Durante el franquismo, el ambulante Teatro Chino alegraba las fiestas de pueblos y ciudades de toda España con un cóctel de circo, teatro y variedades. Manolita Chen y su marido, el empresario chino Cheng Tse-Ping, fueron el alma de aquel espectáculo sicalíptico, donde la censura abrió una rendija a los chistes verdes y a las piernas de las vedettes.

Manuela, Manolita, Fernández Pérez nació el 11 de abril de 1927 en el Puente de Vallecas (Madrid). Hija de un agricultor emigrado y de una gallega dedicada al servicio doméstico, fue la tercera de cinco hermanos. Su padre consiguió un buen trabajo de repartidor en Gaseosas La Revoltosa, empresa de la que acabó siendo socio.

Manolita, que pasó gran parte de la guerra en el pueblo de su padre en la provincia de Cuenca, comenzó a destacar pronto por cómo cantaba, cómo tocaba los palos y, sobre todo, cómo bailaba. Con 12 años, sus padres decidieron llevarla al Conservatorio de Laura San Telmo para que recibiera formación artística.

Un cazatalentos se fijó en ella y le buscó trabajo como corista en el ballet Las Charivaris del Teatro Circo Price, entonces situado en la calle del Rey de Madrid. Aquí es donde conoce, con sólo 16 años, a Chen Tse-Ping, que ya tenía 40. Ambos forman pareja artística, con notable éxito, sobre todo por el arriesgado número del lanzamiento de cuchillos.

¿Pero qué hacía aquel chino en el Madrid de posguerra? Chen, de buena familia, se había trasladado a París en 1922 para estudiar. Aseguran que se quedó deslumbrado por la cultura francesa. Así que como en China la situación política era complicada, por las revueltas de Chiang Kai Shek, decidió instalarse en Francia, crear su propia compañía y dedicarse al espectáculo. Aquí se casó con una alemana, que le acompañaba en el número de los cuchillos, y con quien tuvo su primera hija, Lardie Chen (tras la muerte de su madre, se crió en España y con el tiempo heredaría el negocio familiar). Chen Tse-Ping se trasladó a España en 1934 y se instaló en Madrid, aunque la guerra la pasó en Portugal.

Habíamos dejado a Manolita en el Price. En 1944, la bailarina decidió casarse con su pareja artística. Para celebrar la boda, "Chepín", como ella llamaba al chino, se nacionaliza español, abraza la fe católica y se bautiza con el nombre de Jesús. Del matrimonio, nacería su única hija, Li-Mee Chen (Flor de almendro).

Siguieron trabajando juntos, aunque ella quiso dedicarse al baile y dejar el número de los cuchillos. En 1950 fundaron el Teatro Chino, el espectáculo ambulante que les haría famosos y les llevaría a constituir una compañía propia, para lo que fue imprescindible una generosa ayuda de ambas familias, la española y la china.

Los reclamos utilizados para la publicidad explican mejor que nada las atracciones: "Teatro Chino. Compañía de galas orientales. Con 50 artistas internacionales, 15 atracciones, circo y variedades, además de 20 bellísimas bailarinas". Se las arreglaban para eludir la estricta censura de la época con incipientes destapes: "¡Piernas, mujeres y cómicos para todos ustedes, simpático público!"

Era lo que en la época se conocía como el “furor sicalíptico”. Lo que podría definirse como picardía verde. Nacido del cuplé erótico y hasta con pretensiones literarias, el espectáculo sicalíptico alcanzó su esplendor con la llamada revista de variedades.

Las crisis que debió superar

En el año 1962, Manolita y Chen sufrieron una gran crisis, fruto de la competencia desleal. Habían montado el teatro en La Línea de la Concepción, cuando la autoridad les obligó a suspender las funciones. Otro teatro ambulante se había instalado allí como Teatro Chino. Chen no había registrado el nombre y el empresario valenciano Antonio Encinas se lo apropió. Así que tuvieron que cambiarle la denominación y pasaron a llamarse Teatro Chino de Manolita Chen.

A lo largo de sus cuarenta temporadas, por su carpa pasaron personajes tan pintorescos y variopintos como Rafael Farina, Marifé de Triana, Juanito Valderrama, Antoñita Moreno, Bigote Arrocet, El Fary, Arévalo, Marifé de Triana, Emilio del Moro, Florinda Chico, Fernando Esteso, las hermanas Hurtado o los hermanos Calatrava.

Otra de las crisis que sufrió la pareja de artistas y empresarios fue la provocada por el transexual que se apropió del nombre de Manolita Chen, tampoco registrado. Manuel Saborido Muñoz, que así se llamaba el artista gaditano que decidió cambiar de nombre para un espectáculo transgénero, recorrió toda España con su espectáculo y bajo el nombre usurpado. Con la confusión desatada, espoleada por la prensa del momento, se llegó a poner en duda hasta el sexo de Manolita. Un duro golpe para la familia y para el negocio, que, con la llegada de la apertura, entraba en una irremisible decadencia.

Como remate, a finales de la década de los 70, estando en Salamanca con su carpa, Manolita tiene que ser operada de urgencia de un tumor en el oído, que le produjo una parálisis facial. Se tuvo que retirar. El teatro seguiría funcionando hasta 1986, año en que se recogió la lona por última vez.

En 2012, el Teatro Chino recibió su único homenaje, un documental producido por RTVE titulado El cabaret de los pobres.

Chen Tse-Ping murió en Sevilla en 1994, a los 94 años, víctima de una subida de azúcar. Manolita decidió permanecer en la capital andaluza, donde estaba enterrado su marido. La mayor parte de estos años la pasó en una residencia de Espartinas, donde falleció de muerte natural el pasado domingo.



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Manuela Fernández Pérez nació el 11 de abril de 1927. Murió el domingo en Espartinas (Sevilla) a los 89 años.