Juan Carlos I junto a su gran amigo Manuel Piñera en una imagen de archivo.

Juan Carlos I junto a su gran amigo Manuel Piñera en una imagen de archivo. Gtres

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Manuel Piñera, el anfitrión del rey Juan Carlos en Mallorca: su historia de amor con la heredera de las destilerías DYC

Piñera es íntimo amigo del monarca desde hace décadas y, en su última visita a la isla, le prestó su domicilio para que pernoctara.

Más información: Juan Carlos I regresa a Mallorca ocho años después: una cita privada y el reencuentro con el Palacio de Marivent

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La reciente visita de Juan Carlos I (88 años) a Mallorca, después de ocho años sin pisar la isla, ha provocado todo un tsunami informativo. El motivo de este sorpresivo viaje era celebrar el cumpleaños de su amigo Miguel Arias.

El empresario cumplía 80 años y la ocasión se convirtió en la excusa perfecta para que el rey Juan Carlos volara en un avión privado hasta el aeropuerto de Son Sant Joan. La visita se desarrolló con absoluta discreción.

Ni las autoridades estaban al tanto del desplazamiento ni el Emérito viajaba con el dispositivo de seguridad que le corresponde, más allá de la escolta mínima que lo acompaña habitualmente.

Piñera, sentado al lado de la infanta Elena.

Piñera, sentado al lado de la infanta Elena. Gtres

En el recinto de Marivent se encontraban las infantas Elena (62) y Cristina (61), varios de los nietos de Juan Carlos, y las respectivas parejas de estos, además de la reina Sofía (87), quien se ha convertido en la gran guardiana de la residencia mallorquina.

No estaban en la isla la reina Letizia (53), la princesa de Asturias ni la infanta Sofía (19). El cumpleaños del propietario del restaurante Flanigan ofrecía el pretexto perfecto para que Juan Carlos se reencontrase con los suyos. Con esos amigos de siempre.

Ha habido un extremo que ha suscitado un interés exacerbado: dónde pernoctó Juan Carlos I. Circularon datos incorrectos que apuntaban a una supuesta noche de don Juan Carlos en Marivent, la residencia oficial de la Familia Real durante el verano.

Sin embargo, el Emérito no durmió allí, sino en la mansión de su gran amigo Manuel Piñera Gil-Delgado, situada en Cala d'Or, una de las zonas más exclusivas y reservadas de Mallorca.

Durante años, Piñera ha aparecido en fotografías de manera aparentemente casual junto a la infanta Elena y sus hijos, siempre con tal discreción que nunca se le identificaba como uno de los grandes amigos de don Juan Carlos.

Su presencia era constante pero silenciosa, reconocible solo para quienes conocían bien el círculo íntimo del Emérito.

Piñera, en una imagen captada en Sevilla, hace unas semanas.

Piñera, en una imagen captada en Sevilla, hace unas semanas. Gtres

Su figura, habitualmente alejada del foco mediático, ha cobrado relevancia por la combinación de dos elementos: su cercanía al rey Juan Carlos y su historia personal, ligada a una de las grandes sagas empresariales españolas, la familia García, fundadora de las destilerías DYC.

La relación entre Piñera y el padre de Felipe VI (58) se ha forjado en torno al mar, la navegación y la vida social mallorquina.

Piñera, apasionado del mundo náutico, ha compartido con Juan Carlos innumerables jornadas de navegación, encuentros privados y veranos en la isla.

Piñera forma parte, además, del reducido grupo de amigos que acuden con frecuencia a las celebraciones privadas de Juan Carlos I en Abu Dabi desde que fijó allí su residencia.

Pero la historia de Manuel Piñera no se entiende sin mencionar a María Teresa García, su esposa y heredera de una de las grandes fortunas industriales de España.

María Teresa es hija de Nicomedes García, fundador de las destilerías DYC y figura clave en la industria de bebidas espirituosas del país.

Es la heredera de una destilería ubicada en Palazuelos de Eresma, en Segovia, responsable de comercializar por primera vez DYC, el whisky elaborado en España que acabaría convirtiéndose en un referente dentro del sector de las bebidas espirituosas.

Piñera fue designado consejero delegado y logró transformar la empresa familiar en una auténtica industria de referencia. Bajo su gestión, la firma pasó de producir un millón de litros al año a alcanzar los veinte millones durante la década de los ochenta.

Su apellido está asociado a innovación, expansión empresarial y a la creación de una marca que se convirtió en símbolo de modernidad en la España de mediados del siglo XX.

La pareja se casó en la iglesia madrileña de San Jerónimo el Real, en una ceremonia que reunió todos los elementos propios de una gran celebración social.

Desde entonces han formado una familia con tres hijos -un varón y dos mujeres- que hoy están plenamente integrados en el grupo Scholtz, igual que su madre.