Georgina Rodríguez, en el 70 Festival de Cannes, el pasado mes de mayo.

Georgina Rodríguez, en el 70 Festival de Cannes, el pasado mes de mayo. GTRES

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Georgina Rodríguez, 32 años: "Mi primera nómina llegó como limpiadora en un hotel, en un pueblo lejos de mi casa"

Más allá de su vida de lujo y sus 73 millones de seguidores, estuvo la realidad: la 'influencer' desmonta el mito de su vida perfecta al recordar sus inicios.

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Mucho antes de que el mundo entero aprendiera su nombre, de que las marcas de lujo se rifaran su imagen y de que los flashes congelaran cada uno de sus pasos junto a Cristiano Ronaldo (41 años), Georgina Rodríguez (32) se ganaba la vida con una bayeta y un uniforme de hostelería.

Sí, su primer trabajo no fue ni detrás de un mostrador ni haciendo sus pinitos como influencer. En el ámbito laboral, los primeros sueldos que ingresó en su cuenta bancaria los logró gracias al sudor de su frente.

"Mi primera nómina no llegó sobre un escenario, sino trabajando como limpiadora y camarera en un hotel, en un pueblo lejos de mi casa", ha desvelado en sus declaraciones más recientes.

La confesión, directa y sin filtros, es el eje central de la extensa entrevista que protagoniza en el número de julio-agosto de Harper’s BAZAAR, donde dinamita cualquier prejuicio sobre sus orígenes.

Ella viene de donde viene. Empezó desde abajo. Y tan orgullosa.

Georgina Rodríguez, en una imagen de sus redes sociales.

Georgina Rodríguez, en una imagen de sus redes sociales. @georginagio

No hay "personaje": la mujer tras los flashes

Cierto es que aquel empleo precario estuvo lejos de su gran meta de la infancia ("soñaba con ser bailarina del Royal Ballet y algunas personas se reían de ese sueño", recuerda), pero Georgina se niega a mirar el pasado con amargura. Y sin un ápice de vergüenza.

No se le caen los anillos al rememorar cómo fueron sus primeros pasos en el mundo profesional: "Nunca lo viví como una decepción. Al contrario. Me sentía profundamente afortunada por tener una oportunidad, por aprender (...) y por descubrir el valor de ganarse las cosas con esfuerzo".

Para una mujer cuya realidad cotidiana es analizada al milímetro por 73,3 millones de seguidores, la autenticidad se ha convertido en una especie de trinchera. Rodríguez asegura que la opulencia que muestra en sus redes sociales no ha transformado, en absoluto, su esencia.

Georgina Rodríguez, en la portada de la revista Harper's BAZAAR.

Georgina Rodríguez, en la portada de la revista Harper's BAZAAR. Harper's BAZAAR.

"Nunca he sentido la necesidad de construir un personaje", reivindica en las páginas de la revista. "Quienes me conocen de cerca encuentran a la misma mujer que se muestra públicamente: alguien trabajadora, sensible, familiar, exigente consigo misma y profundamente agradecida".

Asimismo, matiza: "Protejo mi intimidad, pero no mi personalidad. La mujer que ve la gente es, en esencia, la misma que soy cuando se apagan las cámaras".

Esa personalidad, explica, se moldeó en las extenuantes jornadas de danza clásica de su niñez, donde el talento pasaba a un segundo plano si no iba acompañado de sudor: "El ballet me enseñó la constancia y la importancia de seguir trabajando incluso cuando los resultados no llegan de inmediato. Los sueños se construyen día a día".

Sus palabras bien pueden servir como un admirable ejemplo de resiliencia. Porque, si algo ha aprendido a lo largo de su periplo vital es que, da igual cómo o dónde empieces: lo verdaderamente importante es lo que vives... y cómo lo vives.

"Con los años he comprendido que ningún trabajo dignifica menos que otro y que ningún sueño se pierde por empezar de una forma distinta a la que imaginabas. A veces el destino te lleva por rutas inesperadas, pero cada experiencia tiene un propósito", dice.

Georgina Rodríguez, en sus redes sociales.

Georgina Rodríguez, en sus redes sociales. @georginagio

El peaje de la fama

Ese destino al que hace referencia, qué duda cabe, ha sido generosísimo con ella. Le ha brindado prosperidad -e, incluso, opulencia- financiera, estabilidad familiar y una vida de ensueño que no duda en prodigar en sus redes sociales.

Eso sí. No es oro todo lo que reluce. Su fama -desde hace tiempo internacional- tiene también su cara B. Georgina no oculta la cara más amarga de la hipervisibilidad mediática: la pérdida absoluta del anonimato.

"Acepto la realidad de la vida que tengo... Pero sí, de vez en cuando, echo de menos esa sensación de pasar desapercibida y disfrutar de la sencillez de ciertos momentos sin sentirme observada", confiesa.

Para sobrevivir a su propia sobreexposición y lograr aislarse del 'ruido' digital, Georgina ha aprendido a ser selectiva. Especialmente, con todo lo referente a lo que se dice sobre ella.

"Escucho las opiniones que nacen del cariño y del respeto, y dejo pasar aquellas que sólo buscan juzgar. Al final, la persona que mejor conoce tu historia eres tú misma", sentencia.

Con la madurez y el éxito más que asimilado, Georgina Rodríguez cierra su intervención con una declaración de principios que redefine su concepto de la riqueza.

"El dinero puede facilitar muchas cosas, pero para mí nunca estará por encima de la salud ni del amor. Sin esas dos cosas, es muy difícil construir cualquier proyecto o disfrutar de los logros que alcanzamos", zanja.