a Netflix y a los dibujitos, por su hijo. Los haters les resbalan. Lo dice con los dientes blanquísimos: "¿No ves que tengo ya callos en las manos?". 

¿Tres momentos de mi vida que me hayan convertido en la persona que hoy soy? El nacimiento de mi hijo, que me hizo cambiar profesional y personalmente. Te ponen todavía más metas en la vida. Un momento importante en mi carrera y que me abrió muchas puertas fue conocer a Roger Waters, de Pink Floyd, y, por supuesto, cuando di el paso de unir la música flamenca y la música afroamericana. Ese casamiento surgió porque me fascinaba Aretha Franklin y tampoco dejé nunca de escuchar a Camarón o a Enrique Morente. Te hacía Respect por bulerías, o te metía las palmas y el What a wonderful world… La mezcla fue de forma natural, aunque sabía lo que iba a pasar con los puristas… me decían de todo, y siguen. Al principio fue heavy.

Sí, yo creo que los negros y los gitanos tienen muchas cosas en común y me di cuenta al escuchar a Aretha. Cantamos desde la pobreza, la necesidad y el sufrimiento. Yo tanto como pobreza no he vivido, he vivido muy humilde pero gracias a Dios nunca me ha faltado un plato de comida encima de mi mesa. En los gitanos de generación en generación se transmite en el cante el sufrimiento de todos los anteriores. Mis abuelos fueron gente muy pobre. Mi abuela dormía en la calle y pedía platos en la calle, sobre todo en la posguerra… gitanos y no gitanos. Todo el mundo. Pero nosotros quizá, igual que los negros y la gente afroamericana… siempre que hay razas que han pasado mucha necesidad, no sé por qué tenemos una música diferente, más desgarrada.

El fandango de nuestra tierra es como el blues: son cinco frases que cuentan historias pequeñas. Y a los negros les encanta nuestro fandango y nuestras bulerías. Pero sí. Necesidad sí he pasado, si te soy sincero, sobre todo cuando me fui a vivir con mi mujer sola. Yo he pasado platos y de todo, ¿eh? Buscándome la vida por los restaurantes cantándole a la gente que tenía dinero, a los ricos. Pa’ sacarme dos mil pesetillas. Y Lucio me ayudaba mucho entonces, me acuerdo. Siempre le preguntaba a Lucio: oye, ¿qué familias hay que tengan ahí dentro dinerillo, pa’ cantarles? Y me decía: “Ésta, ésta y ésta”. Lo hacíamos así.

Pitingo. Silvia P. Cabeza.

Si has pasado necesidades… yo creo que eres más persona. Si te ha costado llegar, y te das cuenta de que para todo hace falta constancia, está claro. Yo no hubiese sido la misma persona si no hubiese pasado por todo ese proceso: nacer en una tierra humilde, en un barrio humilde… nací en Huelva, en Ayamonte. Recuerdo mi infancia muy feliz, con mi abuela me crié, con mis primos todo el día en la calle. Con dos cartones hacíamos un juguete. Hacíamos baratillos en la calle. Puestos para vender nuestros propios juguetes. Una vida de golfillo.

Luego me vine a Madrid y estuve trabajando en el aeropuerto, sí, llevando maletas. Aquí trabajé mucho, cargué maletas, fui heladero, echaba todo el día y por las noches me iba al tablao. Prácticamente no dormía. Dormía 3 o 4 horas diarias, pero había que buscarse la vida. Desde muy jovencito me independicé. Necesitaba dinero pa’ vivir, claro. Mi primera actuación importante, importante, fue en Chicago, pero ahí fue cuando decidí dejar el aeropuerto. Dije “mira, ya no vuelvo, ya me voy a dedicar sólo a cantar”. Claro que en este país, desde las instituciones, se desprecia la cultura. Pero no queda otra que seguir pa’lante. Y ser nuestros propios empresarios. Es muy difícil, cada vez tenemos menos espacio y ayudas a los artistas, pocas. Hay que tener cuidado también con el creerse estrellita. Yo veo a los chavales empezando que van con unos aires… y pienso: “Ahorra, ahorra”. Lo digo siempre: “Hay que volar a la altura de las habas, pa’ que la hostia sea chiquitita”. Bajito, bajito.

Pitingo. Silvia P. Cabeza.

Sí que es importante el ahorro para mí. Me preguntas por lo de Pablo Iglesias y el chalé. Pues mira, cada uno que haga con su vida lo que vea. Si se lo puede comprar, que se lo compre, igual que yo haría. Si puede tener una vida mejor, que la tenga, y si un día se tiene que comprar una casa más chica, pues también, como todo el mundo. Yo ahí no me meto, porque yo no sé ni lo que es la “casta”… no tengo ni idea. Lo que sí sé es que, bueno, las personas a veces cambian. Uno dice una cosa y a lo mejor se puede arrepentir. Yo ahora casi que no pongo la tele. Pongo el Netflix y el Clan, por mi hijo, que tiene todo el día puestos los dibujos. Yo me veo un documental de Camarón o Paco de Lucía y me alegra el alma, la verdad, ahora que todo es política.

Soy mestizo, sí. Madre gitana y padre no gitano. ¿Que qué tengo de cada uno? Pues de los dos, todo mezclado. El mestizaje te hace avanzar mucho y ver las cosas de otra manera, porque ves lo bueno de un lado y lo malo también. Yo siempre digo que el libro perfecto sería uno que hablase sobre lo que sienten los mestizos. Porque le preguntan a una raza y a otra… y veo cosas en la tele que no me gustan tampoco, porque le ponen etiquetas a la gente, ¿sabes lo que te digo? Yo veo en la tele: “Una familia de gitanos” y sale una reyerta, no sé qué, o “un clan gitano se ha peleado”… yo creo que si hay una pelea o un robo no habría que nombrar que lo han hecho gitanos. Que digan “un payo roba”. Entonces todos los titulares serían así. Yo creo. Hoy en día. Y te digo que soy mestizo, que yo no estoy ni en contra de los gitanos ni de los no gitanos, yo soy pro, pro, pro… de todas las razas y todas las culturas. En el respeto está la base de la igualdad.

Yo soy hijo de guardia civil. Tengo una mezcla ahí, rara. Mi padre es guardia civil y mi madre gitana. Mi padre también fue marinero, pero de marinero se pasan muchas calamidades, estuvo a punto de ahogarse y decidió que la guardia civil era más seguro… ya te digo que hay que quitar etiquetas y cosas, yo soy una prueba de ello. ¿Que si he vivido una mirada gitanófoba? Sí, claro. Y la otra parte también. A mí de chiquitito en el colegio me hacían bullying de ese, que yo no sabía que existía esa palabra. De chico si se metían conmigo, me defendía y punto. Eso era como era. Y de mayor lo viví también. Dejé de vivirlo cuando me hice famoso, pero recuerdo muchos momentos… mi mujer tenía que bajar a pararme un taxi. O eso de no dejarme entrar a una farmacia, mucho antes de ser conocido. Pero también en la otra parte, en la parte gitana, también me han mirado raro por ser mestizo. Yo paso ya completamente del tema razas. El mensaje de este disco es este.

Dices que es una cuestión de clasismo, y creo que sí. Desde que soy famoso, me quieren coger todos los taxis, antes ni me paraban, por gitano. Mira, yo recuerdo una vez con mi primo Juan. Desde Ponzano. Yo tenía que llegar a Corazón de María, que era donde yo vivía con mi mujer. Y mi primo Juan y yo… yo con el pelo largo. Nos escondíamos uno u otro, a ver si lo paraban a él o a mí, y nada. A las 5 de la mañana. Dos gitanos andando por la calle… pues nada. A nosotros todo nos cuesta mucho. Yo creo que hay que escucharse entre culturas. Pregúntale a las gitanas por qué hacen lo del pañuelo: pues porque quieren hacerlo. Nadie las obliga. Las gitanas están encantadas con la prueba del pañuelo. Eso que se ve en la tele de nosotros es muy incierto, es una parte muy pequeñaja. Pero como todo, nos gusta sacar la mierda de las miserias de las personas. Nos encanta. Cuando veo esas cosas digo: coño, que se vengan a mi casa o a casa de mi gente, que se levantan a las siete de la mañana para trabajar, y uno es biólogo, el otro abogado, el otro no sé qué… pero eso no interesa.

Pitingo. Silvia P. Cabeza.

Me preguntas que cómo me sienta, siendo mi padre Guardia Civil, las palabras de Valtonyc o de Evaristo… ¿qué años tiene el Valtonyc? ¿Veintipocos? Pues es que con una edad uno no sabe lo que dice, uno se arrepiente o no, después… que cada uno diga lo que quiera. Yo creo que no hay que meter en la cárcel a nadie por cagarse en la policía. Si yo tengo un hijo que me sale rebelde, pues le diría: esto está muy mal dicho, pero no querría que le metieran en la cárcel por eso. Y yo he vivido con mi padre, ¿eh? En cuarteles. Y he tenido que irme del cuartel en mitad de la noche por amenazas de bomba. Eso lo he vivido yo. Es que creo que hay mucho desconocimiento en general. Uno por sí mismo tiene que saber lo que es correcto y lo que no, y eso no tiene que ver con la política ni con las leyes ni con nada: es humanidad pura. ¿Que me duele que digan que hay que matar a un guardia civil? Pues sí, me duele por mi padre, por todo lo que ha luchado. Pero no quiero que nadie entre en la cárcel por pedir eso, ¿sabes? Hay guardias civiles buenos y malos, igual que gitanos buenos y malos, igual que abogados buenos y malos. Es cuestión de piel y de corazón.

Soy fronterizo también porque soy de Ayamonte y he vivido siempre entre España y Portugal. Mi bisabuela es portuguesa. Tengo mucha familia de allí. ¿Que cuál es mi patria? El mundo. Yo soy, por supuesto, ayamontino, andaluz, español, sobre todo, y ciudadano del mundo y de la humanidad. Y después, de la galaxia. Yo estoy encantado y orgulloso de todas las culturas del mundo, pero de la que más, de la mía. A mí me encanta la bandera de España. Es maravillosa. Estoy orgulloso de ser español y respeto al que no quiera serlo, allá cada uno. Eso sí, yo no hago himnos. El único himno que hago es Estrella de Enrique Morente que es un himno a la igualdad y a que todas las guerras del mundo se acaben. Es una genialidad. Yo no soy nadie pa’ hacer el himno de España, porque no, no quiero. Ahora: claro que estoy orgulloso de ser español y de mi bandera española, orgullosísimo, porque eso no tiene nada que ver con la política. De los políticos no quiero saber nada, y eso que he cantado para todos cuando me ha hecho falta. Fiestas privadas del PP, PSOE, IU, PCE… para todos, y todos me pagaban. Y recuerdo una vez que me dijeron: ¿has cantado para tal…? Y yo le dije: sí, he cantado para todos y si tú tienes el dinero, también voy a tu casa a cantar. Nosotros comemos de eso.

Pitingo. Silvia P. Cabeza.

Me preguntas que qué pasó cuando cancelé un concierto en Barcelona en mitad del lío y se me criticó mucho… hubo una controversia grande. El señor Mainat, este, dijo en Twitter que yo había cancelado el concierto porque no había vendido entradas. Mentira. Lo cancelamos por las circunstancias que había: estábamos al lado de Plaza de Cataluña, justo el día que cantábamos era el 155 éste, que no tengo ni puñetera idea de que es eso, pero lo que sé es que al cortar la calle no podían entrar los camiones de sonido, por ejemplo, y que la gente empezó a revender las entradas por internet por miedo a no poder acceder al teatro, no porque Barcelona estuviera en guerra, ¿me entiendes? Que no la había ni la hay. Había caceroladas, calles cortadas… la gente estaba desanimada y yo quería ir en buenas condiciones, con la gente tranquila. Nadie perdió nada, a todo el mundo se le devolvió su dinero y todo bien. Total, eso: que por el 155 perdí 18.000 euros de taquilla y encima me comieron los independentistas. No lo entendí. Nadie perdió nada, sólo yo. 

Me preguntas por el machismo y el flamenco. Bueno, en los años 30-40 la cantaora más grande que tuvimos fue La Niña de los Peines. La Paquera de Jerez ya más tarde, Adela la Chaqueta… ha habido tantas. La cosa ha cambiado mucho, gracias a dios, pero el machismo no era en el flamenco, era en España. En el flamenco hay letras insensibles pero en todos los géneros también. El flamenco tiene una importancia: quien quiera saber como era la España de hace muchos años atrás, con el flamenco se entera uno de muchas cosas. Se hablaba de no tener pan, de ay, ay, ay, mi mare, se habló mucho de la posguerra, mucho de las penas y de las alegrías. En el momento en el que había una botella de vino y un trozo de pan era una fiesta y se cantaba por bulerías. La mujer ahora está más presente que nunca en el flamenco: Estrella Morente, Carmen Linares, Soleá Morente, La Macanita de Jerez… un montón de artistas gitanas y no gitanas que son espectaculares. Son muy poderosas.

Hay un público gay que me adora, y yo a ellos. Siempre he sido un gran defensor… primero porque en mi familia hay gente que es gay, primos míos gays, sobrinos, ¡mucha familia!, y yo los apoyo cien por cien, y si tengo que discutir con alguien, discuto y los defiendo. ¡Vamos! Y lo tengo en las dos partes, en la parte gitana y no gitana. Eso lo voy a defender toda mi vida, pero no te puedes ni imaginar. Que cada uno se enamore de quien le dé la gana, a mí que más me da. Como si uno quiere enamorarse de un caballo. A ver si paramos todos un poquito con el odio de redes sociales y nos dedicamos a ayudar a los demás, ¿no? Al menos un día al mes. Pero ya te digo, yo estoy en mi Netflix y mis cosas… y esos cuatro gilipollas de internet no me importan.

Pitingo. Silvia P. Cabeza.